La única manera de no quebrarme es siendo flexible…

Igual que un bambú. Pensando en la resiliencia de esa planta fuerte, el guadal que una vez pinté atraída por su colorido, su estilo y aparente altivez.

Mostrarme fuerte. Resistir. Ser valiente con los ojos cerrados. Lanzarme al vacío casi sin darme cuenta. Tomar una decisión empujada por una situación o forzar una situación para tomar esa decisión al fin.

Confiar en el futuro. Mirar a mi pasado aunque viva el presente.

Eso que pasó me sirve para reafirmar mi valía. Que pude ser madre sin seguro ni garantías. Que puedo decir la verdad aunque con ese puño de palabras me dañe a mi misma. Que puedo ocultar esa verdad. Transformar una mentira. Disfrazar mis sentimientos. Expresar lo que siento. Calcular que la sinceridad no siempre es bien recibida.

Romper un compromiso. Hacer añicos una ilusión que en realidad sólo es mía.

Y aún siento que no he aprendido, que vivir conforme a esta sociedad aun me pasa grandes facturas. Me tambaleo en unos zapatos que no término de domar. Paso el examen. Miro de frente y aún me cuesta.

Me cuesta y sigo.

Cuesta arriba, sin mirar abajo para no sucumbir al vértigo que no le tengo a la altura, pero si al camino empinado, lleno de piedras, a veces preciosas, a veces tan grises.

Me paro en mitad del camino. Alguien me empuja para arriba. Soy yo misma o un puñado de manos que me tienden la mano. No lo olvido.

Continúo y entiendo que lo que me mantiene en pie es mi flexibilidad. Adaptarme al clima. Aguantar el golpe. Retroceder un poco. Sortear cada dificultad con la mejor cara que puedo. Ocultar el puchero o mostrarlo de frente. Te guste o no.

Les guste o no.

Le pido a la guerrera que baje la guardia y aprendo que mis armas ahora pueden ser otras e igual las mismas. Ganas, amor, compromiso. Lealtad, vida. Supervivencia al fin y al cabo.

Sigo llena de miedos, me falta ganarle a la confianza esa apuesta infinita.

Tomo un poco de aire. Aprendo a respirar. Aprendo del silencio, de la impecabilidad de las palabras. No me tomo nada tan personal. Intento no suponer. Le hago caso a mi intuición y me sigo repitiendo que si vale la pena hacer el máximo esfuerzo.

Sí vale la pena.

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Año de La Cabra de Madera

Se va el caballo y viene la cabra. Sin tanta expectativa, con paso cauto y yo sin mucha inspiración para empezar a anotar algo que pueda inspirar a los demás.

Recuerdo el año pasado mi expectativa por el comienzo del año chino. Sentía que el caballo traía un ritmo apresurado, realicé todos los rituales. Comí mandarinas, escribí mis deseos y los guardé en sobre rojo. Sentí que le daba la bienvenida con mucha ilusión al comienzo del nuevo ciclo lunar.

El caballo se traía lo suyo, y sí que lo trajo.

Por lo general al caballo se le considera un animal bello, lleno de brío y fuerza. El 2014 tuvo una energía especial y llena de fuerza para mi. A la cabra le siento otra energía y no termino de descifrar lo que se vaticina para este nuevo año del calendario chino que empieza el 19 de febrero.

Siendo uno de los años lunares chinos que más tarde empieza, ya puede uno imaginarse que a la Cabra de Madera le gusta tomarse las cosas con calma y a su ritmo, y esto de alguna forma debería notarse durante el año 2015, 

En general, los años de la cabra no tienen porque ser menos intensos que los de su amigo el caballo, pero así como este es el signo más Yang (creativo, activo) del Horóscopo Chino, la cabra es el más Yin (receptivo, pasivo), y esto hace que todo ocurra de una forma más sutil y mediante el adaptarse y amoldarse unas cosas a otras, en vez de mediante iniciativas drásticas e impetuosas.

Más calma, más sosiego. No muchos cambios abruptos, saber esperar y en ese ritmo saber disfrutar. Es lo que puedo escuchar que trae este año según las predicciones que termino de leer, trato de editar, incorporar y apuntar.

No me lo tomo al pie de la letra, pero me encanta tener algo que interpretar y que me aporte entusiasmo renovado para seguir con este año que recién empieza!

El año del caballo estuvo muy bien y trajo mucho ímpetu en mi vida. Ahora, sí así tiene que ser, acojo la calma de la cabra. La sutileza que impone su ritmo,  esa forma tal vez más suave y menos arrebatada.

La cabra de madera es el símbolo de maternidad y es uno de los animales sagrados. Es la imagen de la dulzura, la alegría y la curiosidad. Seguramente viviremos mucho arte, comida innovadora, música realmente novedosa, y con seguridad seremos testigos de muchas alegrías, inclusive para los signos que no se llevan tan bien con la cabra.

Igual que al año pasado tengo la intención de disfrutar con algunos rituales que aquí comparto para los supersticiosos y entusiastas como yo : poner nuestros deseos en sobres rojos, tener muchas flores para abrir caminos, tener naranjas y limones para desintoxicar y limpiar. Lindo, simple y pienso que hacerlo en familia o rodeados de amigos sólo nos puede aportar buena vibra y un momento de compartir y felicidad.

Ningún año es mejor que el año de la cabra para sembrar la semilla de los sueños en el suelo profundo y nutrirlos con amoroso cuidado.

Ahí voy con el año de la cabra y con lo que su ritmo y energía nos quiera aportar!

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