Acerca de solmanía

Una mujer que para algunos puede ser dulce, pero para otros no tanto. Complicada, impredecible y muy predecible. Sensible y guerrera. Buena pero despiadada. Apasionada, madre, amante, poeta, publicista, decoradora, desordenada, leal, guerrera, femenina y bastante machista.

Luz y sombra

“La depresión es iniciada por el alma para obligarnos a confrontar y resolver nuestros conflictos internos que nos impiden experimentar el amor universal. La alquimia del alma nos exige que transformemos la energía de tristeza en amor y luz.”

A más grande la luz, más grande la sombra.

Esta afirmación puede referirse estrictamente a una cuestión física que todos hemos comprobado en algún día de mucho sol o cuando una luz se proyecta de forma potente.

Sin embargo esta afirmación también es inherente al ser humano y nuestro ontología.

Somos luz y sombra.

Tenemos un lado oscuro y un lado luminoso y mientras más grande sea nuestra luz también lo será nuestra sombra.

Dualidad.

El problema es cuando esa sombra nos asusta o no la aceptamos y terminamos escondiéndola o reprimiéndola.

Es absolutamente cierto que mientras más abiertos y receptivos estemos también estamos más expuestos, más vulnerables a ser heridos.

Mientras más nos mostremos, más nos verán y no siempre estamos preparados para esa mirada del mundo.

Una mirada que muchas veces nos puede parecer indolente y poco compasiva.

¿Qué tan preparada me siento para brillar y mostrarme tal como soy?

Mejor me escondo y así no me expongo. Mejor me protejo y vivo en la cautela de la sombra. En el medio, para no llegar a los extremos. Decido ser tibia para encajar mejor en una sociedad que puede condenar lo frío y al mismo tiempo el calor. Que condena lo distinto y lo que puede perturbar lo establecido como apropiado y normal.

Sin embargo…

¿Quién soy yo para no ser brillante?

¿Quién soy yo para no resaltar?

Este post va dedicado a todos los seres humanos que nos exponemos a diario mostrando nuestra luz potente. Que nos atrevemos a ser distintos y a veces un tanto extravagantes.

Este post va para todos aquellos que se atrevieron a amar hasta quedar con el corazón averiado.

Que miran a los ojos, llaman las cosas por su nombre y siempre se atreven un poquito más.

Este post va dedicado a las personas que como a mí, a veces la vida nos duele y hemos pensado que algo anda mal con nosotros.

Que este mundo es demasiado grande, ruidoso e incierto.

Tosco, abrumador y poco compasivo.

Un lugar donde hay que luchar para sobrevivir y esa lucha a veces nos ha agotado y hemos encontrado en la cama nuestra mejor trinchera.

 – Entonces, ¿la tristeza es un lugar?-

– Sí, un lugar en la que a veces pasamos mucho tiempo

(Elizabeth Gilbert)

No nos queremos pasar la vida en ese lugar.

No me importa estar hoy día triste porque he aprendido que puedo mirar al mundo con ojos renovados al día siguiente, si así me lo propongo. Decidí trabajar en mí e ir a lo más profundo de mi ser y aceptar que soy un péndulo que puede viajar del caos al cosmos.

Descubrí en ese viaje que tengo el poder de transformar mis sombras en material creativo. Si me atrevo a conocerme y sumergirme en la oscuridad de mis aguas puedo encontrar impulso creativo y entusiasmo para seguir adelante.

La palabra entusiasmo me gusta muchísimo porque en su etimología significa algo así como rapto divino. La idea es que cuando nos dejamos llevar por el entusiasmo es un dios el que entra en nosotros y nos manifestamos de forma casi poética.

Este post también va dedicado con especial esmero para los entusiastas locos, esos que presiento más de una vez se estrellaron con la indiferencia o mirada burlesca de aquellos que lo encuentran ridículo casi todo.

¿Qué necesitamos para ser más compasivos?

¿Cómo les enseñamos a nuestros hijos a ser más compasivos?

Ale es la protagonista de este post. La mujer morocha de un metro setenta y cinco que me inspiró a escribir este post.

La heroína por ser valiente y tener el coraje de compartir en público con su nombre y apellido que se ponía horarios para llorar. Eso que leí me impactó profundamente, entre otras cosas porque desentonaba con la imagen de mujer alta, guapa, fuerte y divertida.

Pero es que vinimos a este mundo a desentonar. No a ser pura coherencia.

No vinimos a encajar ni a gustarle a todo el mundo.

Vinimos a ser imperfectos, vulnerables e inconsistentes.

Vinimos a este mundo a aprender. Y, sí, también podemos crecer y transformarnos a través de las caídas, la tristeza, la decepción y volvernos más fuertes. Y, además, mirar al mundo con ojos más tolerantes y compasivos.

Y en ese momento te das cuenta que tu sombra puede ser el paso ineludible para alcanzar la plenitud.

No podemos amar aquello que no conocemos.

Debemos conocer nuestra oscuridad para aceptarla y quererla y así querernos completitos.

Cuando miramos al monstruo a los ojos tal vez nos demos cuenta que no es tan grande, ni tan malo, ni tan peludo.

Lo mismo con nuestra sombra, miedos y oscuridad.

Reconciliarnos con nuestra parte oscura nos hará más inmunes a los juicios, a la vergüenza y culpas impuestas por un mundo que a veces parece juzgarnos y criticarnos sin piedad.

Un mundo que enseña a mirar la paja en el ojo ajeno y no la gran viga que los desprovee de compasión.

“Creo q la empatía es uno de los aspectos que más escasean en nuestra sociedad, por eso la falta de compasión. Se vive de una manera tan egoísta y superficial que es difícil ponerse en los pies del otro” – me dice Ale como parte de su valiente testimonio.

Eso es lo que podemos enseñarle a nuestros hijos : A mirarse con compasión para poder mirar a los demás con compasión.

Aceptar su complejidad para aceptar la complejidad de los demás.

Enseñar con el ejemplo del amor y servicio al prójimo.

Ale se para frente al mundo y comparte su testimonio porque ve con tristeza como las personas pueden fingir una vida plena sólo por pudor o miedo al que dirán.

“Lo que aceptas te transforma, lo que niegas te somete” (Carl Jung)

Aceptar lo que nos sucede y pedir ayuda es clave para salir del agujero, la soledad, la falta de esperanza y el abandono.

Decir : sí, yo también sufrí depresión y fui al psiquiatra.

Tomé Prozac.

No me quería parar de la cama. Hasta vestirme era un esfuerzo sobre humano.

Tuve profundo miedo de no recuperarme.

Ale nos regala la imagen mitológica del Ave Fénix porque a pesar de verse morir, renace y empieza de nuevo cuántas veces sea necesario.

Esa valiente metamórfosis nos convierte en seres libres, sanos y plenos.

Esa catarsis nos libera y nos inspira a contar nuestra historia para salvar a alguien que está pasando por lo mismo.

Si nos atrevemos a hablar de este tema y ponerlo fuerte y claro nos daremos cuenta que somos muchos más de lo que imaginamos.

Anda y cuenta tu historia.

 

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Somos seres en construcción

“Nunca he podido comprender el mundo y me iré de él llevándome una imagen confusa. Otros pudieron o creyeron armar el rompecabezas de la realidad y lograron distinguir la figura escondida, pero yo viví entreverado con las piezas dispersas, sin saber dónde colocarlas. Así, vivir habrá sido para mí enfrentarme a un juego cuyas reglas se me escaparon y en consecuencia no haber encontrado la solución del acertijo”. Julio Ramón Ribeyro

Sí, a veces no me siento completa y tengo una idea difusa y algo confusa del mundo como expresara Julio Ramón Ribeyro.

No creo ser un ser incompleto aunque muchas veces me sienta así.

Trabajo todos los días en mí para sentirme más cercana a lo que quiero llegar a ser.

Estoy segura que nacemos con todas las piezas para ser completos y en esa complitud o plenitud sentirnos felices o, al menos, realizados.

En ese proceso de búsqueda me puedo equivocar, perder y hasta estancar.

Lo que he aprendido en este proceso de construcción es que todos tenemos todo lo que necesitamos y un manual para seguir. El tema es que ese manual o las instrucciones con las que venimos no están escritas de forma literal.

Qué fácil sería.

Lo divertido de este juego es aprender a leer. Aprender a leernos a nosotros mismos y a ese manual personal y único que nos ayudará a ensamblarnos.

Somos seres en construcción.

Una especie de lego. Un mecano. Un rompecabezas que a veces amanece revuelto sin lograr que las piezas encajen.

Un sentimiento permanente de insatisfacción es con lo que venimos predispuestos.

En algunos este ingrediente está más latente o lo sentimos más al saborear la vida.

Creo que eso es bueno. Nos empuja a querer ser mejores, a reinventarnos a no conformarnos.

Un exceso nos puede hacer caer en la frustración o a la permanente insatisfacción.

No es la idea.

Seguir trabajando en eso es la clave.

Sentir que mientras avanza el viaje estamos más completos.

Que le vamos encontrando sentido a las cosas o tal vez no.

No, no es necesario entenderlo todo.

La vida es compleja, el manual un enigma y las piezas demasiadas en realidad.

También puede ser más simple. Podemos elegir un viaje más sencillo.

Me encanta saber que estamos en constante cambio, evolución y construcción.

Tener la libertad de reinventarme y transformarme en esa versión que sueño con llegar a ser.

“Todo cambia cuando nuestra prioridad es ser nuestra mejor versión”

 

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Año del perro de tierra

Se va el madrugador gallo y llega el perro leal.

“Su principal conquista será al fin lograr concretar aquello que se propuso”.

El 2017 fue regido en el calendario chino (lunar) por un Gallo de Fuego que tuvo como misión revelar lo oculto y secreto. Este 2018 será un año para realizar cambios importantes y concretar aquello que se pospuso. Llega el perro de tierra en busca de sensatez y equilibrio social.

Una vez más hago mi tarea de leer toda la información sobre el zodiaco chino y aquí comparto con ustedes un resumen de lo que más llama mi atención.

No soy astrologa, bruja, ni nada por el estilo. Sólo una convencida de que cada año trae su propia energía y personalidad.

A este año le pongo especial atención porque mi hija mayor es perro en el calendario chino, así que no me sorprenden las cualidades que señalan como características de las personas nacidas en este año : de profunda lealtad, bondadosas y luchadoras de las minorías. Los perros están llenos de energía, siempre van directo a la acción y nunca dudan en ayudar a quien más lo necesita.

El Perro de Tierra aparece este 16 de febrero y está dispuesto a hacer justicia donde sea necesario.

¿Qué podemos esperar de este año?

Los seres humanos pondremos en la balanza las prioridades del sentido sagrado de la vida y el amoroso perro nos podrá guiar en este trayecto.

Este año se tendrá que trabajar duro y ser paciente con el fin de lograr objetivos.

Será un año ideal para renovarnos y cambiar nuestro estilo de vida; desde la alimentación hasta la manera de afrontar los problemas.

Cambiarán nuestras prioridades y aprovecharemos más el tiempo para hacer cosas gratificantes.

Aprenderemos a viajar más ligeros y enfocar nuestra atención en lo importante.

Masajes, caminar descalzo por la tierra y la arena. Contemplar un amanecer,vivir sin prisas, decir lo que sentimos, mirar a los ojos, abrazar y estrechar las manos.

Para los supersticiosos y entusiastas como yo comparto algunos rituales que podemos realizar : adornar nuestro espacio con flores amarillas y canela para abrir caminos y auspiciar el amor. Comer cítricos para desintoxicar, limpiar y propiciar la buena cosecha. El color rojo es el color de suerte para los chinos, así que es buena idea vestir de este color para darle la bienvenida al año.

También podemos pedir y apuntar nuestros deseos y colocarlos en un sobre rojo. Siempre con mucha fe y amor y así leerlos al año siguiente.

Soy una absoluta convencida que buscar motivos para celebrar siempre nos alegra y renueva el alma.

 

 

 

 

 

 

El Problema con los Pezones

El problema realmente no es mío, pero lo hago mío.

Lo hago mío cuando me preocupa lo que piensan los demás. Y ese es el verdadero tema a trabajar.

¿Por qué me preocupa tanto lo que piensan los demás?

¿Por qué debería preocuparme lo que piensan los demás de mis pezones?

Hace unas semanas hice un hermoso viaje a La Habana. Esa ciudad para mí es entrañable e indescriptible : bella y triste a la vez; sin embargo no será motivo del post de hoy. Cuando arreglaba mis maletas para regresar, vi al lado de mi bolsita de ropa interior, unos horrorosos círculos de silicona. No encuentro palabras para describirlos; se tratan de unos “practiquísimos” tapa pezones.

Estaba a punto de botarlos a la basura, un poco indignada conmigo misma – por obligarme a usarlos- pero decidí limpiarlos con agua y ponerles su film de protección y regresarlos a Lima en mi bolsita para ropa interior.

En ese mismo minuto decidí que le dedicaría un post al tema.

Amerita, vale la pena. Así que haré mi mejor intento para escribir lo que siento sobre los pezones. Sobre mis pezones.

Yo los encuentro hermosos. Son parte de mi cuerpo y no tengo ningún problema de exhibirlos de manera sutil. Que se muestren e insinúen debajo de algún polito de lycra pegado o de un vestido de drill que marcan su forma y contorno.

Que debajo del bikini mojado, un tanto erectos muestren su rigidez.

Y así podría pasarme horas describiendo de que manera se pueden mostrar y ver maravillosos.

La palabra sutil es clave y subjetiva a la vez porque he aprendido que lo que es sutil para mi no lo es para todos.

No, no me pondría una blusa holgada y además blanca sin sostén. Me parecería incómodo.

También me podría pasar horas discriminando que sí o que no cuando de los pezones se trata, cuando de mis pezones se trata.

Está claro que lo que puede estar bien para mi, puede no estarlo para los demás. Lo que a algunos les gusta a otros no.

Es claro que en Lima, uso esta ciudad de referencia porque es donde me he criado y donde paso más tiempo de mi vida, hay un tema con evidenciar la existencia de los pezones.

Free the nipples no está en nuestro vocabulario. Liberar los pezones tampoco.

Taparlos a como de lugar y con 100 inventos no bastará.

Hay algo más que no termino de entender.

Te miran y re miran cuando los pezones se empiezan a evidenciar.

Su presencia es incómoda.

Entonces, sí : cuando veo que pueden incomodar a los demás uso los tapa pezones que odio. A penas me los puedo quitar porque hay menos luz o ya llegue a la privacidad de mi cuarto los retiro y me cuestiono por usarlos.

Es claro que para mucha, mucha gente los pezones deberían quedar en el anonimato absoluto. Aplastados, planos, no erguirse, ni erectárse. No insinuar jamás su forma debajo de la ropa.

Yo no los quiero esconder, tampoco mostrar. Solamente tener la libertad de elegir sin sentirme mirada o cuestionada cuando algo de ellos se empieza a evidenciar.

Como dije al principio del post, el problema es mío porque empezando mis 44 años me debería importar bastante menos lo que piensa la gente de esa parte que tanto me gusta de mi cuerpo.

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Ella que cree que se lo merece todo…

y sí, se lo merece todo!!!

Dentro de cada mujer hay una diosa que quiere atreverse a todo, pero no sabe por dónde empezar.

“Nuestro miedo más profundo no es el de ser inapropiados. Nuestro miedo más profundo es el de ser poderosos más allá de toda medida.

Es nuestra luz, no nuestra oscuridad, lo que nos asusta.

Nos preguntamos: ¿Quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso? Más bien, la pregunta es: ¿Quién eres tú para no serlo?”

Cuántas veces nos limitamos. Nos cohibimos o nos encogemos.

Dejamos de brillar para no molestar al resto, para pasar piolas.

Cantamos despacio, amamos poquito o nos tragamos las ganas.

Nos merecemos caminar en tacos, bailar bajo las estrellas, despeinarnos un tanto o  despeinarnos bastante.

Nos merecemos andar en zapatillas y guardar nuestros tacos. Usar faldita corta o pantalón ancho.

Comer un pedazo de torta y una copa de más.

Ser sexys, seductoras  y desenfadadas.

Cohibidas, retraídas y reservadas.

Caminar sin permiso por cualquier calle y exhibirnos lindas si así nos apetece.

Hablar más de la cuenta. Callar si así lo decidimos. Guardar algún secreto o confesar eso que duele.

Cantar a gritos nuestras alegrías y también nuestras penas.

No ser tan propers, tan señoritas y rappear un poco.

Has nacido para manifestar la gloria divina que existe en nuestro interior.

No está solamente en algunos de nosotros: Está dentro de todos y cada uno.

Y mientras dejamos lucir nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo. Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás.” *

Permitirnos ser vulnerables, exageradas o acomedidas.

Salvajes o tiernas.

Mujer con alma de niña.

Princesa guerrera.

Nos merecemos ser todo aquello que queremos ser y que, a veces, reprimimos un poco o reprimimos bastante.

*extracto de un maravilloso discurso de Marianne Williamson

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Mi muro

Me define. Me muestra y me expone.

Es mi interacción con mis amigos, conocidos y todos los que acepto en mi comunidad virtual.

Decido lo que publico, lo que digo y lo que callo.

Visito muros al azar o porque decido específicamente visitar a alguien.

Me ven, me pasan de largo. Me ignoran o me dan like.

Les encanto o les soy indiferente.

Como la vida misma.

“Desde los muros en las cavernas en el paleolítico hasta los muros en el Facebook en la actualidad, hemos dejado representados nuestros eventos cotidianos como una forma de presentarnos a nosotros mismos”

Es uno de los medios que existe actualmente y la forma como se reniega de él me sigue causando asombro.

“Dime lo que publicas y te diré quién eres”

Una amiga me dice que está en desacuerdo porque no siempre la gente publica su auténtica realidad.

Evidentemente no. Así cómo no todo el mundo sale a la calle con su realidad tatuada en la cara o en sus acciones.

Hay gente que mantiene su vida en total privacidad y reserva y es totalmente respetable.

Hay gente que refleja una realidad que no es cierta ya sea a través de FB o en su andar por la vida.

Mostramos lo que queremos mostrar.

Lo más seguro es que una persona con FB activo interesada en la política va a publicar comentarios o notas sobre la realidad política, lo mismo aplica para el arte, la moda o el tema de nuestro interés en particular.

Menciono Facebook, pero puede ser cualquier otra red social en la que seamos activos.

Si una madre está orgullosísima de los logros de su hijo, aplaudo que lo publique en FB para que sus 1,127 amigos se enteren.

-No, yo ni muerta declararía mi amor por mi esposo por ese medio – comenta una amiga tajante.

Maravilloso, está en todo su derecho.

A mi me encanta expresar mis pasiones así que me siento un poquito aludida. Sin embargo, voy a seguir abusando de este medio y de algunos otros para expresar todo lo que me hace bien y quiero compartir con mis seguidores y detractores.

Claro que hay varias cosas que no entiendo ni entenderé nunca. Personas que usan FB o cualquier otra red para ser venenosas, vengativas o show off.

No lo comparto, pero las personas que lo hacen están en su derecho.

Como en la vida misma.

He visto madres que reclaman a un padre por alimentos o beneficios para sus hijos. Es la última forma que encuentran y muchas veces les funciona. He visto casos de injusticias que se han publicado en FB y que se han viralizado y han logrado llamar la atención del público y las autoridades logrando obtener resultados sorprendentes. Vale.

Te paseas por el muro de las personas y puedes darte una idea bastante clara de cómo es. Inclusive puede ser un tema delicado en nuestra privacidad porque en muchas empresas lo utilizan para evaluar a un posible candidato para determinado puesto.

En nuestra vida personal, ¿quién no ha stalkeado a alguien para saber algo más de esa persona?.

Aplica para un pretendiente, un ex, la ex de nuestro ex, la nueva, el candidato de nuestra hija, la nueva vecina, la mamá regia de las que todos hablan, la amiga que no vemos desde primaria.

Nos gusta mirar, y a veces, como un voyeurista profesional, sólo observar la situación de lejos. Nos gusta que nos miren y- muchas veces- es posible, que dejemos que nos miren más de la cuenta.

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Parte de mi infancia tiene sabor a mora

El jueves fui con Eduardo al Tragaluz que queda en el boulevard. El Boulevard que queda en el kilometro 97.5 de la Panamericana Sur. El Boulevard que queda en Asia –como el lejano continente- y estar ahí en realidad es como estar en otro continente.

En Tragaluz se come buenazo y nos encanta ir. Después de compartir la canilla de cordero y el magret de pato pasamos a un delicioso creme brulée de moras y frambuesas (así decía en la carta), pero el postre llegó sólo con frambuesas. Las frambuesas estaban bien acidonas y Eduardo las disfrutaba como suele hacer con esas que compra en cajitas trasparentes y se las come todas, solito. Yo no soy partidaria de ningún sabor muy ácido, así que me dediqué a disfrutar lo dulcito de la suave crema. Después, y de tanto que le gustaba a Edu, me animé a probar una cucharadita con bastante crema quemada y una pequeña frambuesa. Cerré los ojos y ahí noté el parentesco.

La frambuesa es prima bien cercana de la mora. La mora, esa prima ausente en el postre, que hace tiempo no probaba vino con todos sus aromas a mi memoria. La mora, esa fruta pequeña y jugosita, que antes recogía en baldes y las iba clasificando según tamaño y protuberancia.

Ese sabor agridulce y jugoso me devolvió por unos segundos a mi niñez en Camacho.

De niña, y en realidad hasta grande, siempre viví en Camacho en una casa grande y linda con mucho jardín verde. Tenía una vecina. En realidad tenía varias, pero para mi sólo contaba una. Vivía al frente de mi casa y repartíamos nuestros días, mañanas y tardes entre su casa y la mía.

En mi casa jugábamos a las barbies, preparábamos quequitos en el primer hornito micro ondas que había en el mundo o montábamos una peluquería con maquillaje de fantasía.

En su casa veíamos TV con telenovelas de contrabando, jugábamos cartas o nos la pasábamos en el jardín trepadas en su árbol de moras. También tenían uno de nísperos, pero nuestro preferido siempre fue el de moras.

No sé si la mora es un fruto de todo el año, lo que si recuerdo es que nosotras lo disfrutábamos sobre todo en verano. Pasábamos horas ahí sentadas contemplando el mundo sin zapatos ni prisa alguna. Pero no siempre fue así.

Mi vecina, bastante más aguerrida que yo, me enseñó a trepar el árbol. Yo al principio sólo la miraba para arriba y le sostenía el balde. El progreso siguió cuando trajimos una silla de la cocina. La silla blanca con asiento de paja era una ayuda excepcional que se me permitiría en mi debut de trepadora. Después de algunas semanas, pasó a ser sólo un recuerdo. La imagen que hoy tengo es de estar bien trepada en el árbol como si nunca me hubiese ocasionado dificultad alguna hacerlo.

Nos encantaba estar en el árbol. Era nuestro lugar. Estar trepadas arriba era comodísimo. Conversábamos de todo mientras nos comíamos las moras. Las preferidas eran las más grandes, recién arrancaditas. Eran pequeñísimos racimos de uvas con sus pequeñas partículas a punto de reventar. Dulcísimas a diferencia de las no tan maduras que eran mucho más escuálidas en forma y sabor.

Mi vecina me esperaba impaciente cuando yo cruzaba a visitarla. Como yo era mucho más floja para despertarme, ella de pie desde el alba, me vivía esperando.

A veces partíamos nuestras visitas en dos. La visitaba de mañana, regresaba a mi casa para almorzar y volvía con el último bocado para continuar nuestra jornada.

Dentro de su casa nos la pasábamos en el sótano que estaba acondicionado con sillones y TV. Mientras veíamos alguna tele llorona o el chavo del ocho jugábamos a las cartas acumulando puntaje hasta la eternidad.

Cuando decidíamos salir al mundo exterior nos esperaba su wagon rojo donde llevábamos toneladas de moras que nos sabían a gloria.

A las moras las clasificábamos en dos : las ricas y frondosas y las pálidas y flacuchas. A las ricas nos las comíamos sin parar y no cedíamos a la tentación de aplastarlas, sólo por el mero placer de hacerlo. Las apretujábamos en la palma de la mano y la sensación era deliciosa. Se deshacían suavecitas y su color morado intenso se desvanecía un poco. El resultado, muchas manchas en la ropa y menos moras para comer.

Con las moras intentamos hacer de todo. De los peores experimentos, el jugo de mora. Nos pareció increíble cuando se me ocurrió la idea : delicioso jugo de mora para disfrutar y vender. Ya habíamos incursionado con mucho éxito en el comercio. Salíamos con el cochecito de muñeca a la esquina de nuestra cuadra para vender limonada o refresco Royal de sobre. Era perfecto porque en ese entonces el barrio incipiente estaba lleno de construcciones y los obreros sedientos eran nuestros mejores y únicos clientes. El jugo de mora desplazaría a la común limonada y al artificial jugo de sobre.

Juntamos cantidad de moras sin discriminar talla ni color. Todas serían bienvenidas para mezclarse y conformar nuestro deliciosísimo jugo de mora.

A la mora no hay que pelarla, ni cortarla, ni mucho menos exprimirla. Era sólo cuestión de meterla a la licuadora con un poco de agua, azúcar al gusto, una licuadíta y ya!

Sin embargo, algo falló. Tal vez mucha agua. Pongamos más mora. Ahora muy dulce. Pongamos más mora. ¿Y? Bueno, la verdad no está tan rico.

Hay que colarlo. Ponerle hielito. Pero nada, el jugo deliciosísimo con el que soñamos, ni siquiera estaba rico. Era sólo una agüita moraducha, demasiado dulce y lleno de pepitas y otras cositas.

Bueno, un fracaso lo tiene cualquiera. Y aunque tratamos en vano de convencernos que no estaba tan feo, no tardamos en decidir al unísono que era mejor tirarlo por el desague del lavaplatos.

Y así fue, así se fue nuestro jugo de mora.

Claro que no todo fue fracaso con respecto a la mora y la cocina.

Días después vinimos con otra idea. Lo más difícil fue convencer a la empleada, excelente cocinera, de preparar un pie de moras. A ella le sonó raro y no nos daba ni bola con nuestro nuevo emprendimiento. Luego de mucho insistir y cassette de Menudo- que traje solapado de mi casa- para poderla sobornarla, accedió con la condición que nosotras no metiéramos la mano.

Obedientes nos fuimos al sótano a ver Viviana (ilusionada, enamorada). Ahí, entre Lucía Méndez y unos partiditos de cartas esperamos hasta que el olor nos mató.

Vaya, vaya. Si que el jugo de mora pasó rápidamente al olvido para dar paso a un perfecto pie de moras.

Nuestro invento tuvo mucho más éxito del que alguna vez hubiésemos imaginado. El pie de mora pasó a ser el postre estrella de la familia. Y, así, nuestro acceso a las moras quedó definitivamente restringido.

Ya no podríamos abusar del consumo de moras, comiéndolas sin mesura, ni aplastándolas porque sí.

Las moras pasaron al gobierno y administración de la empleada para asegurar que nunca faltara pie de mora en los eventos importantes de la familia.

(escrito en febrero del 2004)

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