Alicia en el país de los casinos

La historia de Alicia es la historia de la mamá de una amiga,  la historia de una mujer, de una esposa y la de una familia. Su historia es anónima, pero tiene nombre y apellido. Su historia es única, pero representa el sufrimiento de muchas personas en nuestra sociedad.

La soledad es la nueva enfermedad del siglo XXI,  afirman algunos.

Estamos rodeados de estímulos, de gente, de tráfico, de bulla, luces y tecnología… sin embargo, ¿cuántas veces nos sentimos perdidos en medio de esta vertiginosa rueda que es la vida y que no parece detenerse a mirarnos, escucharnos y prestarnos un poco de atención?

Cuando nos sentimos solos hacemos cosas absurdas y nocivas para nuestra salud física, mental y espiritual.

Y es la soledad de Alicia la que da comienzo a esta historia que comparte con nosotros:

“Empecé a jugar para distraerme, para llenar mis días. Iba al casino aunque ni siquiera me gustaba. Lo más irónico es que al principio era yo la que les prestaba plata a mis amigas, me sentaba y miraba como jugaban…”

Jugar para distraerse. Jugar para olvidar. Jugar para llenar un vacío.

“Después empecé a ir sola, el tiempo se me pasaba volando. Me desconectaba de todo y sentía que me estaba regalando una distracción que me merecía.”

Te sientas frente a una máquina hora tras hora, día tras día, año tras año. Hipnotizada por el sonido de las moneditas, por la ilusión de ganar. Y frente a ese pasatiempo vas perdiendo tu dinero, tu identidad, tu dignidad, tu familia y tu vida.

El sistema de los casinos está diseñado para que siempre perdamos. Inclusive cuando ganamos sólo nos están dando el estimulo para seguir perdiendo.

“El ludópata NO va al casino a ganar. Cuando gana sigue jugando hasta perder y cuando pierde  sigue jugando para recuperar. Distorsionas las cosas de tal modo que pierdes la noción de todo. Se te enferma la mente y el alma.”

Los casinos son la casa del diablo… está afirmación puede parecer exagerada, pre juiciosa y cucufata. Sin embargo, cuando tomamos conciencia de cómo operan éstos y de lo que generan en sus clientes más asiduos, podemos empezar a verlos con ojos más críticos.

Los casinos te dan la bienvenida las 24 horas del día con sus luces multicolores y una gran sonrisa en la puerta.  Te invitan licor, comida y te brindan todas las comodidades para que te sientas bien y pases ahí gran parte de tu día y de tu vida.

La bienvenida a un mundo que parece de maravillas pero no lo es. En él te puedes escapar, deslumbrar y terminar perdiéndote.

Sabemos que el diablo no siempre tiene cachos y cola.

“La adicción te convierte en una persona impulsiva y agresiva. Era capaz de hacer cualquier cosa para lograr lo único que me importaba en la vida : estar en carrera. Entrar al casino era como llegar a la meta. Decía que estaba en misa, que me iba a rezar el rosario, que estaba con alguna amiga.

Descuidé a mi esposo, a mis hijos y a lo más preciado que me había regalado la vida: mi nieto. Salía del casino con el alma en el suelo y los bolsillos vacíos. Llegaba a mi casa avergonzada y me tomaba hasta 20 pastillas de clonazepam

Ya no voy a volver a jugar nunca más. Se acabó. Lo juro.

 Una fuerza maligna me arrastra al casino. Esa fuerza soy yo misma. Vuelvo a recaer. Otra mentira más que importa. Me olvido de recoger a mi nieto en el colegio, se queda llorando esperándome. Invento que me han asaltado con pistola. Digo que necesito comprar medicamentos para mi madre enferma. Vendo mi carro. Pido plata prestada. Me endeudo con Ripley una vez más.”

La ludopatía es una adicción que no tiene cura. Es algo que vivirá por siempre en la persona.

El adicto no se cura, pero sí se puede recuperar.

En Alicia, y su valioso testimonio, tenemos una prueba de eso.

“Cuando sentí que había tocado fondo porque no tenía ni un centavo, le confesé a mi esposo  que era jugadora. En 4 años había dilapidado los ahorros de 35 años de nuestra vida. Mi esposo es artista y soy yo la que manejaba la economía del hogar así que él no podía sospechar que, en esos años de inconsciencia, había conseguido dejar a mi familia en la total bancarrota. Me jugué todo nuestro dinero. Mi hija tuvo que empezar a pagar nuestras deudas y  a mantenernos. Perdí la confianza y el respeto de todos mis seres queridos. Confianza que hasta el día de hoy sigo tratando de recuperar.”

 La adicción no se cura…

La adicción siempre será una sombra en la vida de Alicia y su familia.

No puedes vivir pensando en el pasado porque te condena. No puedes vivir del futuro porque no existe. El día HOY es la meta.La meta de vivir con el espíritu renovado a pesar de los fantasmas. Vivir con la frente en alto a pesar de los errores.

“Con la ayuda de mi familia empecé a tratarme. El camino no es fácil. Me costó muchísimo tiempo y esfuerzo empezar a recuperarme y a entender lo que me había pasadoLo más difícil fue aprender a perdonarme. Lo hice cuando entendí que estaba enferma y que esa enfermedad fue la que me hizo actuar tan salvajemente.”

La ludopatía no respeta edad, clase social ni económica. Empiezas como jugando y se vuelve progresiva… si no la tratas a tiempo existen sólo tres caminos posibles:  la muerte, la cárcel o la locura.

“Aceptar lo que me sucedió me ayudó a transformarme  y en este arduo y constante camino de recuperación voy de la mano con la gente de Andenes.  Con este testimonio deseo ayudar y alertar a las personas, si lo logro aunque sea con una persona, mi objetivo está cumplido.”

“Lo que niegas te somete. Lo que aceptas te transforma” (Carl Jung)

 

 

·Sólo en Lima existen más de 60,000 máquinas tragamonedas. Cada una deja una utilidad promedio de un millón y medio de soles mensuales.

··Andenes (Centro de Recuperación) 2434975, 4458441

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2,000 visitas

Sabemos que los números son harto relativos. Y lo que puede en un contexto sonar a mucho, en otros es una minucia…

La otra vez Carla, mi amiga de toda la vida, me preguntó como me iba en mi calidad de bloggera… le dije que feliz y ella como buena publicista que es, todo lo cuantifica, y me preguntó por la cantidad de visitas que he recibido… le dije, entusiasmada, que eran 2,000. Sé que en términos masivos es bien poquito y así lo expresó un poquito su mirada.

Para mí que 2,000 personas hayan traficado por mi página, se hayan detenido a leerla y hayan dejado en ellas su huella, su estela invisible, significa un montón.

Me llena de felicidad, de motivación y de compromiso para seguir escribiendo.

Para mí escribir es vital. Es mi escape, mi desfogue, mi manera de andar más liviana por el mundo y así sentirme un poco más feliz.

Ojo que voy a redundar en el uso de la palabra feliz, y lo voy a ser de manera consciente y sin recurrir al diccionario para buscar un sinónimo que lo reemplace.

Cuando llegué a las 1,000 visitas pensé que se activaría algún botón con lucecitas de colores y pica pica celebrando mis centenares de visitas.

La verdad es que eso no sucedió, pero de alguna manera sí.

Yo me sentí tan contenta que fue como si esa celebración realmente se hubiese dado.

Tengo varios seguidores fijos. Es decir, los súper leales que reciben mis notificaciones a su correo a penas publico algo nuevo. Seguidores que desde un principio me felicitaron y me dieron ánimos para perseverar en la aventura de bloggear. También tengo visitantes recurrentes, otros eventuales y curiosos que sólo visitan rara vez.

Estoy feliz de saber que cientos de personas me han leído, que muchas han regresado, me han recomendado y se han emocionado con mis comentarios y experiencias.

La mayoría de visitas son anónimas. Nunca sabré quienes son, pero me encanta que dejen esa estela invisible que se suma a las estadísticas que me regala wordpress diariamente.

Sí, siempre reviso mis visitas. Leo los comentarios, los contesto y deseo que sean más.

Marisol, me has hecho llorar. Marisol me encanta tu blog. Marisol no dejes de escribir.

Sin embargo, debo confesar que la gente es un poco tacaña para dejar sus comentarios en público.

Entiendo que les da flojera dejar su mail, requisito de wordpress como paso preliminar para dejar un comentario.

Muchos comentarios los recibo directamente a mi mail, por FB, por teléfono o hasta en persona.

También adivino de algunas personas que me leen y nunca lo manifiestan.

En cualquiera de sus formas, todas las visitas y comentarios me hacen muy feliz.

Es cumplir exactamente con el objetivo que tengo: el de identificación y comunicación.

Escribir está bueno y es una terapia excelente que se la recomiendo a todo el mundo. Realmente aliviana el alma y aclara las ideas.

Que te lean, es aún mejor. Cierra el círculo, convierte ese monólogo personal e íntimo en un diálogo. En una mesa redonda donde expresar tus ideas tiene eco y receptividad.

Nos genera mucho mayor compromiso de escribir con sentido y responsabilidad.

Así lo hago yo, y con mucho amor, entusiasmo y dedicación.

Me esfuerzo pensando en que cada palabra sea la precisa, sabiendo que llegará a mucha gente diferente. Que a muchos les gustaré y a otros no, pero que genero una opinión.

Me leen de otros países, de sitios tan remotos como Senegal.

Han habido días que recibo más de 100 visitas y otros días flojos que sólo me leen 5.

Todo vale.

Es una plantita que va creciendo y afanosa la miro, la cuido y la cultivo para que dé frutos.

Estoy trabajando en aumentar el tráfico a mi página. Hay trucos y recomendaciones que me hacen los entendidos en la materia. El mundo digital es todo un universo y hay que entenderlo y aprender a navegar en él.

Ojalá me sigan acompañando y me regalen sus comentarios, ideas y ganas.

Y, quizás, pronto celebremos mis 10,000 visitas!!!!

Writing, to me, is simply thinking through my fingers. (Isaac Asimov)

Abrazar a tu niño interior…

Tienes que abrazar a tu niño, escucharlo, reconfortarlo y engreírlo… prestarle atención, hablarle, quererlo, entenderlo y sobretodo, nunca olvidar que existe.

Cuando somos niños vivimos pensando en qué haremos cuando seamos grandes. Anhelamos crecer y hacernos adultos porque pensamos que en ese momento se nos abrirán las puertas a la libertad.

Cuando somos adultos añoramos nuestros momentos de infancia, la vida sin complicaciones donde realmente éramos libres.

¿Estamos condenados a vivir siempre añorando lo que no somos o lo que no volveremos a ser?

Descubrí hace poco que no, que si bien crecemos cronológicamente y en muchos aspectos físicos, mentales y espirituales, podemos tener lo mejor de los dos mundos :  Ser adultos sin dejar de lado nuestro niño interior.

Hemos crecido. Hemos madurado y nos hemos convencido que ya no somos más unos niños.

La gran noticia es que no dejamos de ser niños nunca.

Nuestro niño interior habitará siempre en nosotros aunque nadie nos lo haya contado y lo tengamos un poco rezagado, reprimido u olvidado.

Tener activado nuestro lado niño no significa de ningún modo ser inmaduros o que nos neguemos a crecer y ejercer nuestras responsabilidades.

Todo lo contrario.

Mientras más conozcamos y aprendamos a vivir con ese niño, y esa parte de nuestra personalidad, nos será más fácil conducirnos de manera equilibrada y sana.

 Cuando te reencuentras con él y decides aceptarlo y enfrentarlo, es como mirarte a los ojos y ver dentro de tu alma. No es fácil; significa abrir tu libro de vida y atreverte a recorrerlo.

Esta idea la comparte conmigo mi amiga Maria Paz, quien fue la primera que me habló del niño interior, y hoy me ayuda generosamente- a través de sus comentarios- a escribir este post.

 A veces es importante pararte frente a un espejo, mirarte a los ojos y sonreír contigo misma con complicidad; no olvidar que eres única y especial en este universo.

No todo lo que veamos nos va a gustar, pero aceptarlo nos va a reconciliar con nosotros mismos y con nuestro niño interior que es una parte inherente a nosotros.

Por ejemplo, yo acepto a mi niño tímido e inseguro, ese que necesita ser querido y aceptado por los otros.

Así es mi niño, ¿cómo es el tuyo?

Ese niño hace que me pueda comportar de modo un poco arisco o que pueda reaccionar a la defensiva.

No todo lo que brilla en mí es confianza y seguridad. Existe en mí un niño introvertido, aunque pocos me creen cuando digo que soy sumamente tímida y que me cuesta relacionarme con algunas personas

Mi niño lucha por sobrevivir en este mundo y mi lado adulto le da una mano, pero eso recién lo estoy aprendiendo.

Pienso, como mencioné, que ser adultos con nuestro lado niño activado, es tener lo mejor de los dos mundos : Nuestra parte racional en control de nuestro comportamiento y decisiones, pero con una dosis de inocencia, inquietud y entusiasmo por la vida.

La formula exitosa está en la armonía que le pongamos a ambos mundos. Estos deben estar conectados, de la mano y en constante comunicación.

Es habitual, a consecuencia de la educación que hemos recibido, que critiquemos a nuestro niño interior porque consideramos que un comportamiento maduro y juicioso (lo que espera la sociedad de nosotros, los adultos) debe estar exento de arrebatos vehementes e impulsivos.

Nos reprimimos. Nos contenemos. Cosa que resulta en un acercamiento muy peligroso a frustrarnos y amargarnos.

Dejemos que nuestro niño se exprese, y que su mano guíe el ritmo de nuestra vida con comportamientos improvisados, espontáneos y desestructurados : un toque de desorden, ruído y desorganización. Demos rienda suelta a nuestra imaginación y creatividad para diseñar momentos cargados de magia,  y color.

Recuerden que la sabiduría de los hombres es locura ante Dios. Si escuchamos al niño que tenemos en el alma, nuestros ojos volverán a brillar. Si no perdemos el contacto con ese niño, no perderemos el contacto con la vida…  (Paulo Coelho)