Las Mujeres de mi Vida

Empiezo este post con mucha ilusión y ganas de brindarle, de una forma simbólica, un homenaje a todas esas mujeres que viven en mí. Todas aquellas que pasaron por mi lado y, como una suave brisa, dejaron su aliento arrullando mi oído. Las de paso suave, mirada segura y palabras precisas. Las preocupadas, bondadosas y siempre dispuestas. Las alocadas, esas que adoro, y desde niña miro pasar por la vida como una ráfaga de aire fresco. Las que no se preocupan tanto, se desentienden rápido y todo se lo toman un poquito más cool.

Las que con paso ligero dejaron huellas imborrables. Las que no duraron tanto, pero duran para siempre. Las que volvieron y en esa amistad eterna nos reencontramos para bromear y reír con ganas como si quinto grado estuviera a la vuelta de la esquina.

Las nuevas, esas mujeres que Dios me va poniendo en mi camino y con ellas aprendo un poco más de esta vida.

A todas esas mujeres hermosas no les pongo nombre porque tengo la ilusión que encuentren el suyo en la línea que escribo pensando en su rostro. En su rostro, su sonrisa y en las múltiples miradas que nos hemos regalado. Miradas llenas de ternura, de comprensión y de eterna complicidad por algún amor del pasado. Miradas, a veces, enfrascadas en alguna pelea o rivalidad por sobresalir más que la otra. Miradas con desconfianza, con perspicacia y midiendo la fuerza y el territorio de la que tenemos en frente. Porque sí, así somos las mujeres, jodidas, desconfiadas, tercas y terriblemente territoriales

Mis mujeres de siempre, las que me quieren, me critican, me miran y me juzgan. Las que me admiran, me alaban y siempre me hacen sentir con brillo. Las que me llaman por teléfono e insisten si no les contesto esa llamada. Las cariñosas, melosas y súper apasionadas por esta vida.

Las que me hablan y me dicen todo y las que en silencio me dicen mucho.

Las que de tanto ser mujer son un poco brujas, algo hechiceras y persiguen con fe ciega su intuición. Esas mujeres que confían mucho en la vida, pero al ratito ya no tanto porque viven haciendo equilibrio, como yo, entre la expectativa y la esperanza. Y menciono esto porque la otra vez una mujer, de esas que uno calla para escuchar, me regaló algo que me hizo mucho sentido y deseo compartir con ustedes : la distinción y diferencia entre expectativa y esperanza.  Ambas vienen de esperar, sin embargo en la expectativa uno espera desde el debería ser “El mundo me debe siempre”. En la esperanza aparece la promesa, “El mundo me da” y está presente la gratitud y el mirar lo que nos pasa como aprendizaje.

Yo también vivo esperando que pasen cosas y que me pasen cosas. También espero que nada cambie y todo siga igualito. Así somos de erráticas, cambiantes y confusas.

Ahorita, mientras escribo, empiezo a entender que el verdadero y gran cambio sólo viene de mí misma y en esa transformación que ando buscando sólo quiero encontrarme a mí misma. En este proceso aprendo a valorar muchas cosas de mi vida y aparecen- todas ustedes- mujeres lindas que caminan por mi vida a distintos ritmos y a distintas horas. Ustedes que me leen y me regalan sus comentarios llenos de amor y generosidad, que me alientan a seguir escribiendo. Que me alientan a seguir. Que me aconsejan, me callan, me corrigen, me enseñan y me dan el ejemplo.

A esas mujeres valientes que encuentro en mi día a día y que, a pesar de sus pérdidas o abandonos, siguen de pie con la resiliencia del bambú. Que saben sonreír desde el fondo del alma, que siempre tienen tiempo para el cafecito, la charla profunda o el comentario bobo.

Para las que me enseñaron a chatear, a usar el FB, las que me convencieron de tener mi blog. Las que siempre están fashion, con las uñas azules y la última trencita de moda en el pelo. Esas que tienen el último look, pero el corazón clásico y renacentista. Las ideas de vanguardia, pero los sentimientos chapados a la antigua.

Las cursis, románticas y a las que les encanta sufrir por amor o por la vida misma. Las que escriben poemas, aman el cine y buscan el amor perfecto.

Las ingeniosas, creativas y “recurseras”. Las sabias, las que dan consejos de oro y recetas caseras.

Las superadas, guerreras, madres solteras, amantes, desorientadas, amas de casa desesperadas. Triunfadoras, exitosas, grandes profesionales que dejan a los hombres sin aliento y sin palabra.

Para esas mujeres de mi familia que me enseñaron a leer y enamorarme de la lectura.  Hacer de un libro de cabecera mi mejor almohada contra todos los insomnios. Las que me pedían que les contará cuentos en la playa y me vaticinaron escritora.

Las que me acogieron, vieron llorar y romper espejos para disimular mi corazón cuarteado.

A todas esas mujeres que habitan mi vida les doy un abrazo virtual y las invito desde la esperanza a contemplar un atardecer cualquiera y en él ver el sol, las nubes y todos sus sueños empezando a cobrar forma.

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24 pensamientos en “Las Mujeres de mi Vida

  1. Me parese increible la manera y las adjetivaciones que has usado para descrivirnos. Tu refleccion propia me hiso darme cuenta de varias cosas que me cegaban anteriormente.
    Imprecionada!
    Excelente post Tiaa! ❤️❤️❤️❤️
    Pd: estoy en iphone y no tengo
    Como poner tildes😋😋

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