Ella que cree que se lo merece todo…

y sí, se lo merece todo!!!

Dentro de cada mujer hay una diosa que quiere atreverse a todo, pero no sabe por dónde empezar.

“Nuestro miedo más profundo no es el de ser inapropiados. Nuestro miedo más profundo es el de ser poderosos más allá de toda medida.

Es nuestra luz, no nuestra oscuridad, lo que nos asusta.

Nos preguntamos: ¿Quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso? Más bien, la pregunta es: ¿Quién eres tú para no serlo?”

Cuántas veces nos limitamos. Nos cohibimos o nos encogemos.

Dejamos de brillar para no molestar al resto, para pasar piolas.

Cantamos despacio, amamos poquito o nos tragamos las ganas.

Nos merecemos caminar en tacos, bailar bajo las estrellas, despeinarnos un tanto o  despeinarnos bastante.

Nos merecemos andar en zapatillas y guardar nuestros tacos. Usar faldita corta o pantalón ancho.

Comer un pedazo de torta y una copa de más.

Ser sexys, seductoras  y desenfadadas.

Cohibidas, retraídas y reservadas.

Caminar sin permiso por cualquier calle y exhibirnos lindas si así nos apetece.

Hablar más de la cuenta. Callar si así lo decidimos. Guardar algún secreto o confesar eso que duele.

Cantar a gritos nuestras alegrías y también nuestras penas.

No ser tan propers, tan señoritas y rappear un poco.

Has nacido para manifestar la gloria divina que existe en nuestro interior.

No está solamente en algunos de nosotros: Está dentro de todos y cada uno.

Y mientras dejamos lucir nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo. Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás.” *

Permitirnos ser vulnerables, exageradas o acomedidas.

Salvajes o tiernas.

Mujer con alma de niña.

Princesa guerrera.

Nos merecemos ser todo aquello que queremos ser y que a veces reprimimos un poco o reprimimos bastant

*extracto de un maravilloso discurso de Marianne Williamson

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Cada 28

Mi fe es el regalo más grande que el universo me da.

Como todo regalo, simplemente llegó y lo recibí.

Tal vez en algún momento de mi vida lo tuve por ahí guardado y juntando un poco de polvo hasta que circunstancias menos felices en mi vida me hicieron desempolvarlo.

Cultivarlo y ponerlo en el lugar más importante de mi vida.

Exhibir y lucir con orgullo ese bonito regalo que un día llegó a mi vida.

Le cuento a Isabella, que a veces sufre episodios de ansiedad,  que yo sufrí de depresión. Lo confieso sin ninguna vergüenza o pudor. Simplemente pasó que muchas veces no me sentía bien conmigo misma.

Probé terapia, psicoanálisis, lecturas de auto ayuda, meditación y unas cosas ayudaron más que otras.  Sin embargo,  lo único que realmente me devolvió a mi centro y a saber que todo estaría bien pasará lo que pasará fue mi fe. El amor incondicional a la vida y a todo lo que esta trae.

Mi fe en esta vida es la que me ha sacado de cualquier apuro o situación enredada. La que me da la certeza que en este viaje espinoso todo tiene una salida inesperada.

Mi mejor ansiolítico, mi compañera leal e inseparable, mi as bajo la manga, mi protección infalible y mi arma más letal.

Cada 28 le doy un pequeño espacio público a esta maravillosa certeza. Celebro a San Judas como símbolo de mi fe y al misterio de eso que no puedo terminar de entender ni explicar, pero a lo que me entrego absoluta y completamente.

Celebro a San Judas por todas las batallas que me ayuda a ganar a diario.

¿Es una promesa publicar cada 28 mi fe?

Es mi manera de agradecer. Es mi granito de arena para viralizar mi certeza : realmente la fe mueve montañas y ese maravilloso motor hace que todo lo imposible sea posible.

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¿Quién soy yo para hablar de sexo?

Una mujer de 43 años. Ama de casa. Casada hace 20 años con el mismo hombre.

Podría ser que no sea la más indicada para hablar de sexo. Ni la más experta.

Sin embargo, como tengo harto interés en el tema creo que el ejercicio vale y aquí lo comparto con ustedes.

Para poder hablar de sexo primero tengo que hablar de intimidad.

La intimidad con nuestra pareja es el factor que más deberíamos cuidar.

Y lo pongo en primera persona : Lo que más debo cuidar es la intimidad con mi pareja.

Cultivarla, fomentarla y atesorarla.

La última palabra puede sonar como too much, pero igual decido usarla.

Atesorar la manera como me relaciono con mi pareja y el detalle que ponemos en nuestro contacto cotidiano son la clave para mantener viva la llama.

Cuidar nuestra cotidianidad.

Tocar, besar, apachurrar, decir cosas bonitas, mirar a los ojos. Coquetear. Seducir.

Tal vez tan simple como rozar su mano o acariciar con la mirada.

Así es como de verdad empezamos a relacionarnos, a acercarnos y a permitir que pase cualquier cosa aunque no pase nada.

Aunque no pase nada, pasa mucho.

Toda esa suma de veces que nos acariciamos sutilmente, que nos miramos con amor, que nos hablamos con complicidad y nos escuchamos con ganas cuentan y mucho!

Vestirnos con una prenda linda (sólo para él) perfumarnos, afanarnos con nuestro arreglo y estar lindas solamente para esperarlo a cenar o tomar desayuno el domingo.

-No te pases! – me dicen algunas amigas.

– Que flojera!!!

Sin embargo, cuando vamos a salir con nuestras amigas o en grupo no nos da tanta flojera.

Al primero que le jalo las orejas cuando descuida su aspecto y parece que le da flojera ser cuidadoso con ciertos detalles es a mi esposo. Se las jalo a menudo porque me importa mucho y no quiero que nunca me deje de importar.

Estoy segura que él lo aprecia y cuando lea este post se va a sonrojar, pero sobre todo va a sonreír porque le encanta que hable de él.

Aunque sea un tema un tanto íntimo.

No importa. Decido tocarlo y compartirlo.

Lo he hecho con mis amigas. Les he compartido mi punto de vista y he recibido el suyo.

Lo que siempre sucede en estas conversaciones es que todas salimos ganando.

Debo confesar que tal vez el título de mi post es un poco engañoso.

No, no voy a hablar de relaciones sexuales, sexo a secas, posiciones, frecuencia ni ningún tema que pueda incomodar a alguien. (Me leen mis hijas, sus amigas, mi mamá y todavía conservo algo de pudor)

Sólo pongo la semillita y la inquietud sobre el tema que siempre anda dando vueltas por ahí.

¿Cuándo nos empieza a dar flojera?

¿Cuándo empezamos a dar por sentado que nuestro aspecto o cuidado personal no importa tanto?

¿Cuándo empezamos a descuidar los detalles?

Estoy segura que a todos nos ha pasado que en algunos momentos se ha empezado a apagar el fueguito. Las ganas.

Yo creo que la mejor terapia es regresar al principio y a lo básico.

No ir al ruedo sin preámbulos y por salir del paso.

¿Cómo éramos al principio?

¿Una salidita? ¿Una escapadita?

Creo que cualquier cosa que decidamos probar funciona sólo si lo hacemos con ganas y entusiasmo.

Y sí, tratemos de probar siempre muchas cosas nuevas!

Funciona desde para ver una serie de Netflix y la sutil diferencia de verla juntos, pero cada uno por su lado, o compartirla con complicidad…

La intimidad, ese contacto físico y emocional tan necesario, es la clave para seguir cultivando las ganas y renovarlas a diario.

Con esa actitud creo que ganamos todos y nuestra relación o experiencia sexual va a ser el resultado natural de toda esa suma de veces que nos vamos relacionando con amor.

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¿Qué me hace sentir incómoda?

Una mirada de más o una de menos.

Explayarme o quedarme corta de palabras.

Mis gestos inadecuados. En el momento que no es preciso.

Sentir que no encajo. Que trato y vuelvo a tratar.

Hay días así… que simplemente, no me hallo.

Que estoy incómoda, que piso raro, que mi voz suena más chillona o más bajita de lo que quisiera.

Que ciertas miradas no acompañan. Que no sé que decir.

Que lo que dije no decía lo que quería. No sonó tan bonito.

Que sigo tratando.

Por el contrario, qué me hace sentir cómoda, ser yo misma sin pedir disculpas?

Es verdad que últimamente no ando pidiendo excusas, pero quiero sentirme como cuando estás en zapatillas y con tu jean más cómodo.

Cuando estoy por el aeropuerto y veo a alguien a punto de viajar en tacos, amo mis zapatillas. Entiendo que nada en el mundo es más rico que sentirse cómoda.

Con esta analogía, que puede parecer algo light, es cómo quiero sentirme siempre : liviana, precisa.

Rebotar en mi sitio. Hacer sin pensar tanto. Libre. Cómoda.

Amar porque me da la gana y a quien me da la gana. Preguntar si no entiendo. Volver a preguntar si sigo sin entender. Cantar desafinado. Bailar sin tanto ritmo. Ser la más confiada. La más cursi y entregada. Seguir confiando. Incluir a todo el mundo. Esperar que me incluyan. Leer lo que me gusta varias veces. Ser repetitiva. Improvisar algún chiste. Arreglarme sin prisa. Sentirme linda y al rato no tanto. Buscar atención. Llamar la atención.

Y así, en el camino… mientras ando y des ando mis pasos sentirme a mis anchas.

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Gallo de Fuego

El 28 de enero cambiamos de año en el zodiaco chino.

Le damos la despedida al mono para recibir al gallo de fuego.

Rituales. Cambio de ciclo. Predicciones y muchas ganas de un nuevo amanecer.

El gallo es el signo de la madrugada y el despertar.

Imagino que este año el lema : a quien madruga Dios lo ayuda, será más que valido y acertado.

Leo con atención que en el 2017 el triunfo y el éxito sólo se podrá lograr a costa de mucho trabajo y paciencia.

Este comienzo del año lunar cae sábado y yo decido recibirlo con  los mejores rituales.

Me puse mi vestido rojo, regalé flores amarillas y celebré brindando con amigos y comiendo mandarinas luego de una deliciosa cena.

El color rojo es el color de suerte para los chinos y me parecía el indicado para darle la bienvenida al gallo de fuego. Las flores amarillas abren caminos y comer cítricos nos limpian y representan la buena cosecha.

Otra cosa que leo sobre este décimo animal del zodiaco, es que tiene las virtudes de la justicia, rectitud y transparencia.

Será buen momento de poner en marcha proyectos, porque tendrán éxito seguro si tenemos a la perseverancia como bandera.

Me siento más que lista y entusiasmada de empezar un nuevo amanecer. Recomiendo algo de osadía y excentricidad que son atributos de este gallo de fuego.

“Las personas tenderán a cuestionarse mucho su existencia, en busca de ir superándose.”

Como siempre, un tiempo de introspección y visión interior nos viene más que bien para seguir caminando por nuestros sueños.

Te doy la bienvenida Gallo de Fuego!

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Darme a los demás

Puedo decir las cosas fuertes y claras, pero también puedo elegir decirlas a ritmo más suave aunque sea menos certera.

No necesariamente debo regalar dosis de sinceridad cruda. No todo el mundo la necesita.

Mis palabras pueden ser un arma letal de precisión milimétrica y, sin embargo, puedo disfrazarlas para no herir y evitar dar justo en el blanco.

Hacer lo que me da la gana, está bien, pero muchas veces puedo postergar mis propios deseos e ímpetu. Regalar mi tiempo. Ser compasiva. Frenar mis ganas. Gastar mi energía en eso que, tal vez, no me provoca tanto.

No siempre podemos hacer uso irrestricto de nuestra libertad, individualidad y vivir el momento.

YOLO no va a ser mi lema diario.

Además, creo que vivimos mil veces si nos damos a los demás con absoluta generosidad.

Si reservamos las ganas. Si administramos nuestra libertad. Si esperamos el momento. Si contamos hasta diez y después volvemos a contar.

Eso también está bien. Está mejor muchas veces.

Apaciguar el impulso. Medir los exabruptos. Ser un poquito egoístas con nosotros mismos para regalarle a los demás una versión mucho más empática.

Caminar en mis zapatos y en algunos que tal vez no me queden tan cómodos.

Hacer malabares. Agradar al resto. Sonreír sin tantas ganas para alegrarle el corazón al otro. Respirar tres veces y volver a contar despacio. Ser paciente para esperar mi turno. Ser paciente para esperar eso que todavía no me toca. No me llega aún.

Disfrutar eso que no necesariamente elegí.

Dejar que el otro elija y decidir que tal vez eligió mejor.

Como puse en otro post, no siempre soy yo la que escribe mejor el guión.

Si lo dejo en manos de Dios, estoy segura que una vez más me va a sorprender!

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Amar todo aquello que me pasa

Empiezo el año inspirada por tantos post que leo por ahí.

Menos esperar y mucho de soltar.

Aceptar lo que pasa, amar lo que me está pasando.

Esperar nada. Apreciar todo.

¿Podría ser este mi mantra para el 2017?

No sé. Puede ser. Al menos ahorita me hace todo el sentido del mundo.

Poner todo eso que leo y escucho por ahí en mí.

Practicarlo y así seguir vaciando la mochila de las expectativas.

Es un trabajo que vengo practicando a lo largo del año que se fue y quisiera seguirlo incorporando con más fuerza este año.

Las personas que me conocen saben que de las cosas que más me molestan en la vida es que no me contesten un mensaje. En cualquier forma que este vaya y no regrese : whatsapp, mail, llamada telefónica.

A botar esa costumbre mía de esperar exacta reciprocidad.

No todos tenemos el mismo ritmo, agenda o ganas para hacer o responder las cosas.

León hace un rato me dice que quiere ir a la casa de un amiguito y yo le digo, OK esperemos a que nos invite.

“No, mami. Escríbele tú a su mamá. Coordina para que eso pase”

Así de literal y simple.

Si quieres llamar, llama.

Si extrañas, dilo.

Si amas, demuéstralo.

Si quieres eso, has algo para que pase.

León se salta las “reglas” de protocolo y respira feliz ya dormidito a mi lado.

No entiende que las cosas deben hacerse en un orden. Felizmente que no lo entiende.

Me enseña a tomar la iniciativa. A no hacerme tantas paltas por las cosas.

A agarrar al toro por las astas sin preocuparme a que nos resulte o no.

Así empiezo mi 2017. Con ganas de caminar más sin zapatos, saltarme muchas reglas, juzgar poquito o casi nada. Apretar para abrazar. Mirar a los ojos aunque me pueda sonrojar. Prestar mucho más atención a los detalles pequeños y a las charlas simples.

Seguir haciendo las cosas con el mismo entusiasmo aunque no me salgan exactamente como espero.

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