Todo aquello que sucede cuando me acepto

Si quiero construir una casa empiezo por los cimientos como el árbol que mientras más fuertes son sus raíces más alto y erguido crece.

Lo mismo sucede con nuestras relaciones.

Empezamos con nosotros, con la relación que tenemos con nosotros mismos, para después poder construir una relación con los demás.

Mirar en lo profundo de nuestro interior (auto conocimiento /auto conciencia) mirarnos en un espejo gigante y así encontrarnos con nuestra propia imagen. Completa y nítidamente.

Pareciera que lo hiciéramos todos los días.

Efectivamente nos paramos frente a un espejo y nos miramos, pero cuánto nos miramos de verdad?

Realmente nos miramos? Nos analizamos? Nos conocemos?

¿Estamos dispuestos a usar el espejo de aumento para mirar esa espinilla en el alma que nos incomoda un tanto?

No estoy tan segura que realmente lo hagamos.

Yo trato y fallo. Siempre hay un punto ciego de esa imagen que se proyecta en mi propio espejo.

Hago el ejercicio de mirarme con lupa. Pero evidentemente algo no estoy mirando.

Maria Laura (mi ex psicoanalista) me decía que todos tenemos un punto ciego.

Ese espejo retrovisor que me está fallando puede hacer que mi visión de mi misma y del mundo este algo distorsionada.

Los espejos laterales a veces me juegan una mala pasada.

 ¿Qué no estoy viendo?

Eso que no veo me pasa una factura en mi relación con los demás.

Entonces sigo chambeando en la relación conmigo misma.

Amarme. Valorarme. Aceptarme.

En paralelo construyo la relación con los demás.

Amar. Valorar. Aceptar.

“Chambear la relación con uno mismo es complejo y es una tarea diaria. Chambear la relación con el otro también”

Las dos van de la mano.

Me acepto para aceptar al otro.

Puede ser que ahí este mi talón de Aquiles.

“Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma” (Carl Jung)

Trabajar en la aceptación completa y total de mi ser puede ser la cerecita que le falta a la torta para lograr ese romance eterno conmigo misma (y con los demás).

arbol