Amo hacer siesta

Me parece de lejos el sueñito más rico y reparador.

Como de contrabando y un tantito prohibido… las horas productivas que le robo al día.

Ese placer que sigue siendo culposo y me llena de energía y buen humor. Me aclara las ideas y me hace amar un día nublado.

Unas vacaciones, para mí, no son completas si no las corono con siestas deliciosas. De hecho han dado pie a discusiones eternas con Edu que prefiere sacarle el jugo al día, al destino y al viajecito.

Nada más rico que convencerlo de tirarnos panza arriba después de un almuerzo con vinito incluido. A veces lo logro y estoy segura que lo disfruta tanto como yo.

Pero, claro, cuando se trata del ocio a casi todos nos remuerde un poquito la conciencia.

Ojo, tampoco se trata de abusar de la siesta y usarla todos los días. Lo rico, justamente, recala en su exclusividad de días festivos, momentos con exceso de stress, días tristones, lluviosos o desvelo de la noche anterior.

Esa pausa, excepcional, durante un día cualquiera para remolonear en la cama y despertar medio turbada con la babita chorreada… no tiene precio.

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2 pensamientos en “Amo hacer siesta

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