Un día ordinariamente feliz

Hoy no ha sido un día extraordinario con algún suceso que marque para anotar.

Mi día  comenzó antes de las 7 am con un stereo de alarmas sonando a mi alrededor. El sonido exagerado y continúo del despertador de Isa que dormía conmigo reemplazando a Edu -que andaba de viaje- me hacía flotar entre la realidad y el sueño.

Cuando Isa se despidió para irse al cole continúe con el placer que me dan esos minutos extras antes de amanecer.

Antes de las 8 entró León con picardía a aguaitar a su mamá. Con besos múltiples, me terminó de despertar.

Después de llevarlo a su nido me encontré para desayunar con mi amiga del alma. Café con suficiente inspiración para continuar saboreando un día encantador.

Siguió recoger a León, dejarlo en la casa y almuercito en el Hotel B con un amigo con el que se puede conversar de la vida y hacer un balance de ella.

Un día, como empecé narrando, de una apacible cotidianeidad, de colores tenues y aroma refrescante.

Luego siguió mi tarde y, sentada en una mesa alta, este post que ahora comparto empezó a tomar forma. Ocurrió minutos antes de empezar una sesión de coaching y sorbiendo una taza de manzanilla comprendí, por ninguna razón en especial, que estaba siendo plenamente feliz. Absolutamente feliz en un día de sencillez absoluta.

Decidí compartir mi sentir y no sé si antes o después encontré como regalo estas palabras de Osho que enmarcan, resumen y terminan de delinear esta idea.

 La vida consiste de cosas pequeñas, pero si podéis aportar la cualidad de la alegría a las cosas pequeñas es tremendo. Así que no esperéis que suceda algo grande. Las cosas grandes acontecen, no es que no sucedan, pero no esperéis a que eso grande tenga lugar. Sucede solo cuando empezáis a vivir las cosas pequeñas, corrientes y cotidianas con una mente nueva, con una nueva frescura, vitalidad, entusiasmo.

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El vuelo de la libélula

La libélula, en casi todas partes del mundo, simboliza el cambio en la perspectiva de la autorrealización, y el  cambio tiene su origen en la madurez mental y emocional y la comprensión del significado más profundo de la vida. 

En un foro de mujeres, en ese espacio donde nos permitimos que salga toda esa magia que tenemos las de mi género. Esos instantes donde nos permitimos combinar sabiduría y ternura, intuición y experiencia, miradas y escucha. Voz y silencio.

En ese espacio me tocó compartir un tema personal y decidí hacerlo utilizando el simbolismo de la libélula.

¿Por qué la libélula?

Tan sencillo como contarles que estaba impreso en la tela de un vestido verde que compré. Me pareció oportuno buscar el significado espiritual de este bello insecto que trasmite fragilidad, pero que representa valentía y fuerza. También se le atribuye felicidad y sabiduría. El paralelismo con mi tema estaba ahí, era claro y evidente para mi.

El vestido indicado para pararme frente a mis compañeras. El símbolo perfecto para describir este vuelo que empiezo a emprender. Además, el color verde es el que este año me sigue, persigue y se me viene pegando con avidez. El color del chakra del corazón, con ese que me identifico y quiero andar de la mano.

Mi tema personal también era mi tema profesional. Podría haber elegido uno u otro, pero en este momento de mi vida siento que los dos se dan la mano, se acompañan y se miran a los ojos. Yo estoy al medio, como partida en dos. Yo estoy al medio, en realidad, no partida en dos, si no en un no saber como equilibrar esos dos mundos.

En el feedback que recibí, la mirada de las chicas me regaló una invitación a disfrutar más el vuelo, a ir más despacio, pasito a paso. Fluir, conversar, escuchar. Pedir ayuda. Acompañar y dejarme acompañar. Soltar la anticipación de lo que ni siquiera sé si va a pasar.

Así, voy sintiendo que nadie me exige ser una súper mujer, que darle tiempo al tiempo me puede no sólo dar el equilibrio que busco, sino también la calidad que tanto me importa. Calidad de tiempo. Calidad de vida para disfrutar de estas enormes posibilidades que la vida me regala.

Posibilidades que a mis 40 años me permiten re comenzar una vida profesional, perseverar con ahínco en la escritura. Re encontrarme con mi pareja desde otro espacio. Acompañarlo en sus nuevos retos con paciencia, amor y comprensión. Seguir siendo para mis hijas luz e inspiración. Renovar para León todos los días mi entusiasmo y ganas de ser su mamita shunka.

Vivir el día a día. Seguir conectándome con las cosas que tanto me importan y apasionan.

La Libélula es el guardián de los sueños, el conocedor interior que ve todo nuestro potencial verdadero. La Libélula tira fuera las ilusiones que nos dicen que no podemos alcanzar nuestros sueños y metas, que no somos valiosos o capaces cuando en realidad es nuestro verdadero poder crear cualquier cosa que elijamos.