No te voy a extrañar…

Jamás aceptes algo inferior a tus sueños. En algún sitio y momento, algún día y de alguna manera, los encontrarás. (Danielle Steel)

Alessa me pregunta casi a diario, cuando ya faltan pocas semanas para que se vaya a Boston, si la voy a extrañar.

No le puedo mentir, y aunque ella busca ansiosa en mi mirada que le diga que sí, yo sonrío y le digo que no.

Cuando faltan pocos días para que se concrete el viaje a su futuro, decido publicar este post, y aunque seguro les parezca inusual, estoy segura que después de leerlo completo entenderán porque no la voy a extrañar.

Ale, tú te vas a Boston y yo me voy contigo.

Cumples tus sueños y me sigues regalando la ilusión de anhelos incumplidos, de fantasías postergadas y plegarias ofrecidas.

Desde siempre supiste que serías actriz y hoy te toca abocarte a ese camino, que has elegido, con toda tu energía.

Como siempre dice Edu, pocas son las personas que tienen la suerte de tener el talento y la determinación tan arraigada para cumplir con su vocación como las tienes tú, Alessa querida.

Me voy a permitir ser todo lo cursi que quiera en esta publicación que le regalo a Alessa, mi princesa maravillosa, que siempre corrió con los pies descalzos.

Desde que eras una hermosa cara gorda con chupón, nos regalabas sonrisas, bailes y alegrías.
Confundías el mundo con un show y entre cuentos inventados y coreografías imitadas ibas creciendo y haciéndote niña, adolescente y mujer.

Cuando tenías 8 años combinabas tu vida escolar con la televisión, el teatro y los shows infantiles.

Sabemos que no siempre ha sido fácil, en Lima, con tanta gente llena de prejuicios. Nos hemos reído, muchas veces, ante la gente desatinada que preguntaba si tenías que trabajar siendo tan chiquita…

Nunca has sido igual a nadie. Siempre has estado orgullosa de tener una madre soltera, dos papás, una vida de gitana y la posibilidad de codearte con gente que no sólo pertenece a un grupito social.

Siempre has sido parte de mi, pero siempre he deseado que vueles mucho más alto aunque eso signifique lejos.

Para mi que te vayas a estudiar fuera es sólo la continuación y evolución natural de tu vida.
Es tenerte en el lugar ideal. Es despertar cada mañana con la certeza que estás caminando por tus sueños. Es saber que escucharé tu voz emocionada tratando de explicar y narrar, en palabras insuficientes, todo lo que la vida te está regalando.

Cumpliendo tus anhelos, luchando por lo que quieres. Aplicando nuestra eterna filosofía de Carpe Diem.

¿Cómo te voy a extrañar?

No va a haber un segundo en mi ser que no desee que estés exactamente dónde has sabido llegar.

Me harán falta nuestras eternas charlas, tus consejos para saber que vestido me queda mejor, tus invalorables aportes a mis escritos, nuestras discusiones y pleitos sin sentido. Seguro que hasta me harán falta tu desorden y que me usurpes alguna ropita por ahí.

Dios nos regala con los hijos un amor perfecto, ese que al proclamar en alguna iglesia ni siquiera soñábamos con sentir :  el amor es paciente, no es arrogante ni egoísta, no exige… (Corintios 13 : 4 – 6)

Con nuestros hijos hacemos un curso intensivo y acelerado de amor magnífico. Un doctorado donde todo nuestro analfabetismo en esa materia se vuelve sapiencia y nos graduamos con honores al sonreír- con satisfacción- cuando ellos vuelan.

No hay que soñar la vida sino vivir los sueños.

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Hace 18 años que tengo una relación con Barney…

Hace casi 20 años que salí embarazada. Obvio, no fue planificado. Tener 19 años y un bebé en camino no es algo que esté en los planes de ninguna adolescente.

Hace exactamente un año me enteré que estaba embarazada de mi tercer hijo. Tampoco estaba planificado.

Igual que hace 20 años, la mayoría de mujeres no tenemos -como nuestra única meta de vida- casarnos, tener hijos, hornear galletas y ser felices de por vida.

Vivimos en una época en la que lo que haces equivale a lo que eres. El valor de una mujer está determinado por sus estudios y sus logros profesionales.

¿Dónde queda el rol de ser madre en nuestras aspiraciones?

¿Cuántas veces sentimos que hemos dejado de hacer una cantidad de cosas y proyectos por ser mamás?

Sí,  y sentirnos así nos genera un conflicto interno que nos llena de culpa y remordimientos.

No es socialmente aceptado confesar que, a veces, se nos hace muy pesado ser mamás porque en realidad hubiésemos deseado realizar un post grado,  aceptar un trabajo de miles de horas o dormir a pata suelta sin tener que levantarnos porque un angelito está esperando su leche o que juegues con él/ ella o ellos.

Consideré relevante tocar este tema porque sé que hay muchas mujeres que piensan y sienten lo mismo que yo.

No, definitivamente no soy una mamá Johnsons, a veces he tenido ganas de  ahorcar a mi hijo cuando no deja de llorar… por supuesto no puedo decirlo en público porque me mirarían como si fuera una madre desnaturalizada – me cuenta Sandra divertida, entendiendo y solidarizándose con mi frustración de madre nuevamente estrenada.

Por supuesto Sandra no es una madre desnaturalizada. Ama a sus dos hijos, los cuida y se dedica a ellos… pero, no por eso deja de admitir su agobio… ese que no podemos dejar de sentir cuando nos avocamos a la tarea titánica de criar hijos, atender a nuestra pareja, lucir regias, continuar con nuestro crecimiento personal y/o profesional, cuidar la casa y sobre todo, y sobre todas las cosas, seguir siendo mamás 24 / 7.

No dejamos de ser mamás ni cuando estamos de viaje en escapada romántica. Otra vez nos visita la culpa, la nostalgia y el sentimiento ambivalente de querer estar tiradas en el Caribe, pero aguaitando por un huequito lo que están haciendo nuestros hijos.

Otra vez vas a llamar a Lima???!!! – nos reprocha el marido, incapaz de entender que estamos felices pero que nuestra felicidad no está completa si no hacemos esa llamadita…

Hace 19 años que soy mamá y, por supuesto, no me arrepiento ni por un segundo. Sin embargo, tengo que admitir que muchas veces me he cuestionado como hubiese sido mi vida sin ese rol a tan temprana edad.

¿Más libre? ¿Menos predecible? ¿Con mucho más horas de sueño?

Hoy, haciendo una retrospectiva del tema no pude dejar de sonreír, en complicidad conmigo misma, cuando introduzco el CD de Barney para que León, mi hijo de pocos meses, disfrute de su Te quiero yo y tú a mi…

Hace 18 años hacía lo mismo para Alessa, pero con una cinta de VHS. El carismático dinosaurio sigue siendo un entretenimiento seguro para disfrutar en familia. Las cosas no han cambiado mucho, mis sentimientos tampoco.

 Ser madre me sigue causando sentimientos contradictorios y me atrevo a confesarlo.

Adoro a mis hijos.

Gracias a ellos soy una mucho mejor persona.

Aprendí con una terapista, y es un consejo que comparto con todas las mamás, que no es la cantidad de tiempo, si no la calidad de tiempo, lo que es importante regalarle a nuestros hijos.

Estar con ellos sintiéndonos a gusto, es una tarea en la que debemos trabajar a diario.

Entiendo perfectamente a las mamás que tienen que trabajar y se mueren por estar más tiempo con sus hijos, pero también a las que se sienten un tanto frustradas por dejar un trabajo que les encanta para sólo dedicarse a ellos.

Debemos analizar como equilibrar nuestra vida y prioridades para sentirnos plenas y así brindarles lo mejor de nosotras a nuestros hijos.

Ser mejores personas nos asegura ser mejores madres.

Es importantísimo que nuestros hijos nos admiren, y, definitivamente, para que esto suceda nos debemos sentir realizadas como mujeres. Cómodas con nosotras mismas, en equilibrio con nuestros sueños y necesidades. Sacudirnos de la frustración y el cargo de conciencia nos brindará una relación mucho más fructífera con nuestros hijos.