39

39 no es un número redondo, pero pronto lo va a ser, en dos meses y un día para ser más precisa.

¿Qué cómo me siento al respecto?

Expectante. Feliz. Ilusionada. Orgullosa.

Hace años que escucho que los 40 es la mejor edad de la mujer. En la que alcanza su plenitud y se replantea su existencia. La edad donde encuentra el equilibrio perfecto.¿Será?

La verdad, no sé como será, sin embargo lo cierto es que este número nos tiene inquietas a más de una. En la mujer -esta edad- trae mucha leyenda y expectativas. Se dice que empezamos la segunda adolescencia, que nuestra sexualidad se potencia en plenitud y placer, que somos jóvenes y maduras a la vez.

Se han escrito canciones inspiradas en dicha década. Pasaré a ser, dentro de muy poco, una señora de cuatro décadas. Y eso empieza a sonar contundente, grave e irrevocable.

No sé si será coincidencia o que mi reloj biológico empieza a hacer de las suyas, pero hace unos días descubrí mi primera cana. Un pelito blanco más grueso de lo normal que se quería camuflar con mis reflejos dorados, perdido entre mis mechas, encaletado con mi rubia iluminación.

La descubrí a mitad de un semáforo. Suele ser mi espejo retrovisor un tanto despiadado y bastante elocuente para mostrarme lo que no necesariamente quiero ver. Me arranqué la cana aunque he escuchado que al hacerlo ellas se multiplican y crecen con más ganas. La posé en mi mano y le tomé una foto con mi celular para mandar la evidencia a mi esposo e hijas.

Canas. Pelo blanco, incoloro, despigmentado que se asoma infiltrado en mi cabellera. Y no es lo único que se empieza a infiltrar o a colar… están los rollitos imposiblesdebajar, las arrugas que yo llamo con cariño líneas de expresión. Están las dudas, la incertidumbre. Los deseos postergados que empiezan a pasar factura, a tocar la puerta con insistencia. A señalar que el paso del tiempo y los años en el calendario ya nos son tan remotos : están ahí, voy a cumplir 40.

¿La mejor edad? ¿La mejor edad para qué?

Para continuar, para empezar, para seguir. Amando, intentando, desafiando.

Para detener, rechazar, postergar. Las dudas, las quejas y la pereza.

Para cosechar, sembrar y ayudar. Los sueños, la esperanza y la vida misma.

Puedo elegir como combinar las palabras y cómo las voy a ordenar. Veo un mundo de posibilidades y los ingredientes que le pongo yo.

No sé si son los 40, pero todo esto que siento y les cuento me está pasando en la puerta de entrada de esta cuarta década. En la puerta de esta “morada” que habitaré por 10 años y en este umbral donde me empiezo a despedir de mis 30.

Mis 30s que me trajeron a mi último hijo, mis años más difíciles y felices de matrimonio. Mi reencuentro con la mayor pasión de mi vida : la escritura. Dos hijas adolescentes que son mi orgullo constante. Mi más reciente aventura transitando en la vida del coaching.

Amor, pasión, coraje, tener miedo, preocupación y mil dudas existenciales. Sabiduría y errores a cantidades. Ganas de tirarme a llorar sin ningún motivo o por todos los motivos del mundo. A veces no sé, a veces no sabemos, pero aquí seguimos mujeres de mi vida, mujeres de mi generación.

Aquí sigo con mis ganas renovadas, sacándole lustre a esta vida mía. Haciéndolo lo mejor que puedo.

Así me empiezo a despedir de los 30, así empiezo a habitar los 40.

Mujer, esposa, hija, madre, aprendiz, amiga. En todos mis roles me siento totalmente imperfecta y totalmente capaz. Ese es el reto, aquí empezando los 40.

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