Gracias

Este último post del año es sólo para agradecer.

Cierro los ojos, escucho el mar y sólo puedo agradecer.

Por todos los besos de León, las palabras de Ale y la compañía de Isa.

Por el amor incondicional de Eduardo.

Por mi pasión, mis ganas y siempre querer un poquito más.

Por el año que avanzó con paso lento y ritmo incierto.

Por todas esas cosas que no se terminaron de concretar.

Por la incertidumbre, las dudas y los momentos de desconcierto.

Por la certeza, la perseverancia y mi fe que es el bastión que me sostiene.

Por todos los 28s, los martes y los viernes.

Porque sigo siendo una tremenda supersticiosa, súper creyente y total convencida que todo lo que nos pasa siempre es para mejor.

Por los malos ratos, las malas caras y los tragos amargos. Esos que no acertaba a pasar, ni asimilar, pero que los aprendí a tragar a punta de ponerle mucha luz y amor.

Luz y amor. Lo siento, perdóname, gracias, te amo. H´oponopono. Mis mantras time. Mis objetivos a 21 días. Todo lo que me ayuda a encontrar mi equilibrio y vivir más centrada.

Mis momentos de calma, de angustia, de miedo.

Otra vez calma.

Respirar, aceptar, aprender.

Seguir aprendiendo.

Decantar. Este año decidí tomarlo con más calma.

Mucha pausa. Observar.

Tomarme el tiempo.

Agradezco por la oportunidad de poder ir sin prisa. De no deberle nada a nadie.

Poder equivocarme. Simplemente no hacer nada.

Eso también está bien. No hacer nada.

Los viajes. Mi familia. Mi hogar. Volverme un poquito más creativa en la cocina.

El color. La pintura. Mi tiempo para crear, pintar. Terapia total.

Escribir, seguir escribiendo.

Agradezco también por mis errores, excesos y exabruptos.

Por mirarlos y en algunos casos aprender de ellos.

Por mis ganas de aprender y querer ser mejor persona.

Por mi rabia, tristeza, desorden y calamidad.

Por la salud, la fuerza y la belleza.

Mi pasión, mi fuerza y más ganas.

Por mis horas de sueño, por el despertador a las 6y37 con snooze. Por poder regresar casi siempre a la cama varios minutos más.

Por seguir dudando.

Agradezco este año que se va con paso tenue, aroma a almendras, muchos cafés y conversaciones espectaculares.

Más risas que llantos. Mucho más ganas que desidia.

Amor. Compasión. Aceptación.

Quiero agradecer a todas las personas que este año han tocado de alguna manera mi vida.

Con alguna palabra o momento. Con alguna enseñanza. Por inspirarme aunque tal vez ni lo sospechen. Por ayudarme un poquito a cumplir mis sueños. Por estar ahí o no estar tanto como quisiera.

Por quererme. Por no quererme tanto.

Por dejarse querer. Por decirme cosas lindas. Por mirarme y hacerme sentir que esto vale la pena.

Por tomarse el tiempo de leer esto y tal vez en alguna línea reconocer que algo de lo que escribo va para ti.

 

GRACIAS 2015, espero el 2016 llena de esperanza y fe.

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Intensamente yo

No, yo no me sé tomar las cosas a la ligera. Ni las cosas, ni a las personas, ni las relaciones.

Tampoco las situaciones, los comentarios, alguna tarea a la que me aboco y mucho menos aquello con lo que me comprometo.

No sé hacerlo.

Nunca he sido de relaciones fugaces, palabras para agradar, besos a medias ni promesas porque sí.

No sé de amores de una noche, polvos vacíos, ni risas sin compromiso.

No sé dosificarme, me doy a borbotones y me cuesta no recibir lo mismo.

Pienso que sería más fácil poder ser más liviana, mucho más ligera y dejar la intensidad para cuando alguien me la pida o la situación lo amerite.

La verdad que trato porque muchas veces me duele sentir con intensidad, involucrarme con más ganas de lo que toca o darme así tan de lleno.

No termino de encontrar la manera de graduarme. Parece que mi termostato vino fallado y a veces se sube la temperatura sin querer.

Da, da hasta que duela.

Ese lo tengo anotado como uno de mis lemas de cabecera.

La otra vez lo analizaba y lo cuestionaba : ¿quiero seguir siendo así?

Sentir menos. Tomarme las cosas a la ligera. Soltar. Que me resbale. Que me importe un bledo. Pasar la página rápidito. Next. Ya fue. Que más da. Total. A otra cosa.

No, esa no soy.

Entiendo que no tengo mucha opción. Soy como soy y parte de mi esencia viene cargada de intensidad.

Aceptar que soy así me empieza a reconciliar con mi parte intensa.

Darse por completo muchas veces duele, pero esa entrega también es rica y nos llena de satisfacción. Está comprobado que es mucho más feliz el que da que el que recibe.

“Dar hasta que duela y cuando duela dar todavía más”

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“Dar hasta que duela y cuando duela dar todavía más”