Hace 21 años

Hace 21 años nació Alessa y hasta ahora no sé cómo tuve las agallas para que eso sucediera. Así, sin pensarlo y sopesarlo del todo. Llegó.

No voy a contar la historia, pero si recordar lo que sentí y como decidí elegir con valentía el amor frente al miedo.

Me permití elegir y no dudar un solo instante darle vida a la compañera de mi vida.

Esa compañera que todos los días tiene una palabra bonita para mi. Que a la distancia y desde el fondo de su corazón me sonríe con todas sus ganas. La que me reconoce, me premia y me aplaude por atreverme a ser su mami, hace 21 años.

Esa mujer hermosa que ha dejado muchas veces de ir a sus reus para sentarse al lado derecho de mi cama y agarrarme la mano para conversar hasta agotar los temas. La que me levanta el ánimo, me parcha el corazón cuando lo presiente averiado, entiende mis silencios y mis palabras entreveradas.

La niña que hace unos cuántos años me miraba sin entender del todo la certeza de nuestro futuro, pero con sus ojitos llenos de bondad y paciencia confía eternamente en mi.

Esa mirada, Alessa de mi vida, es la que construye como arte de magia nuestro mundo, la que derriba todos los fantasmas y nos hace invencibles frente a todo.

Al darte la vida, tú me la diste a mi como te lo he contado muchas veces.

Le diste forma a mis sueños, acurrucaste mis pesadillas e hiciste de esta mujer vulnerable una guerrera valiente.

Ahora que cantamos canciones, escribimos poesía, nos tomamos capuchinos y tratamos de adivinar el futuro pienso que no pudo haber nada más perfecto que tú llegarás a mi mundo.

Gracias por darme la mano, por correr conmigo sin zapatos, por pintar mis días de tantos colores y por adivinar desde el cielo que alguien aquí en la tierra te necesitaba.

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Ser mamá

Mi Isabella me dijo hace unos años : Mami, tú haces un montón de cosas, pero lo que haces mejor de todo es ser mamá.

Me lo dijo seria y concisa como sabe ser ella, y yo leí en sus palabras intención de que concentrara mis esfuerzos en eso que ella con sabiduría y precisión me señalaba como lo más importante.

No siempre con éxito, pero intento hacerlo : Ser mamá por sobre toda las cosas.

Mamá imperfecta, mamá con ganas de hacer otras muchas cosas, mamá con ganas de tomarme una licencia, mamá floja, mamá controladora, mamá cómplice, mamá bruja, mamá cariñosa. Mamá prudente. Mamá metiche. Mamá entregada.

Mamá como voy aprendiendo a ser en el camino.

Con mis dudas y certezas, con mis ganas y desgano.

Hace 21 años que soy mamá y en muchos momentos recurro a la paciencia de mis hijos y a la sabiduría de mis ancestros para seguir haciéndolo más o menos bien.

Me equivoco, acierto, corrijo, sigo y mis hijos son el examen que paso con nota alta todos los días.

A ellos les dedico este post, también a mi madre que es ejemplo de perseverante cariño y constante apoyo. De ella aprendo a diario sobre lealtad e incondicionalidad.

Este post también va para todas esas madres a las que admiro por sacarse la mugre por sus hijos, por ponerlos primero y postergarse un poco. De ellas aprendo mucho.

Para todas las madres solteras.

Para esas mujeres que, aunque biológicamente no son madres, Dios las regaló con un instinto maternal maravilloso y saben serlo en todo momento.

Para las cancheras y relajadas. Esas que son muy mamá sin dejar de ser cool.

Para las obsesivas, comprometidas y re contra minuciosas.

Para esas madres que uno ve a sus hijos y quisiera clonarlos.

Mi aplauso para todas las que saben cumplir su rol de ser ese ángel que Dios mando a la tierra y acompañamos a nuestros hijos a veces con paso firme y otras dando tumbos, pero siendo madres por sobre todas las cosas.

Mi certeza de hoy

Hoy es una de esas mañanas que me levanto con la absoluta certeza que estoy donde tengo que estar.

Exactamente.

Ni un milímetro más, ni uno menos. Ni un segundo antes, ni uno después.

Exactamente aquí, desperezándome en mi cama blanca minutos antes de que mi despertador suene, con una certeza que me hace bien.

Esos triunfos esquivos. Eso que no logré. Lo que tanto quería. Muchos sin sabores.

Mis deseos cumplidos, las ganas acumuladas.

Esos que todavía no se cumplen. Los que se irán cumpliendo y los que no.

Los besos repartidos. Los abrazos a medias. Los rotos y los enteros. Los fuertes.

Todo lo que me pasó era lo que me tenía que pasar.

Las lágrimas vertidas. Las que callo y aprietan.

El sabor de cada evento. Tantas miradas y cada persona con las que me topo a diario.

Eso es exactamente lo que me tiene que pasar.

Saberlo hoy, el regalo de despertar -por ninguna razón en especial- con esa certeza que me hace buscar mi cuaderno rojo para anotar, pasar en limpio y compartir con ustedes… me llena de paz y agradecimiento. Eso.