Toma las tradiciones y decóralas a tu manera

-¿Qué es un rito?- dijo el principito

-Es algo también ya muy olvidado – dijo el zorro. Es algo que hace que un día sea diferente de los demás, y una hora de las otras.  (de El Principito de Antoine de Saint-Exupéry)

Los ritos, tradiciones o costumbres son aquellas cosas que hacemos con mucho amor y convicción y pueden darle distinto color y sabor a nuestra vida. Un toque diferencial y nuestro sello a esas cosas sencillas que hemos heredado de nuestra cultura o familia. Pensando en eso hoy comparto con ustedes una costumbre difundida, sobre todo, en Argentina y Uruguay y que mi suegro compartió conmigo hace varios meses y desde que lo hizo me quedé con muchas ganas de ponerla en práctica.

La tradición de comer ñoquis los días 29 nace en Italia y la acompaña un ritual de poner un billete debajo del plato para generar prosperidad y bienestar en los comensales. Este pensamiento de “magia contagiosa” fue lo que me encantó y me pareció la excusa perfecta para convertir un  simple martes 29 en un almuerzo con gente querida y  de esta forma juntar nuestras vibras y buenos deseos.

Cuenta la leyenda que esta tradición se originó en el norte de Italia donde San Pantaleón peregrinaba curando gente y un día fue recibido en la mesa de una familia veneciana. Estos, a pesar de su extrema pobreza,  compartieron con él su único plato y el santo los bendijo con mucha bonanza y prosperidad. La tradición de los ñoquis del 29 se relaciona no sólo con los milagros de San Pantaleón sino con el bajo costo de la preparación de los ñoquis, haciéndolos ideales cuando se llega con las justas a fin de mes.

La verdad, como sucede con todas las tradiciones, uno puede creer o no creer. Uno puede escucharla y olvidarla o hacerla suya y compartirla. Tomar una parte o toda completa. Mantenerse escéptico o rendirse a lo lúdico de la historia y así romper con la monotonía de un día cualquiera.

Para mi resulta en felicidad compartir este martes 29  la mesa donde mi Tía Tessy, hacer un brindis certero y desear con un billete de Santa Rosa debajo de un delicioso plato de ñoquis que la suerte y la prosperidad nos colme. Salud!

“Toma las tradiciones y decóralas a tu manera”

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Vulnerable yo

No me muestro tal como soy. Muchas veces mido mis palabras. Antes de hacer una invitación ideo una estrategia para no recibir un no como respuesta. Puedo sonreír a medias, ponerme seria y tratar de buscar la expresión adecuada. Me meto las manos al bolsillo  y miro al piso buscando un lugar seguro. Carraspeo. Juego con mi pelo. Me paro chueco tratando – sin éxito- de encontrar mi espacio en el mundo.

Entro a esa fiesta, estoy en tacos altos, camino derecha y siento un reflector que me alumbra cuando todos me miran. ¿En realidad me queda lindo el vestido?. Me siguen mirando y no encuentro respuestas en tantos pares de ojos.

Sí, esa chica enfundada en su vestido negro no se siente tan segura, ni tan linda, ni tan querida.

Esa chica rubia con el pelo recién planchado soy yo y tiene ganas de llorar cuando con la copa en la mano y varios sorbitos inútiles de champagne no sabe a dónde mirar o a quién saludar.

Ahorita mientras escribo me palpita un poquito más rápido el corazón. Dudo y vuelvo al teclado mientras pienso si realmente quiero publicar lo que estoy escribiendo. No estoy segura si me van a leer y cuanto les va a gustar  o interesar mi relato de hoy. De todas maneras decido que sí, que les quiero regalar mi vulnerabilidad como parte de mi crecimiento en esta vida. Intuyo que si tú me estás leyendo también te late el corazón un poco más de prisa cuando mandas ansioso ese mail y no te contestan. No te contestan y después cuando lo hacen no  te responden exactamente lo que quieres escuchar, leer o saber. Y te sientes inmensamente vulnerable casi sin entender por qué. Sientes que te has expuesto demasiado con esa propuesta, invitación o idea “descabellada”. Te sientes descubierto en tus dudas, miedos y volteas a otro lado o respondes con fingida indiferencia que no te importa.

Le tenemos pavor a sentirnos vulnerables frente a los ojos de los demás y los propios. Hacemos casi cualquier cosa para presentarnos fuertes, fríos e invulnerables.

“Para que exista verdadera conexión con los demás tenemos que dejarnos ver tal como somos, debe haber vulnerabilidad” explica Brené Brown en El Poder de la Vulnerabilidad, magistral charla que se las recomiendo y que me hace replantearme cómo quiero presentarme frente al mundo. http://www.ted.com/talks/lang/eng/brene_brown_on_vulnerability.html

Tapamos eso que no consideramos “cool” y que nos hace imperfectos. Olvidamos que justamente en esa imperfección es que radica nuestro verdadero encanto.

Lo sabemos y lo olvidamos. Pretendemos ser. Queremos agradar. Ser de cierto modo. Pertenecer.

Escondemos el puchero para sacar una fortaleza que en realidad no tenemos y nadie nos está exigiendo.

“Lo que nos hace vulnerables, nos hace hermosos”

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Hermanos del alma

La semana pasada mientras deshacía una maleta para hacer otra, mientras trataba de organizarme y sentía un poco de agobio y cansancio al terminar mi día, recibí un regalo.  Ese regalo llegó justo en el momento que lo necesitaba, cada palabra que leí me hizo mucho sentido. Cada oración, cada frase me hizo bien. Este texto es el que hoy comparto con ustedes y junto a él les presento a Carla, la autora de este hermoso homenaje a sus hermanos del alma.

Atahualpa  Yupanqui dice “Un amigo es uno mismo en otro cuero” 

La  palabra amigo para mí tiene nombres y apellidos, rostros, corazones y, sobre todo, lugares comunes donde siempre puedo llegar y sentirme cómoda.

Uso la s, hablo en plural, tengo la suerte de decir que son varios.

Tener un buen amigo es suficiente, tener varios es el privilegio que hoy quiero compartir.

Cuando nombro a alguno de ellos me siento orgullosa, aparece un brillo en mi mirada del purito orgullo. Cuento sus logros, me ufano de sus éxitos y sí, los siento así, como si fueran míos.

El éxito de mis amigos es mío. Ese éxito que trasciende lo material y lo profesional y que los hace exitosos de verdad porque se atrevieron a un poquito más que los demás.

Hablo de ellos y se me hincha el pecho como a un pavo.  Le encuentro sentido a la vida y soy un poquito más feliz. Sí, aunque a algunos les pueda sonar exagerado es así como me siento.

La abuela nos decía : Sólo la familia estará contigo en las malas. No confíes en nadie ciegamente (excepto en la familia, por supuesto)

Para mí los amigos son la familia que yo escogí. Los que encontré en mi camino y adopté para siempre.

 Los amigos son hermanos de alma, no de sangre y, para mí, eso es mucho mas importante.

Con errores y aciertos. Con fallas y diferencias. Con los que me puedo pelear y reconciliar. Tengo grandes amigos a los que les fallé y, también, otros que me fallaron, pero juntos escogimos darnos una segunda oportunidad y, así, seguimos caminando juntos como hermanos de verdad.

Esos hermanos del alma, que son mis amigos, me pueden regalar luz en el día más negro de mi vida. Me hacen sonreír cuando perdí el norte, la brujula o simplemente cuando a la sonrisa le cuesta salir. Ellos me devuelven el aire cuando me falta y con un apretón de mano me acarician el corazón cuando aprieta. Ellos me cargan si me desmorono porque me duele el alma o tome mucho. Me escuchan y no me preguntan porqué lo hice. No me dan la razón cuando no la tengo. Me dan la contra y también todas las razones para seguir siendo yo.

Ellos me han escuchado infinitas horas repetir lo mismo y repetir lo mismo. Y aunque esas horas se hayan convertido en años y yo siga con el mismo rollo, ellos siguen ahí, al pie del cañon, esperando una llamada mía a cualquier hora del día para salir corriendo a mi encuentro, abrazarme, reír y bailar hasta el amanecer.

Hoy no es el dia del amigo , pero ando orgullosísima leyendo solmanía, el blog de una de mis mejores amigas. Me hace sentir ese orgullo del que les hable, decir que ella es mi amiga me hace sentir bien con la vida.

Esa vieja frase: “Dime con quien andas y te dire quien eres” me encanta. Acepto que me metan al mismo costal con ellos, mis hermanos del alma.

Ellos tienen las mismas características que yo ando buscando en la vida : son personas divertidas, intensas,  locas y equivocadas. No buscan ser ejemplares ni perfectos , se buscan a ellos mismos y dar lo mejor de sí. Son bondadosos, desprendidos y están mucho más allá de lo que les pueda brindar el dinero.

Hoy, a mis 39 años, me paro a observar lo que voy cosechando y sonrío satisfecha con los amigos que aprendí a sembrar.

Seré infidente al confesar lo bien que me hizo ver a un gran amigo. Pondré tu nombre porque para mí tú no eres sólo el cantante que todos admiran, para mí tú eres  el extraordinario ser humano que muchos reconocen y, sobre todo, un maravilloso amigo, Pedro querido.

“Gracias por tu mail Carlita.  espero haberte ayudado como dices con nuestro encuentro. Hay una edad en la que ya NO haces amigos, es decir gente como Roberto, Marisol, Vanessa y yo, aparecimos en épocas de formación. luego de viejos ya es difícil confiar en los demás  por eso el alivio de ver gente de confianza.” 

Tus sabias palabras las llevo conmigo y me hacen reafirmar y pisar más fuerte en mi relación con mis hermanos del alma.

No es necesario estar en el día a día de un gran amigo, hay tiempos de silencio, tiempos de distancia. Para mí, el gran secreto para cualquier relación es no invadir, respetar los espacios y cuidar de no desgastar ese tiempo precioso en el que se comparte juntos.

No he mencionado los nombres de todos los amigos en los que he venido pensando mientras escribo estas líneas pues ellos saben quienes son.

Ellos  hacen que me sienta orgullosa de sus acciones, son los que hacen de éste un mundo mejor, son los que luchan por su libertad y por encontrarse, son los que no le hacen daño a nadie y somos los que venimos juntos desde la otra vida.

Gracias amores, gracias amigos por existir!

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