De amor no se muere

Podemos sentir que se nos parte el corazón. Personalmente lo he experimentado y creo que lo que sucede es que se te expande un poco; el corazón se agranda de tanto sentir y esa expansión nos produce dolor.

En ese preciso momento quisiéramos que el corazón se nos encoja para no sentir tanto, que lata más despacio para no sentir como galopa asustado. Quisiéramos que se desconecte de nuestra mente porque todo nuestro ser parece estar enchufado a esa misma conexión que nos produce tanto dolor.

Un cable grueso y casi visible nos recorre de pies a cabeza y nos infringe descargas despiadadas de dolor.

Así se siente. Más o menos. Menos o más. Así se siente.

 Atropellada con el corazón herido quedé

Me duele la cabeza , creo que una fractura sufrí

Cada vez que viene un pensamiento, esos que llaman recuerdos, se me parte en dos

Debo apretar los dientes muy fuerte para no llorar pero igual

Una lágrima más cae

El corazón me palpita muy rápido y otra lágrima cae.

Este es el relato de una amiga que con el corazón en la mano, como ella suele andar por el mundo, trata de explicar en palabras lo que siente su corazón.

Con una lista de palabras llenas de dolor me habla del engaño, del amor, del desamor, los sueños, la desesperanza, la infidelidad y todo lo que su frágil cuerpo está sintiendo porque un hombre al que amó la traicionó.

Me engañaron.

Todo lo daría por que me hubieran engañado con dinero…. eso se olvida.

Todo lo daría por que me hubieran robado lo que tenia…….eso se vuelve hacer.

 A mi me engañaron con otra, me cambiaron,

Me dijeron sin piedad : Tú ya no me gustas, ella me gusta más.

Tú eres fea, tal vez vieja y pesada.

Ella es más bonita, joven y divertida.

Te dejé de amar y me voy solo a mi lugar

Te dejé de amar porque conocí a otra mujer

Y para no ser descubierto mentiré sobre que nunca te amé…

Jugaste con mi alma, mi corazón, mi espíritu

lo dejaste volando en una desesperación que tuve que caer de rodillas 1,000 veces y mil veces más!

Me robaste los sueños, tres años de mi vida y el corazón.

Este relato es una historia de amor e ilusión porque aunque todas las palabras que salgan de su corazón sean tristes y llenas de dolor, son las palabras más honestas y sentidas que he leído en mucho tiempo.

Sólo un corazón hermoso puede sentir así.

Sólo un ser lleno de esperanza puede volcar todo su sentir para vaciar su dolor y así renacer.

 Si pudieras despejar todo ese espacio que ese dolor ocupa hoy en tu mente tendrías una puerta y ¿sabes qué haría el universo al verla? Colarse. Se colaría y te llenaría del amor que jamás hayas podido conocer.

Esta frase la leí en Comer, Rezar y Amar hace unos años. La filosofía del libro nos invita a mandar luz a todos los seres vivos incluyendo a esos que nos han dañado tanto porque así nos liberamos nosotros.

Mándale luz y amor y déjalo ir.

Deja ese espacio para que la luz llene tu corazón.

Somos energía. Mándale tu mejor energía porque sólo podemos dar lo que tenemos para dar.

No mereces que tu energía se mezcle y contamine con la confusión y desorden que tienen las personas que no saben amar. Que engañan, mienten y muestran su lado más cruel.

Que te cambian por otra, que te engañen una y otra vez es porque en esencia no se saben amar a si mismos y andan buscando por el mundo lo que no saben dar.

Sólo una mujer que ha amado con los ojos cerrados puede elegir abrirlos y ver una verdad que, aunque la latigue de dolor, también la libera y la redime.

Atropellada con el corazón herido quedé

Sólo hay un médico que puede sanarlo

Ven Señor Jesús.

Sálvame una vez más y saca este dolor de mi corazón.

Opérame del corazón y la cabeza.

Que he quedado mal

Ayúdame mi doctor

Me dijeron que solo tu podrías darme un  amor bonito.

Un nuevo corazón, una mente renovada.

Esta hermosa amiga no esta sola, tiene a la fe como su mayor bastión. Se apoya en ella y aunque muchas veces el mundo se le desdibuje y no pueda ver las cosas con claridad, sabe que un autor amoroso está pintando para ella un mundo de colores brillantes donde ella camina de la mano de un hombre que valora su amor.

Sabe que de amor no se muere porque el amor más grande que tiene está en su corazón. Ese corazón hoy está más ancho, más grande y más pleno.

“A veces es necesario que el corazón se nos rompa y así queda espacio para que una nueva luz entre en él”

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Luz y sombra

“La depresión es iniciada por el alma para obligarnos a confrontar y resolver nuestros conflictos internos que nos impiden experimentar el amor universal. La alquimia del alma nos exige que transformemos la energía de tristeza en amor y luz.”

A más grande la luz, más grande la sombra.

Esta afirmación puede referirse estrictamente a una cuestión física que todos hemos comprobado en algún día de mucho sol o cuando una luz se proyecta de forma potente.

Sin embargo esta afirmación también es inherente al ser humano y nuestro ontología.

Somos luz y sombra.

Tenemos un lado oscuro y un lado luminoso y mientras más grande sea nuestra luz también lo será nuestra sombra.

Dualidad.

El problema es cuando esa sombra nos asusta o no la aceptamos y terminamos escondiéndola o reprimiéndola.

Es absolutamente cierto que mientras más abiertos y receptivos estemos también estamos más expuestos, más vulnerables a ser heridos.

Mientras más nos mostremos, más nos verán y no siempre estamos preparados para esa mirada del mundo.

Una mirada que muchas veces nos puede parecer indolente y poco compasiva.

¿Qué tan preparada me siento para brillar y mostrarme tal como soy?

Mejor me escondo y así no me expongo. Mejor me protejo y vivo en la cautela de la sombra. En el medio, para no llegar a los extremos. Decido ser tibia para encajar mejor en una sociedad que puede condenar lo frío y al mismo tiempo el calor. Que condena lo distinto y lo que puede perturbar lo establecido como apropiado y normal.

Sin embargo…

¿Quién soy yo para no ser brillante?

¿Quién soy yo para no resaltar?

Este post va dedicado a todos los seres humanos que nos exponemos a diario mostrando nuestra luz potente. Que nos atrevemos a ser distintos y a veces un tanto extravagantes.

Este post va para todos aquellos que se atrevieron a amar hasta quedar con el corazón averiado.

Que miran a los ojos, llaman las cosas por su nombre y siempre se atreven un poquito más.

Este post va dedicado a las personas que como a mí, a veces la vida nos duele y hemos pensado que algo anda mal con nosotros.

Que este mundo es demasiado grande, ruidoso e incierto.

Tosco, abrumador y poco compasivo.

Un lugar donde hay que luchar para sobrevivir y esa lucha a veces nos ha agotado y hemos encontrado en la cama nuestra mejor trinchera.

 – Entonces, ¿la tristeza es un lugar?-

– Sí, un lugar en la que a veces pasamos mucho tiempo

(Elizabeth Gilbert)

No nos queremos pasar la vida en ese lugar.

No me importa estar hoy día triste porque he aprendido que puedo mirar al mundo con ojos renovados al día siguiente, si así me lo propongo. Decidí trabajar en mí e ir a lo más profundo de mi ser y aceptar que soy un péndulo que puede viajar del caos al cosmos.

Descubrí en ese viaje que tengo el poder de transformar mis sombras en material creativo. Si me atrevo a conocerme y sumergirme en la oscuridad de mis aguas puedo encontrar impulso creativo y entusiasmo para seguir adelante.

La palabra entusiasmo me gusta muchísimo porque en su etimología significa algo así como rapto divino. La idea es que cuando nos dejamos llevar por el entusiasmo es un dios el que entra en nosotros y nos manifestamos de forma casi poética.

Este post también va dedicado con especial esmero para los entusiastas locos, esos que presiento más de una vez se estrellaron con la indiferencia o mirada burlesca de aquellos que lo encuentran ridículo casi todo.

¿Qué necesitamos para ser más compasivos?

¿Cómo les enseñamos a nuestros hijos a ser más compasivos?

Ale es la protagonista de este post. La mujer morocha de un metro setenta y cinco que me inspiró a escribir este post.

La heroína por ser valiente y tener el coraje de compartir en público con su nombre y apellido que se ponía horarios para llorar. Eso que leí me impactó profundamente, entre otras cosas porque desentonaba con la imagen de mujer alta, guapa, fuerte y divertida.

Pero es que vinimos a este mundo a desentonar. No a ser pura coherencia.

No vinimos a encajar ni a gustarle a todo el mundo.

Vinimos a ser imperfectos, vulnerables e inconsistentes.

Vinimos a este mundo a aprender. Y, sí, también podemos crecer y transformarnos a través de las caídas, la tristeza, la decepción y volvernos más fuertes. Y, además, mirar al mundo con ojos más tolerantes y compasivos.

Y en ese momento te das cuenta que tu sombra puede ser el paso ineludible para alcanzar la plenitud.

No podemos amar aquello que no conocemos.

Debemos conocer nuestra oscuridad para aceptarla y quererla y así querernos completitos.

Cuando miramos al monstruo a los ojos tal vez nos demos cuenta que no es tan grande, ni tan malo, ni tan peludo.

Lo mismo con nuestra sombra, miedos y oscuridad.

Reconciliarnos con nuestra parte oscura nos hará más inmunes a los juicios, a la vergüenza y culpas impuestas por un mundo que a veces parece juzgarnos y criticarnos sin piedad.

Un mundo que enseña a mirar la paja en el ojo ajeno y no la gran viga que los desprovee de compasión.

“Creo q la empatía es uno de los aspectos que más escasean en nuestra sociedad, por eso la falta de compasión. Se vive de una manera tan egoísta y superficial que es difícil ponerse en los pies del otro” – me dice Ale como parte de su valiente testimonio.

Eso es lo que podemos enseñarle a nuestros hijos : A mirarse con compasión para poder mirar a los demás con compasión.

Aceptar su complejidad para aceptar la complejidad de los demás.

Enseñar con el ejemplo del amor y servicio al prójimo.

Ale se para frente al mundo y comparte su testimonio porque ve con tristeza como las personas pueden fingir una vida plena sólo por pudor o miedo al que dirán.

“Lo que aceptas te transforma, lo que niegas te somete” (Carl Jung)

Aceptar lo que nos sucede y pedir ayuda es clave para salir del agujero, la soledad, la falta de esperanza y el abandono.

Decir : sí, yo también sufrí depresión y fui al psiquiatra.

Tomé Prozac.

No me quería parar de la cama. Hasta vestirme era un esfuerzo sobre humano.

Tuve profundo miedo de no recuperarme.

Ale nos regala la imagen mitológica del Ave Fénix porque a pesar de verse morir, renace y empieza de nuevo cuántas veces sea necesario.

Esa valiente metamórfosis nos convierte en seres libres, sanos y plenos.

Esa catarsis nos libera y nos inspira a contar nuestra historia para salvar a alguien que está pasando por lo mismo.

Si nos atrevemos a hablar de este tema y ponerlo fuerte y claro nos daremos cuenta que somos muchos más de lo que imaginamos.

Anda y cuenta tu historia.

 

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El Problema con los Pezones

El problema realmente no es mío, pero lo hago mío.

Lo hago mío cuando me preocupa lo que piensan los demás. Y ese es el verdadero tema a trabajar.

¿Por qué me preocupa tanto lo que piensan los demás?

¿Por qué debería preocuparme lo que piensan los demás de mis pezones?

Hace unas semanas hice un hermoso viaje a La Habana. Esa ciudad para mí es entrañable e indescriptible : bella y triste a la vez; sin embargo no será motivo del post de hoy. Cuando arreglaba mis maletas para regresar, vi al lado de mi bolsita de ropa interior, unos horrorosos círculos de silicona. No encuentro palabras para describirlos; se tratan de unos “practiquísimos” tapa pezones.

Estaba a punto de botarlos a la basura, un poco indignada conmigo misma – por obligarme a usarlos- pero decidí limpiarlos con agua y ponerles su film de protección y regresarlos a Lima en mi bolsita para ropa interior.

En ese mismo minuto decidí que le dedicaría un post al tema.

Amerita, vale la pena. Así que haré mi mejor intento para escribir lo que siento sobre los pezones. Sobre mis pezones.

Yo los encuentro hermosos. Son parte de mi cuerpo y no tengo ningún problema de exhibirlos de manera sutil. Que se muestren e insinúen debajo de algún polito de lycra pegado o de un vestido de drill que marcan su forma y contorno.

Que debajo del bikini mojado, un tanto erectos muestren su rigidez.

Y así podría pasarme horas describiendo de que manera se pueden mostrar y ver maravillosos.

La palabra sutil es clave y subjetiva a la vez porque he aprendido que lo que es sutil para mi no lo es para todos.

No, no me pondría una blusa holgada y además blanca sin sostén. Me parecería incómodo.

También me podría pasar horas discriminando que sí o que no cuando de los pezones se trata, cuando de mis pezones se trata.

Está claro que lo que puede estar bien para mi, puede no estarlo para los demás. Lo que a algunos les gusta a otros no.

Es claro que en Lima, uso esta ciudad de referencia porque es donde me he criado y donde paso más tiempo de mi vida, hay un tema con evidenciar la existencia de los pezones.

Free the nipples no está en nuestro vocabulario. Liberar los pezones tampoco.

Taparlos a como de lugar y con 100 inventos no bastará.

Hay algo más que no termino de entender.

Te miran y re miran cuando los pezones se empiezan a evidenciar.

Su presencia es incómoda.

Entonces, sí : cuando veo que pueden incomodar a los demás uso los tapa pezones que odio. A penas me los puedo quitar porque hay menos luz o ya llegue a la privacidad de mi cuarto los retiro y me cuestiono por usarlos.

Es claro que para mucha, mucha gente los pezones deberían quedar en el anonimato absoluto. Aplastados, planos, no erguirse, ni erectárse. No insinuar jamás su forma debajo de la ropa.

Yo no los quiero esconder, tampoco mostrar. Solamente tener la libertad de elegir sin sentirme mirada o cuestionada cuando algo de ellos se empieza a evidenciar.

Como dije al principio del post, el problema es mío porque empezando mis 44 años me debería importar bastante menos lo que piensa la gente de esa parte que tanto me gusta de mi cuerpo.

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Ella que cree que se lo merece todo…

y sí, se lo merece todo!!!

Dentro de cada mujer hay una diosa que quiere atreverse a todo, pero no sabe por dónde empezar.

“Nuestro miedo más profundo no es el de ser inapropiados. Nuestro miedo más profundo es el de ser poderosos más allá de toda medida.

Es nuestra luz, no nuestra oscuridad, lo que nos asusta.

Nos preguntamos: ¿Quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso? Más bien, la pregunta es: ¿Quién eres tú para no serlo?”

Cuántas veces nos limitamos. Nos cohibimos o nos encogemos.

Dejamos de brillar para no molestar al resto, para pasar piolas.

Cantamos despacio, amamos poquito o nos tragamos las ganas.

Nos merecemos caminar en tacos, bailar bajo las estrellas, despeinarnos un tanto o  despeinarnos bastante.

Nos merecemos andar en zapatillas y guardar nuestros tacos. Usar faldita corta o pantalón ancho.

Comer un pedazo de torta y una copa de más.

Ser sexys, seductoras  y desenfadadas.

Cohibidas, retraídas y reservadas.

Caminar sin permiso por cualquier calle y exhibirnos lindas si así nos apetece.

Hablar más de la cuenta. Callar si así lo decidimos. Guardar algún secreto o confesar eso que duele.

Cantar a gritos nuestras alegrías y también nuestras penas.

No ser tan propers, tan señoritas y rappear un poco.

Has nacido para manifestar la gloria divina que existe en nuestro interior.

No está solamente en algunos de nosotros: Está dentro de todos y cada uno.

Y mientras dejamos lucir nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo. Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás.” *

Permitirnos ser vulnerables, exageradas o acomedidas.

Salvajes o tiernas.

Mujer con alma de niña.

Princesa guerrera.

Nos merecemos ser todo aquello que queremos ser y que, a veces, reprimimos un poco o reprimimos bastante.

*extracto de un maravilloso discurso de Marianne Williamson

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Cada 28

Mi fe es el regalo más grande que el universo me da.

Como todo regalo, simplemente llegó y lo recibí.

Tal vez en algún momento de mi vida lo tuve por ahí guardado y juntando un poco de polvo hasta que circunstancias menos felices en mi vida me hicieron desempolvarlo.

Cultivarlo y ponerlo en el lugar más importante de mi vida.

Exhibir y lucir con orgullo ese bonito regalo que un día llegó a mi vida.

Le cuento a Isabella, que a veces sufre episodios de ansiedad,  que yo sufrí de depresión. Lo confieso sin ninguna vergüenza o pudor. Simplemente pasó que muchas veces no me sentía bien conmigo misma.

Probé terapia, psicoanálisis, lecturas de auto ayuda, meditación y unas cosas ayudaron más que otras.  Sin embargo,  lo único que realmente me devolvió a mi centro y a saber que todo estaría bien pasará lo que pasará fue mi fe. El amor incondicional a la vida y a todo lo que esta trae.

Mi fe en esta vida es la que me ha sacado de cualquier apuro o situación enredada. La que me da la certeza que en este viaje espinoso todo tiene una salida inesperada.

Mi mejor ansiolítico, mi compañera leal e inseparable, mi as bajo la manga, mi protección infalible y mi arma más letal.

Cada 28 le doy un pequeño espacio público a esta maravillosa certeza. Celebro a San Judas como símbolo de mi fe y al misterio de eso que no puedo terminar de entender ni explicar, pero a lo que me entrego absoluta y completamente.

Celebro a San Judas por todas las batallas que me ayuda a ganar a diario.

¿Es una promesa publicar cada 28 mi fe?

Es mi manera de agradecer. Es mi granito de arena para viralizar mi certeza : realmente la fe mueve montañas y ese maravilloso motor hace que todo lo imposible sea posible.

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¿Quién soy yo para hablar de sexo?

Una mujer de 43 años. Ama de casa. Casada hace 20 años con el mismo hombre.

Podría ser que no sea la más indicada para hablar de sexo. Ni la más experta.

Sin embargo, como tengo harto interés en el tema creo que el ejercicio vale y aquí lo comparto con ustedes.

Para poder hablar de sexo primero tengo que hablar de intimidad.

La intimidad con nuestra pareja es el factor que más deberíamos cuidar.

Y lo pongo en primera persona : Lo que más debo cuidar es la intimidad con mi pareja.

Cultivarla, fomentarla y atesorarla.

La última palabra puede sonar como too much, pero igual decido usarla.

Atesorar la manera como me relaciono con mi pareja y el detalle que ponemos en nuestro contacto cotidiano son la clave para mantener viva la llama.

Cuidar nuestra cotidianidad.

Tocar, besar, apachurrar, decir cosas bonitas, mirar a los ojos. Coquetear. Seducir.

Tal vez tan simple como rozar su mano o acariciar con la mirada.

Así es como de verdad empezamos a relacionarnos, a acercarnos y a permitir que pase cualquier cosa aunque no pase nada.

Aunque no pase nada, pasa mucho.

Toda esa suma de veces que nos acariciamos sutilmente, que nos miramos con amor, que nos hablamos con complicidad y nos escuchamos con ganas cuentan y mucho!

Vestirnos con una prenda linda (sólo para él) perfumarnos, afanarnos con nuestro arreglo y estar lindas solamente para esperarlo a cenar o tomar desayuno el domingo.

-No te pases! – me dicen algunas amigas.

– Que flojera!!!

Sin embargo, cuando vamos a salir con nuestras amigas o en grupo no nos da tanta flojera.

Al primero que le jalo las orejas cuando descuida su aspecto y parece que le da flojera ser cuidadoso con ciertos detalles es a mi esposo. Se las jalo a menudo porque me importa mucho y no quiero que nunca me deje de importar.

Estoy segura que él lo aprecia y cuando lea este post se va a sonrojar, pero sobre todo va a sonreír porque le encanta que hable de él.

Aunque sea un tema un tanto íntimo.

No importa. Decido tocarlo y compartirlo.

Lo he hecho con mis amigas. Les he compartido mi punto de vista y he recibido el suyo.

Lo que siempre sucede en estas conversaciones es que todas salimos ganando.

Debo confesar que tal vez el título de mi post es un poco engañoso.

No, no voy a hablar de relaciones sexuales, sexo a secas, posiciones, frecuencia ni ningún tema que pueda incomodar a alguien. (Me leen mis hijas, sus amigas, mi mamá y todavía conservo algo de pudor)

Sólo pongo la semillita y la inquietud sobre el tema que siempre anda dando vueltas por ahí.

¿Cuándo nos empieza a dar flojera?

¿Cuándo empezamos a dar por sentado que nuestro aspecto o cuidado personal no importa tanto?

¿Cuándo empezamos a descuidar los detalles?

Estoy segura que a todos nos ha pasado que en algunos momentos se ha empezado a apagar el fueguito. Las ganas.

Yo creo que la mejor terapia es regresar al principio y a lo básico.

No ir al ruedo sin preámbulos y por salir del paso.

¿Cómo éramos al principio?

¿Una salidita? ¿Una escapadita?

Creo que cualquier cosa que decidamos probar funciona sólo si lo hacemos con ganas y entusiasmo.

Y sí, tratemos de probar siempre muchas cosas nuevas!

Funciona desde para ver una serie de Netflix y la sutil diferencia de verla juntos, pero cada uno por su lado, o compartirla con complicidad…

La intimidad, ese contacto físico y emocional tan necesario, es la clave para seguir cultivando las ganas y renovarlas a diario.

Con esa actitud creo que ganamos todos y nuestra relación o experiencia sexual va a ser el resultado natural de toda esa suma de veces que nos vamos relacionando con amor.

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¿Qué me hace sentir incómoda?

Una mirada de más o una de menos.

Explayarme o quedarme corta de palabras.

Mis gestos inadecuados. En el momento que no es preciso.

Sentir que no encajo. Que trato y vuelvo a tratar.

Hay días así… que simplemente, no me hallo.

Que estoy incómoda, que piso raro, que mi voz suena más chillona o más bajita de lo que quisiera.

Que ciertas miradas no acompañan. Que no sé que decir.

Que lo que dije no decía lo que quería. No sonó tan bonito.

Que sigo tratando.

Por el contrario, qué me hace sentir cómoda, ser yo misma sin pedir disculpas?

Es verdad que últimamente no ando pidiendo excusas, pero quiero sentirme como cuando estás en zapatillas y con tu jean más cómodo.

Cuando estoy por el aeropuerto y veo a alguien a punto de viajar en tacos, amo mis zapatillas. Entiendo que nada en el mundo es más rico que sentirse cómoda.

Con esta analogía, que puede parecer algo light, es cómo quiero sentirme siempre : liviana, precisa.

Rebotar en mi sitio. Hacer sin pensar tanto. Libre. Cómoda.

Amar porque me da la gana y a quien me da la gana. Preguntar si no entiendo. Volver a preguntar si sigo sin entender. Cantar desafinado. Bailar sin tanto ritmo. Ser la más confiada. La más cursi y entregada. Seguir confiando. Incluir a todo el mundo. Esperar que me incluyan. Leer lo que me gusta varias veces. Ser repetitiva. Improvisar algún chiste. Arreglarme sin prisa. Sentirme linda y al rato no tanto. Buscar atención. Llamar la atención.

Y así, en el camino… mientras ando y des ando mis pasos sentirme a mis anchas.

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