Abrazar a tu niño interior…

Tienes que abrazar a tu niño, escucharlo, reconfortarlo y engreírlo… prestarle atención, hablarle, quererlo, entenderlo y sobretodo, nunca olvidar que existe.

Cuando somos niños vivimos pensando en qué haremos cuando seamos grandes. Anhelamos crecer y hacernos adultos porque pensamos que en ese momento se nos abrirán las puertas a la libertad.

Cuando somos adultos añoramos nuestros momentos de infancia, la vida sin complicaciones donde realmente éramos libres.

¿Estamos condenados a vivir siempre añorando lo que no somos o lo que no volveremos a ser?

Descubrí hace poco que no, que si bien crecemos cronológicamente y en muchos aspectos físicos, mentales y espirituales, podemos tener lo mejor de los dos mundos :  Ser adultos sin dejar de lado nuestro niño interior.

Hemos crecido. Hemos madurado y nos hemos convencido que ya no somos más unos niños.

La gran noticia es que no dejamos de ser niños nunca.

Nuestro niño interior habitará siempre en nosotros aunque nadie nos lo haya contado y lo tengamos un poco rezagado, reprimido u olvidado.

Tener activado nuestro lado niño no significa de ningún modo ser inmaduros o que nos neguemos a crecer y ejercer nuestras responsabilidades.

Todo lo contrario.

Mientras más conozcamos y aprendamos a vivir con ese niño, y esa parte de nuestra personalidad, nos será más fácil conducirnos de manera equilibrada y sana.

 Cuando te reencuentras con él y decides aceptarlo y enfrentarlo, es como mirarte a los ojos y ver dentro de tu alma. No es fácil; significa abrir tu libro de vida y atreverte a recorrerlo.

Esta idea la comparte conmigo mi amiga Maria Paz, quien fue la primera que me habló del niño interior, y hoy me ayuda generosamente- a través de sus comentarios- a escribir este post.

 A veces es importante pararte frente a un espejo, mirarte a los ojos y sonreír contigo misma con complicidad; no olvidar que eres única y especial en este universo.

No todo lo que veamos nos va a gustar, pero aceptarlo nos va a reconciliar con nosotros mismos y con nuestro niño interior que es una parte inherente a nosotros.

Por ejemplo, yo acepto a mi niño tímido e inseguro, ese que necesita ser querido y aceptado por los otros.

Así es mi niño, ¿cómo es el tuyo?

Ese niño hace que me pueda comportar de modo un poco arisco o que pueda reaccionar a la defensiva.

No todo lo que brilla en mí es confianza y seguridad. Existe en mí un niño introvertido, aunque pocos me creen cuando digo que soy sumamente tímida y que me cuesta relacionarme con algunas personas

Mi niño lucha por sobrevivir en este mundo y mi lado adulto le da una mano, pero eso recién lo estoy aprendiendo.

Pienso, como mencioné, que ser adultos con nuestro lado niño activado, es tener lo mejor de los dos mundos : Nuestra parte racional en control de nuestro comportamiento y decisiones, pero con una dosis de inocencia, inquietud y entusiasmo por la vida.

La formula exitosa está en la armonía que le pongamos a ambos mundos. Estos deben estar conectados, de la mano y en constante comunicación.

Es habitual, a consecuencia de la educación que hemos recibido, que critiquemos a nuestro niño interior porque consideramos que un comportamiento maduro y juicioso (lo que espera la sociedad de nosotros, los adultos) debe estar exento de arrebatos vehementes e impulsivos.

Nos reprimimos. Nos contenemos. Cosa que resulta en un acercamiento muy peligroso a frustrarnos y amargarnos.

Dejemos que nuestro niño se exprese, y que su mano guíe el ritmo de nuestra vida con comportamientos improvisados, espontáneos y desestructurados : un toque de desorden, ruído y desorganización. Demos rienda suelta a nuestra imaginación y creatividad para diseñar momentos cargados de magia,  y color.

Recuerden que la sabiduría de los hombres es locura ante Dios. Si escuchamos al niño que tenemos en el alma, nuestros ojos volverán a brillar. Si no perdemos el contacto con ese niño, no perderemos el contacto con la vida…  (Paulo Coelho)

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2 pensamientos en “Abrazar a tu niño interior…

    • que bueno Pame! no te olvides de abrazar y escuchar a tu niño… escuché la vez pasada que NADA es tan poderoso como el deseo de un niño ( y ese niño puede ser el que llevamos dentro)

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