Lo que mi mamá me enseñó…

Hacer el bien sin mirar a quien o hacer sentir bien sin mirar a quien.

Hace unos días re comencé con mucha ilusión una aventura que durará 14 años.

León comenzó el colegio de grandes y yo lo veo tan chiquito yendo a ese tremendo local.

Me sigue sorprendiendo el colegio donde también han estudiado mis otras dos hijas.

Siempre me siento bien ahí, soy fan de ese cole y su filosofía. Me encanta, me siento totalmente identificada con su visión.

La semana pasada, en una reunión que tuvimos de orientación, me refrescaron lo que ya he vivido con mis hijas. El espacio físico del colegio ha cambiado. Ahora es más grande, colorido y lleno de juegos y luz. El espíritu se mantiene intacto.

Que suerte tiene León!

Una de las cosas en las que hicieron hincapié es en la política para invitar a los cumpleaños : si vamos a invitar a una fiesta se mandan invitaciones para todos o no se manda ninguna.

Parece lógico, sin embargo no lo es para todo el mundo y esa es una de las razones por las que hacen énfasis en el tema.

Hacer sentir bien a los demás.

Saber que tu compañerito está invitado y tú no, saber que muchos y casi todos están incluidos y tú no : duele! Si tienes 3 años o muchos años más, igual hiere.

Digamos que el cole se toma el trabajo de exigir algo que debería partir de casa. Pues detrás de ese “exigir” está el sentido de empatía que debemos inculcar a nuestros hijos desde bien chiquitos. No siempre cala y queda en todos como costumbre.

Una vez que salimos del cole, algunos simplemente se lo olvidan para siempre.

Entre los 4 y los 5 años el niño está centrado en sus deseos y necesidades inmediatas y quiere hacer lo que le viene en gana sin reflexionar ni ser consciente de lo que puede molestar a los otros.

Muchas veces podemos pensar e inclusive hemos comentado que los niños pueden ser crueles. Lo que de verdad busca su comportamiento “perverso” es auto afirmación : demostrarse a sí mismos que pueden controlar las situaciones y las relaciones con los demás.

Y esto explica que sienta placer al comprobar que él también tiene poder para frustrar.

La clave para evitarlo está en sentar buenas bases desde la cuna. Sin embargo, a menudo nos preocupamos mucho por la enseñanza de los conocimientos y obviamos la educación personal o el desarrollo de la inteligencia emocional tan fundamental para afrontar la vida adulta con éxito.

Un niño de pocos años puede sentir placer al poder frustrar a los demás y se le debe corregir y enseñar con el ejemplo.

Un adulto sin capacidad de empatía o de ponerse en los zapatos del otro demuestra que está centrado en sí mismo y en satisfacer sus propios deseos. No se preocupa por lo que los otros puedan estar sintiendo.

¿Será que esto que hago le duele al otro?

Este post se lo dedico a mi hija mayor quien tiene una enorme empatía y capacidad de ponerse en el lugar del otro. Nos enseña a menudo con su ejemplo y generosidad lo que bien nos enseñó mi abuela materna : hacer siempre el bien sin mirar a quien!

La neurociencia demuestra que el elemento esencial en el aprendizaje es la emoción

AUTOCONOCIMIENTO INTEGRAL

El investigador en neurociencia Francisco Mora asegura que el elemento esencial en el proceso de aprendizaje es la emoción porque sólo se puede aprender aquello que se ama, aquello que le dice algo nuevo a la persona, que significa algo, que sobresale del entorno en Neuroeducación, el libro que acaba de publicar en Alianza Editorial.

Sin emoción no hay curiosidad, no hay atención, no hay aprendizaje, no hay memoria. Neuroeducación

La alegría como base del aprendizaje

El científico señala que “los niños hoy aprenden, desde muy pronto, conceptos abstractos en habitaciones con ventanales sin mucha luz o luz artificial, con el rigor y la seriedad de maestros que se aleja de aquel “juego” primitivo que generaba aprender y memorizar de lo sensorial directo, “con alegría”, base de la atención y el despertar de la curiosidad”.

Entender esto hoy en su raíz y desde la perspectiva de cómo funciona el…

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