No tengo tiempo ni para respirar…

Somos nuestras declaraciones. El lenguaje no es inocente.

Estas dos frases las aprendí e incorporé en mi vida gracias al coaching. Las uso mucho y me parecen súper acertadas.

¿Cuánto prestamos atención a lo que decimos?

Palabras y frases que se nos escapan, que soltamos “casi” sin darnos cuenta. Declaraciones que traemos y llevamos pegadas a nuestro ser.

Lo que decimos nos define y nos presenta al mundo.

No puedo. Yo ni muerta. No hay forma.

¿Repetimos eso a menudo? ¿Qué tan conscientes somos que esa declaración nos puede estar cerrando puertas?

Lo repetimos, lo hacemos parte de nosotros y lo empezamos a creer y trasmitir.

Esa fuerza tienen nuestras declaraciones.

El no tengo tiempo ni para respirar, es un clásico.

Claro, muchos dirán que es en sentido figurado, que no es literal, porque el respirar lo damos por default.

¿Cuánto respiramos en automático y cuánto con verdadera consciencia?

Yo sigo, a veces, con la tara de amanecer con la angustia pegada en mi pecho. El otro día, que tomé consciencia de eso, decidí probar con respiraciones conscientes para ir alejando a ese fantasma que a veces me visita sin invitación.

Resultó! Inhalé y exhalé a mi ritmo. Al ritmo que estaban necesitando mis palpitaciones. Con toda la intención de llevar aire renovado a mis pulmones. Me hablé con amor y me dije que todo estaba absolutamente bien.

Funcionó! Pude conciliar el sueño y regalarme unas horas más de sueño.

¿Cuánto estamos usando nuestra respiración a nuestro favor?

Cuando estamos angustiados, cuando tenemos prisa y cuando sentimos que nos ahogamos. Respirar con tiempo : una práctica sencilla que nos puede liberar y quitar grandes pesos de encima.

…cuando exhales, siente que estás volcando tu amor en la existencia; cuando inhales, siente que la existencia está volcando su amor en ti. Y pronto descubrirás que la cualidad de tu respiración está cambiando; empezará a ser algo completamente distinto de todo lo que has conocido. No sólo respiración, no sólo es oxígeno. Hay algo más: la vida misma. (Osho)

Pensemos dos veces (y respiremos tres) antes de declarar que no tenemos tiempo ni para respirar.

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Alimentación Consciente

A mi me gustan las curvas. Será porque de adolescente era bastante flaca y más de una vez me gritaron por ahí : oye flaca, ponle una papa más al caldo.

La flacura extrema no me parece saludable, atractiva y mucho menos sexy.

Sin embargo, entre gustos y colores…

La clave, más allá de gustos o modas, está en sentirnos cómodas con nuestro cuerpo. Quererlo y aceptarlo. Eso se siente y se trasmite. Nos planta en el mundo como mujeres más seguras y atractivas.

Amar nuestro cuerpo. Aprender a conocerlo para tratarlo adecuadamente. Para darle lo que necesita y le hace bien.

Las dietas, ese régimen alimenticio al que casi todas nos hemos sometido alguna vez, nos llenan de stress y no son sostenibles en ningún caso.

Someter a nuestro cuerpo a una alimentación en la que no necesariamente creemos sólo nos llenará de frustración y angustia. Seguir instrucciones dictadas por algún buen nutricionista, por internet o por alguna amiga nos puede hacer perder kilos, pero el chip en nuestra cabeza seguirá siendo el mismo.

“Para cambiar tu cuerpo primero debes cambiar tu mente”

La diferencia puede ser abismal y sostenible cuando empezamos a escuchar a nuestro cuerpo.

Hábitos alimenticios saludables versus dieta estricta.

Los hábitos se crean poco a poco en base a tener consciencia e interés.

Prestar atención a esas pequeñas señales que nos manda nuestro cuerpo.

¿qué me pide mi cuerpo hoy?

En mi caso descubrí que mucho dulce ya no me cae bien. Ingerir carbohidratos en la noche, tampoco.

Grasas buenas como la palta, aceite de oliva y frutos secos operan de maravilla en mi cuerpo y sé con sustento científico que las mujeres necesitamos más de esta grasa. Nos aportan agilidad mental, nos hacen lucir más saludables, mantener un cutis más lozano y un cabello más fuerte y brillante.

¿Qué te hace a ti sentir bien y con energía?

Existen, además, hábitos saludables (mindfulness eating) que pueden acompañar nuestra rutina alimenticia :

-Tomar consciencia –prestar atención- de los nutrientes y vitaminas que vamos a ingerir hacen que nuestro cuerpo los asimile mucho mejor.

– Comer a un ritmo moderado nos permite el disfrute y crear la sensación de saciedad más eficientemente.

– Saborear cada bocado nos permite estar conectados con todos nuestros sentidos (olor, color, sabor y textura de todo lo que ingerimos) y hacer de ese momento algo mucho más rico y especial.

La idea, más allá de modas o kilos, es sentirnos cómodas con nuestro cuerpo y hacer de la alimentación nuestra aliada para lograr ese maravilloso balance entre cuerpo y mente.

Lo que he aprendido de los hombres

En mi experiencia pueden ser mucho más tiernos que las mujeres.

Frágiles, inseguros y bastante vulnerables.

Condescendientes.

Los puedes ganar con un abrazo y perder para siempre con lágrimas y pataletas.

A los hombres que me cruzo a diario les cuesta sostener la mirada, pero cuando lo hacen, lo hacen para siempre.

Son reservados, pero sinceros.

De pocas palabras.

A un hombre lo puedes dejar fácilmente sin aliento.

Niños eternos.

Juguetones y divertidos.

Los hombres que he conocido no se toman tan en serio y cuando lo hacen ni siquiera es tan en serio.

Nada más delatador y obvio que la mirada de un hombre enamorado.

Los hombres que he conocido pueden ser materialistas, pero, hasta en eso, de una forma más simple y honesta que las mujeres.

Los hombres dudan poco.

Las mujeres siempre dudamos.

Los hombres siguen probando.

Las mujeres seguimos dudando.

Los abrazos más tiernos los he recibido de hombres distantes.

De hombres fuertes.

Las palabras más suaves de hombres duros.

La mirada más tierna de algún hombre mundano.

La naturaleza del hombre es dar, proteger y cuidar.

El hombre pasa rápido la página.

La mujer repite y repite el mismo libro.

El hombre busca. La mujer espera.

Los hombres se escapan, huyen y se escabullen.

Las mujeres casi siempre nos quedamos.

Las mujeres somos intensas.

Los hombres no tanto.

El hombre suelta. La mujer retiene.

A los hombres les gusta lo simple y cuando nos aman se dejan complicar la existencia.

A los hombres les gusta tener el control, pero que nosotras tomemos las decisiones trascendentales de la vida.

Nosotras lo imaginamos, ellos lo hacen posible.

Los hombres son directos, pero se dejan enredar fácilmente.

Lo que he aprendido con los hombres es a ir despacio, tener paciencia y no ser del todo condescendiente.

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