El poder que le doy a los otros

El poder que yo le doy a los otros es mi entera responsabilidad. Es como si vertiera un polvito mágico sobre ciertas situaciones o algunas personas y su relevancia e importancia se intensificara. Es como si yo ingiriera una pastilla de chiquitolina y me redujera a mi mínima expresión. Me quedo desarmada. Mi poder lo entrego, ya no me pertenece.

Mi día, mi sonrisa, mi felicidad, mi vida entera parecen depender de un sólo hecho o una sola persona y yo quedo atollada en arenas movedizas, sin poder accionar.

Paralizada.

“La expectativa es la raíz de todos los dolores de corazón”

Las cosas me afectan en la medida que yo dejo que me afecten.

¿Cuánto poder le estoy dando al otro?

Se me aparece Isa : Madre, otra vez esperando mucho de los demás.

Se me aparece Edu : Bebé, aflojá… por qué te afecta tanto?

Todos hacen lo mejor que pueden. No te lo tomes personal.

No te tomes nada personal es uno de los cuatro acuerdos que tengo tatuado en algún lugar de mi mente. Un lugar -a veces- remoto que intento visitar cuando me empiezo a frustrar.

Y yo, que pretendo saber de emociones, me digo que si me frustro es porque intento, intento y vuelvo a intentar. Con más o menos éxito, pero no deja de ser un esfuerzo el querer, desear o imaginar que los otros van a corresponder como yo espero que lo hagan. Que las cosas van a salir como planifiqué que salgan.

¿Cuántas veces nos quedamos pegados a un hecho negativo o enganchados a personas con comportamientos tóxicos sin poder accionar?

¿Está en nuestras manos cambiar el dial o estamos esperando que el otro lo cambie?

En esta analogía  ilustro nuestro poder de acción frente al del otro : ¿Yo tengo el control o se lo doy a otros?

¿Dejo que las acciones de los demás afecten mi vida? ¿Dejo que una palabra de más o una de menos nuble mi día?

¿De verdad le estoy dando ese poder a los otros?

El tono de voz, el ánimo en la mirada, el sub texto de las palabras, la intención y el ritmo nos constituyen cuando inter actuámos con el otro. En todo eso yo tengo el poder como emisario. Yo pongo el color y melodía. El receptor pone lo suyo y sobre eso no puedo pretender tener el poder ni el control.

Es claro que puedo influenciar y afectar y es ahí donde debo poner el foco y mi energía. En lo que estoy dando y no en lo que estoy esperando recibir.

Yo soy la responsable de mis actos. Sólo sobre ese accionar tengo poder.

La idea es tener la perspectiva clara para no confundir los hechos que nos suceden con las expectativas que tenemos de ellos.

La realidad se estrella con esa fantasía que creamos en nuestra cabeza. El color no es exactamente como lo imaginé.

Sólo mi propia realidad puede ser pintada del tono que se me antoje y más me guste. El color del exterior ya está determinado, lo contagio, lo tiño y así me fundo en un mundo que me gusta más.

Me aparto, me corro y, así, también ejerzo mi derecho y mi poder.

“Todo empieza y termina en nuestra mente. A lo que le das poder, tiene poder sobre ti”

a5661c69209db9442d7b35f860bb2a4a

Anuncios

3 pensamientos en “El poder que le doy a los otros

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s