Hoy elijo ser un poquito más libre

Es el último domingo del año. El día está gris, el sol no se asoma.

No tenemos playa todavía, el día más nublado que de costumbre no pinta como el más lindo. Sin ningún plan en especial para un día como hoy, yo elijo felicidad, amor y libertad.

Me pongo un vestido diferente a los que uso ordinariamente (tal vez no es el más apropiado para mi edad- dirían por ahí), los zapatos no combinan del todo, agarro mi pelo en una cola porque no está en su mejor día y aun así me siento linda. La más linda.

Elijo un plan distinto para hoy. Elijo salir sola con mi hija del medio. Mi hija del medio que podría sufrir un poquito del complejo del sándwich y trato que no vaya a suceder así. Un rato a solas nos vendrá bien, acepta de inmediato y Edu quedarse con León.

Mi plan me suena perfecto, algo de shoping y probar un nuevo sitio de sushi que recomienda Isabella.

Me siento feliz y aunque podría parecer un tema poco relevante para publicar en mi blog, yo decido compartirlo y les trataré de explicar el porqué. Este día domingo decidí elegir en lo simple, en lo cotidiano y un tanto gris ser absolutamente feliz.

Esa decisión me hace sentir libre, mucho más libre que ayer- por ejemplo- que con un día soleado me dejé enredar y enmarañar la cabeza en pensamientos y humores extraños. Hoy, con ingredientes parecidos, decido que quiero ser feliz. Sí, la felicidad es una decisión que podemos tomar todos los días.

Siento con toda la certeza del mundo que esa decisión yo la tomé un poco antes del medio día. Mientras reviso mis correos, leo poesía, algo de literatura erótica y León juega a que toca el piano de la casa, yo voy decidiendo, casi sin darme cuenta, tener un día simple y feliz. Así de simple.

Eso me hace feliz, me hace sentir libre y me hace mucho sentido comprobar que todos los días podemos elegir entre el miedo y el amor. Esos sentimientos pilares y motores de nuestro existir que nos permiten escondernos o lanzarnos al mundo. Que nos invitan a rechazar o a abrazar la vida. Que nos predisponen a cerrarnos o a abrirnos con ganas. Que nos hacen elegir desconfiar o confiar con todo nuestro ser.

Hoy elijo amor y eso me hace sentir un poquito más libre.

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Mi espíritu navideño

No soy el grinch ni mucho menos, pero no tengo un árbol de Navidad en mi casa, ni mil lucecitas de colores. Mi baño de visitas no tiene una toalla con motivos navideños y, en general, no tengo toda la decoración que anuncia desde el 1º de diciembre : Navidad!!! La verdad no sé porqué ya que, si de el ejemplo se aprende, la casa de mi mami siempre ha sido un ejemplo de decoración navideña.

Me imagino que lo que predomina en mi ser por estas fechas son los sentimientos encontrados. Esos que dan vueltas y son tradición en mi familia.

Mezcla de nostalgia y melancolía.

Felicidad con chispitas de tristeza.

La tristeza con una sonrisa.

Así vienen cargados nuestros ánimos, es inevitable. Lo llevamos en la piel, se huele en el aire y todas las luces de colores y el olor a panetón no terminan de camuflar nuestros sentimientos.

Intuyo que el sentimiento puede ser universal y no sólo de mi familia. Nos encontramos y desencontramos.

¿Cuál es realmente para mi  el espíritu navideño o ese que tiene que ver con que se acerca el fin de año?

Celebración y reflexión, esa es mi invitación y lo que me propongo hacer.

Me encanta celebrar, por supuesto que sí, y este año viene PapaNoel porque no me quiero perder la cara de ilusión de León. Adhiero a las múltiples formas que tienen estas fechas de fin de año, pero siento que también es válido y necesario ir más al fondo y aprovechar este espacio de regocijo para hacer una pausa y pensar.

Parar y pensar.

¿Qué tal si empezamos a declarar amor no sólo con regalos, si no con todo nuestro ser? Abrazar con más ganas, decir esos te quieros que a veces nos reservamos para “ocasiones muy especiales”.

Lo escribo y me propongo hacerlo porque no siempre lo hago. No siempre lo hago.

En este mes cargado de emotividad es posible que la gente los necesite más que nunca.

Tal vez con una simple nota, un brindis, una sonrisa desde el alma. El whatsapp y el Facebook también sirven si de propósito amoroso se trata. Simplemente acoger con el corazón y algún gesto a todos los que lo necesitan.

Este año, además de todos los ritos que hago con mi familia, voy a incorporar el te reconozco y te regalo como una manera de decirle a los que me importan lo hermoso que veo en ellos y lo que siento podría hacerlos mejores.

Esta es mi forma de ir declarando y proclamando que se acerca Navidad y fin de año.

María Sol

Me iban a llamar María Soledad, pero mi abuela materna que era supersticiosa e intuitiva dijo que no, que si así me llamaban me iba a quedar sola toda la vida.

Ahora con el coaching aprendo que el lenguaje no es inocente y esa anécdota quedó grabada en el fondo de mi alma : quedarme sola

Mi mamá me cuenta que entonces decidió llamarme María Sol porque nací un día de enero de sol reluciente, eso también tiene un peso y una enorme luz en mi vida : brillar en vez de quedarme sola.

“Estar solitario es la ausencia del otro. Soledad es la presencia de uno mismo.”

Ayer saqué la carta de Soledad de Osho y me conmoví, me acordé de mi abuela, de mi nombre cambiado y de mi relación con la soledad.

Es verdad que muchas veces me siento sola, pero también es verdad que añoro soledad y la puedo disfrutar mucho cuando no esta marcada por el estigma de la ausencia.

Que distinto es poder disfrutar de un día a solas conmigo y regocijarme de mi presencia a caer en la melancolía de sentirme abandonada en la ausencia del otro.

Me empiezo a reconciliar también con eso en mi vida. A acordarme de una niña que podía jugar en solitario y disfrutar de la vida a un ritmo sin compañía.

Después, inevitablemente, llegó el ruido, el abrirme como una flor para el otro y recordar que no quería quedarme sola. La compañía del otro para no estar sola, para no sentirme sola.

Me imagino que eso ya pasó y que voy encontrando mi propio ritmo y que puedo brillar estando sola y que me puedo sentir muy solitaria estando acompañada.

Sigo regulando mi ser, buscando mi centro a mis 40 años.

“La soledad es una presencia desbordante. Estás tan lleno de presencia que puedes llenar todo el Universo con ella…”

SOL 3