Gallo de Fuego

El 28 de enero cambiamos de año en el zodiaco chino.

Le damos la despedida al mono para recibir al gallo de fuego.

Rituales. Cambio de ciclo. Predicciones y muchas ganas de un nuevo amanecer.

El gallo es el signo de la madrugada y el despertar.

Imagino que este año el lema : a quien madruga Dios lo ayuda, será más que valido y acertado.

Leo con atención que en el 2017 el triunfo y el éxito sólo se podrá lograr a costa de mucho trabajo y paciencia.

Este comienzo del año lunar cae sábado y yo decido recibirlo con  los mejores rituales.

Me puse mi vestido rojo, regalé flores amarillas y celebré brindando con amigos y comiendo mandarinas luego de una deliciosa cena.

El color rojo es el color de suerte para los chinos y me parecía el indicado para darle la bienvenida al gallo de fuego. Las flores amarillas abren caminos y comer cítricos nos limpian y representan la buena cosecha.

Otra cosa que leo sobre este décimo animal del zodiaco, es que tiene las virtudes de la justicia, rectitud y transparencia.

Será buen momento de poner en marcha proyectos, porque tendrán éxito seguro si tenemos a la perseverancia como bandera.

Me siento más que lista y entusiasmada de empezar un nuevo amanecer. Recomiendo algo de osadía y excentricidad que son atributos de este gallo de fuego.

“Las personas tenderán a cuestionarse mucho su existencia, en busca de ir superándose.”

Como siempre, un tiempo de introspección y visión interior nos viene más que bien para seguir caminando por nuestros sueños.

Te doy la bienvenida Gallo de Fuego!

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Darme a los demás

Puedo decir las cosas fuertes y claras, pero también puedo elegir decirlas a ritmo más suave aunque sea menos certera.

No necesariamente debo regalar dosis de sinceridad cruda. No todo el mundo la necesita.

Mis palabras pueden ser un arma letal de precisión milimétrica y, sin embargo, puedo disfrazarlas para no herir y evitar dar justo en el blanco.

Hacer lo que me da la gana, está bien, pero muchas veces puedo postergar mis propios deseos e ímpetu. Regalar mi tiempo. Ser compasiva. Frenar mis ganas. Gastar mi energía en eso que, tal vez, no me provoca tanto.

No siempre podemos hacer uso irrestricto de nuestra libertad, individualidad y vivir el momento.

YOLO no va a ser mi lema diario.

Además, creo que vivimos mil veces si nos damos a los demás con absoluta generosidad.

Si reservamos las ganas. Si administramos nuestra libertad. Si esperamos el momento. Si contamos hasta diez y después volvemos a contar.

Eso también está bien. Está mejor muchas veces.

Apaciguar el impulso. Medir los exabruptos. Ser un poquito egoístas con nosotros mismos para regalarle a los demás una versión mucho más empática.

Caminar en mis zapatos y en algunos que tal vez no me queden tan cómodos.

Hacer malabares. Agradar al resto. Sonreír sin tantas ganas para alegrarle el corazón al otro. Respirar tres veces y volver a contar despacio. Ser paciente para esperar mi turno. Ser paciente para esperar eso que todavía no me toca. No me llega aún.

Disfrutar eso que no necesariamente elegí.

Dejar que el otro elija y decidir que tal vez eligió mejor.

Como puse en otro post, no siempre soy yo la que escribe mejor el guión.

Si lo dejo en manos de Dios, estoy segura que una vez más me va a sorprender!

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Toma las tradiciones y decóralas a tu manera

-¿Qué es un rito?- dijo el principito

-Es algo también ya muy olvidado – dijo el zorro. Es algo que hace que un día sea diferente de los demás, y una hora de las otras.  (de El Principito de Antoine de Saint-Exupéry)

Los ritos, tradiciones o costumbres son aquellas cosas que hacemos con mucho amor y convicción y pueden darle distinto color y sabor a nuestra vida. Un toque diferencial y nuestro sello a esas cosas sencillas que hemos heredado de nuestra cultura o familia. Pensando en eso hoy comparto con ustedes una costumbre difundida, sobre todo, en Argentina y Uruguay y que mi suegro compartió conmigo hace varios meses y desde que lo hizo me quedé con muchas ganas de ponerla en práctica.

La tradición de comer ñoquis los días 29 nace en Italia y la acompaña un ritual de poner un billete debajo del plato para generar prosperidad y bienestar en los comensales. Este pensamiento de “magia contagiosa” fue lo que me encantó y me pareció la excusa perfecta para convertir un  simple martes 29 en un almuerzo con gente querida y  de esta forma juntar nuestras vibras y buenos deseos.

Cuenta la leyenda que esta tradición se originó en el norte de Italia donde San Pantaleón peregrinaba curando gente y un día fue recibido en la mesa de una familia veneciana. Estos, a pesar de su extrema pobreza,  compartieron con él su único plato y el santo los bendijo con mucha bonanza y prosperidad. La tradición de los ñoquis del 29 se relaciona no sólo con los milagros de San Pantaleón sino con el bajo costo de la preparación de los ñoquis, haciéndolos ideales cuando se llega con las justas a fin de mes.

La verdad, como sucede con todas las tradiciones, uno puede creer o no creer. Uno puede escucharla y olvidarla o hacerla suya y compartirla. Tomar una parte o toda completa. Mantenerse escéptico o rendirse a lo lúdico de la historia y así romper con la monotonía de un día cualquiera.

Para mi resulta en felicidad compartir este martes 29  la mesa donde mi Tía Tessy, hacer un brindis certero y desear con un billete de Santa Rosa debajo de un delicioso plato de ñoquis que la suerte y la prosperidad nos colme. Salud!

“Toma las tradiciones y decóralas a tu manera”

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Los objetos de mi casa

Un día vino Blanquita a mi casa y me pidió que votara un adorno que tenía en el escritorio de mi esposo. El adorno era una escultura pequeña en la cual yo nunca había reparado demasiado. Blanquita, mi querida manicurista con dones esotéricos, insistió en eliminarla después de auscultar mi casa con detenimiento.

No solamente adoro la decoración y le pongo énfasis a cada rincón de mi casa, me gusta el color, las formas, los objetos y que en general todo lo que está a mi alrededor aporte magia y energía positiva.

Nunca sentí que eso lo hacía de forma conciente o pensando que era determinante para nuestras vidas, sin embargo ahora soy una convencida que cada adorno en nuestro hogar, o en el lugar donde pasamos la mayor parte de nuestro día, son de vital importancia para generarnos y aportarnos energía.

Cada vez que abro el ojo me despierto con la palabra A MOR, literalmente. En la pared de nuestro dormitorio hay un cuadro que le regalé a mi esposo y forma esa palabra y lo hemos colocado frente a nuestra cama.

Acabo de incorporar, también, en nuestro cuarto una mesa roja. Siento que nos aporta mayor energía, vitalidad y pasión.

Sí, las fotos,  los cuadros,  el color de las paredes, las flores que ponemos con amor, las velas que prendemos con alguna intención. Los tapices, la alfombra que escogemos con ilusión. Alguna que otra antigüedad rebuscada, ese regalo especial, aquel objeto de tremendo valor sentimental. Lo que trajimos de un viaje… todo ese conjunto de energía que está a nuestro alrededor, nos aporta determinada carga, que puede ser positiva o negativa.

He trabajado mucho tiempo como decoradora y siempre busqué escuchar los gustos de los dueños del espacio para que en ese lugar reinara su personalidad y sello.

Me parece básico y natural que cada espacio hable de la persona que vive ahí y que no sea simplemente un recinto sacado de catálogo o de revista.

Ese es sólo mi punto de vista y, tal vez,  se desvíe del objetivo principal de este post.

Los objetos que te acompañan tiene una forma de vida, si los amas y les prestas atención, te aportan energía. Pero si son restos de un pasado conflictivo o los descuidas, actúan como vampiros, comiéndote la fuerza vital. (Jodorowsky)

Leí esta frase de Alejandro Jodorosky y me trasmitió perfectamente lo que quiero comunicar y regalar en esta publicación : amemos todo lo que nos rodea, pongamos nuestro amor y personalidad en la manera de decorar o acomodar lo que nos acompaña. Seamos íntimos, creativos y detallistas.

Cada objeto nos mira, nos habla y nos puede ayudar a estar un poquito más felices.

Ese martes que vino Blanquita, me terminó de convencer para romper y votar ese objeto que tenía una forma entre animal y demonio y que vivía- solapado- en mi casa en la tercera repisa del escritorio.

Seguro les sonará un tanto supersticioso y exagerado, sin embargo votar objetos que no nos aportan ningún valor o que traen alguna carga negativa del pasado puede ser un ejercicio harto liberador.

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