¿Quién soy yo para hablar de sexo?

Una mujer de 43 años. Ama de casa. Casada hace 20 años con el mismo hombre.

Podría ser que no sea la más indicada para hablar de sexo. Ni la más experta.

Sin embargo, como tengo harto interés en el tema creo que el ejercicio vale y aquí lo comparto con ustedes.

Para poder hablar de sexo primero tengo que hablar de intimidad.

La intimidad con nuestra pareja es el factor que más deberíamos cuidar.

Y lo pongo en primera persona : Lo que más debo cuidar es la intimidad con mi pareja.

Cultivarla, fomentarla y atesorarla.

La última palabra puede sonar como too much, pero igual decido usarla.

Atesorar la manera como me relaciono con mi pareja y el detalle que ponemos en nuestro contacto cotidiano son la clave para mantener viva la llama.

Cuidar nuestra cotidianidad.

Tocar, besar, apachurrar, decir cosas bonitas, mirar a los ojos. Coquetear. Seducir.

Tal vez tan simple como rozar su mano o acariciar con la mirada.

Así es como de verdad empezamos a relacionarnos, a acercarnos y a permitir que pase cualquier cosa aunque no pase nada.

Aunque no pase nada, pasa mucho.

Toda esa suma de veces que nos acariciamos sutilmente, que nos miramos con amor, que nos hablamos con complicidad y nos escuchamos con ganas cuentan y mucho!

Vestirnos con una prenda linda (sólo para él) perfumarnos, afanarnos con nuestro arreglo y estar lindas solamente para esperarlo a cenar o tomar desayuno el domingo.

-No te pases! – me dicen algunas amigas.

– Que flojera!!!

Sin embargo, cuando vamos a salir con nuestras amigas o en grupo no nos da tanta flojera.

Al primero que le jalo las orejas cuando descuida su aspecto y parece que le da flojera ser cuidadoso con ciertos detalles es a mi esposo. Se las jalo a menudo porque me importa mucho y no quiero que nunca me deje de importar.

Estoy segura que él lo aprecia y cuando lea este post se va a sonrojar, pero sobre todo va a sonreír porque le encanta que hable de él.

Aunque sea un tema un tanto íntimo.

No importa. Decido tocarlo y compartirlo.

Lo he hecho con mis amigas. Les he compartido mi punto de vista y he recibido el suyo.

Lo que siempre sucede en estas conversaciones es que todas salimos ganando.

Debo confesar que tal vez el título de mi post es un poco engañoso.

No, no voy a hablar de relaciones sexuales, sexo a secas, posiciones, frecuencia ni ningún tema que pueda incomodar a alguien. (Me leen mis hijas, sus amigas, mi mamá y todavía conservo algo de pudor)

Sólo pongo la semillita y la inquietud sobre el tema que siempre anda dando vueltas por ahí.

¿Cuándo nos empieza a dar flojera?

¿Cuándo empezamos a dar por sentado que nuestro aspecto o cuidado personal no importa tanto?

¿Cuándo empezamos a descuidar los detalles?

Estoy segura que a todos nos ha pasado que en algunos momentos se ha empezado a apagar el fueguito. Las ganas.

Yo creo que la mejor terapia es regresar al principio y a lo básico.

No ir al ruedo sin preámbulos y por salir del paso.

¿Cómo éramos al principio?

¿Una salidita? ¿Una escapadita?

Creo que cualquier cosa que decidamos probar funciona sólo si lo hacemos con ganas y entusiasmo.

Y sí, tratemos de probar siempre muchas cosas nuevas!

Funciona desde para ver una serie de Netflix y la sutil diferencia de verla juntos, pero cada uno por su lado, o compartirla con complicidad…

La intimidad, ese contacto físico y emocional tan necesario, es la clave para seguir cultivando las ganas y renovarlas a diario.

Con esa actitud creo que ganamos todos y nuestra relación o experiencia sexual va a ser el resultado natural de toda esa suma de veces que nos vamos relacionando con amor.

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¿Qué me hace sentir incómoda?

Una mirada de más o una de menos.

Explayarme o quedarme corta de palabras.

Mis gestos inadecuados. En el momento que no es preciso.

Sentir que no encajo. Que trato y vuelvo a tratar.

Hay días así… que simplemente, no me hallo.

Que estoy incómoda, que piso raro, que mi voz suena más chillona o más bajita de lo que quisiera.

Que ciertas miradas no acompañan. Que no sé que decir.

Que lo que dije no decía lo que quería. No sonó tan bonito.

Que sigo tratando.

Por el contrario, qué me hace sentir cómoda, ser yo misma sin pedir disculpas?

Es verdad que últimamente no ando pidiendo excusas, pero quiero sentirme como cuando estás en zapatillas y con tu jean más cómodo.

Cuando estoy por el aeropuerto y veo a alguien a punto de viajar en tacos, amo mis zapatillas. Entiendo que nada en el mundo es más rico que sentirse cómoda.

Con esta analogía, que puede parecer algo light, es cómo quiero sentirme siempre : liviana, precisa.

Rebotar en mi sitio. Hacer sin pensar tanto. Libre. Cómoda.

Amar porque me da la gana y a quien me da la gana. Preguntar si no entiendo. Volver a preguntar si sigo sin entender. Cantar desafinado. Bailar sin tanto ritmo. Ser la más confiada. La más cursi y entregada. Seguir confiando. Incluir a todo el mundo. Esperar que me incluyan. Leer lo que me gusta varias veces. Ser repetitiva. Improvisar algún chiste. Arreglarme sin prisa. Sentirme linda y al rato no tanto. Buscar atención. Llamar la atención.

Y así, en el camino… mientras ando y des ando mis pasos sentirme a mis anchas.

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Gallo de Fuego

El 28 de enero cambiamos de año en el zodiaco chino.

Le damos la despedida al mono para recibir al gallo de fuego.

Rituales. Cambio de ciclo. Predicciones y muchas ganas de un nuevo amanecer.

El gallo es el signo de la madrugada y el despertar.

Imagino que este año el lema : a quien madruga Dios lo ayuda, será más que valido y acertado.

Leo con atención que en el 2017 el triunfo y el éxito sólo se podrá lograr a costa de mucho trabajo y paciencia.

Este comienzo del año lunar cae sábado y yo decido recibirlo con  los mejores rituales.

Me puse mi vestido rojo, regalé flores amarillas y celebré brindando con amigos y comiendo mandarinas luego de una deliciosa cena.

El color rojo es el color de suerte para los chinos y me parecía el indicado para darle la bienvenida al gallo de fuego. Las flores amarillas abren caminos y comer cítricos nos limpian y representan la buena cosecha.

Otra cosa que leo sobre este décimo animal del zodiaco, es que tiene las virtudes de la justicia, rectitud y transparencia.

Será buen momento de poner en marcha proyectos, porque tendrán éxito seguro si tenemos a la perseverancia como bandera.

Me siento más que lista y entusiasmada de empezar un nuevo amanecer. Recomiendo algo de osadía y excentricidad que son atributos de este gallo de fuego.

“Las personas tenderán a cuestionarse mucho su existencia, en busca de ir superándose.”

Como siempre, un tiempo de introspección y visión interior nos viene más que bien para seguir caminando por nuestros sueños.

Te doy la bienvenida Gallo de Fuego!

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Darme a los demás

Puedo decir las cosas fuertes y claras, pero también puedo elegir decirlas a ritmo más suave aunque sea menos certera.

No necesariamente debo regalar dosis de sinceridad cruda. No todo el mundo la necesita.

Mis palabras pueden ser un arma letal de precisión milimétrica y, sin embargo, puedo disfrazarlas para no herir y evitar dar justo en el blanco.

Hacer lo que me da la gana, está bien, pero muchas veces puedo postergar mis propios deseos e ímpetu. Regalar mi tiempo. Ser compasiva. Frenar mis ganas. Gastar mi energía en eso que, tal vez, no me provoca tanto.

No siempre podemos hacer uso irrestricto de nuestra libertad, individualidad y vivir el momento.

YOLO no va a ser mi lema diario.

Además, creo que vivimos mil veces si nos damos a los demás con absoluta generosidad.

Si reservamos las ganas. Si administramos nuestra libertad. Si esperamos el momento. Si contamos hasta diez y después volvemos a contar.

Eso también está bien. Está mejor muchas veces.

Apaciguar el impulso. Medir los exabruptos. Ser un poquito egoístas con nosotros mismos para regalarle a los demás una versión mucho más empática.

Caminar en mis zapatos y en algunos que tal vez no me queden tan cómodos.

Hacer malabares. Agradar al resto. Sonreír sin tantas ganas para alegrarle el corazón al otro. Respirar tres veces y volver a contar despacio. Ser paciente para esperar mi turno. Ser paciente para esperar eso que todavía no me toca. No me llega aún.

Disfrutar eso que no necesariamente elegí.

Dejar que el otro elija y decidir que tal vez eligió mejor.

Como puse en otro post, no siempre soy yo la que escribe mejor el guión.

Si lo dejo en manos de Dios, estoy segura que una vez más me va a sorprender!

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Amar todo aquello que me pasa

Empiezo el año inspirada por tantos post que leo por ahí.

Menos esperar y mucho de soltar.

Aceptar lo que pasa, amar lo que me está pasando.

Esperar nada. Apreciar todo.

¿Podría ser este mi mantra para el 2017?

No sé. Puede ser. Al menos ahorita me hace todo el sentido del mundo.

Poner todo eso que leo y escucho por ahí en mí.

Practicarlo y así seguir vaciando la mochila de las expectativas.

Es un trabajo que vengo practicando a lo largo del año que se fue y quisiera seguirlo incorporando con más fuerza este año.

Las personas que me conocen saben que de las cosas que más me molestan en la vida es que no me contesten un mensaje. En cualquier forma que este vaya y no regrese : whatsapp, mail, llamada telefónica.

A botar esa costumbre mía de esperar exacta reciprocidad.

No todos tenemos el mismo ritmo, agenda o ganas para hacer o responder las cosas.

León hace un rato me dice que quiere ir a la casa de un amiguito y yo le digo, OK esperemos a que nos invite.

“No, mami. Escríbele tú a su mamá. Coordina para que eso pase”

Así de literal y simple.

Si quieres llamar, llama.

Si extrañas, dilo.

Si amas, demuéstralo.

Si quieres eso, has algo para que pase.

León se salta las “reglas” de protocolo y respira feliz ya dormidito a mi lado.

No entiende que las cosas deben hacerse en un orden. Felizmente que no lo entiende.

Me enseña a tomar la iniciativa. A no hacerme tantas paltas por las cosas.

A agarrar al toro por las astas sin preocuparme a que nos resulte o no.

Así empiezo mi 2017. Con ganas de caminar más sin zapatos, saltarme muchas reglas, juzgar poquito o casi nada. Apretar para abrazar. Mirar a los ojos aunque me pueda sonrojar. Prestar mucho más atención a los detalles pequeños y a las charlas simples.

Seguir haciendo las cosas con el mismo entusiasmo aunque no me salgan exactamente como espero.

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Alimentación Consciente

A mi me gustan las curvas. Será porque de adolescente era bastante flaca y más de una vez me gritaron por ahí : oye flaca, ponle una papa más al caldo.

La flacura extrema no me parece saludable, atractiva y mucho menos sexy.

Sin embargo, entre gustos y colores…

La clave, más allá de gustos o modas, está en sentirnos cómodas con nuestro cuerpo. Quererlo y aceptarlo. Eso se siente y se trasmite. Nos planta en el mundo como mujeres más seguras y atractivas.

Amar nuestro cuerpo. Aprender a conocerlo para tratarlo adecuadamente. Para darle lo que necesita y le hace bien.

Las dietas, ese régimen alimenticio al que casi todas nos hemos sometido alguna vez, nos llenan de stress y no son sostenibles en ningún caso.

Someter a nuestro cuerpo a una alimentación en la que no necesariamente creemos sólo nos llenará de frustración y angustia. Seguir instrucciones dictadas por algún buen nutricionista, por internet o por alguna amiga nos puede hacer perder kilos, pero el chip en nuestra cabeza seguirá siendo el mismo.

“Para cambiar tu cuerpo primero debes cambiar tu mente”

La diferencia puede ser abismal y sostenible cuando empezamos a escuchar a nuestro cuerpo.

Hábitos alimenticios saludables versus dieta estricta.

Los hábitos se crean poco a poco en base a tener consciencia e interés.

Prestar atención a esas pequeñas señales que nos manda nuestro cuerpo.

¿qué me pide mi cuerpo hoy?

En mi caso descubrí que mucho dulce ya no me cae bien. Ingerir carbohidratos en la noche, tampoco.

Grasas buenas como la palta, aceite de oliva y frutos secos operan de maravilla en mi cuerpo y sé con sustento científico que las mujeres necesitamos más de esta grasa. Nos aportan agilidad mental, nos hacen lucir más saludables, mantener un cutis más lozano y un cabello más fuerte y brillante.

¿Qué te hace a ti sentir bien y con energía?

Existen, además, hábitos saludables (mindfulness eating) que pueden acompañar nuestra rutina alimenticia :

-Tomar consciencia –prestar atención- de los nutrientes y vitaminas que vamos a ingerir hacen que nuestro cuerpo los asimile mucho mejor.

– Comer a un ritmo moderado nos permite el disfrute y crear la sensación de saciedad más eficientemente.

– Saborear cada bocado nos permite estar conectados con todos nuestros sentidos (olor, color, sabor y textura de todo lo que ingerimos) y hacer de ese momento algo mucho más rico y especial.

La idea, más allá de modas o kilos, es sentirnos cómodas con nuestro cuerpo y hacer de la alimentación nuestra aliada para lograr ese maravilloso balance entre cuerpo y mente.

El poder que le doy a los otros

El poder que yo le doy a los otros es mi entera responsabilidad. Es como si vertiera un polvito mágico sobre ciertas situaciones o algunas personas y su relevancia e importancia se intensificara. Es como si yo ingiriera una pastilla de chiquitolina y me redujera a mi mínima expresión. Me quedo desarmada. Mi poder lo entrego, ya no me pertenece.

Mi día, mi sonrisa, mi felicidad, mi vida entera parecen depender de un sólo hecho o una sola persona y yo quedo atollada en arenas movedizas, sin poder accionar.

Paralizada.

“La expectativa es la raíz de todos los dolores de corazón”

Las cosas me afectan en la medida que yo dejo que me afecten.

¿Cuánto poder le estoy dando al otro?

Se me aparece Isa : Madre, otra vez esperando mucho de los demás.

Se me aparece Edu : Bebé, aflojá… por qué te afecta tanto?

Todos hacen lo mejor que pueden. No te lo tomes personal.

No te tomes nada personal es uno de los cuatro acuerdos que tengo tatuado en algún lugar de mi mente. Un lugar -a veces- remoto que intento visitar cuando me empiezo a frustrar.

Y yo, que pretendo saber de emociones, me digo que si me frustro es porque intento, intento y vuelvo a intentar. Con más o menos éxito, pero no deja de ser un esfuerzo el querer, desear o imaginar que los otros van a corresponder como yo espero que lo hagan. Que las cosas van a salir como planifiqué que salgan.

¿Cuántas veces nos quedamos pegados a un hecho negativo o enganchados a personas con comportamientos tóxicos sin poder accionar?

¿Está en nuestras manos cambiar el dial o estamos esperando que el otro lo cambie?

En esta analogía  ilustro nuestro poder de acción frente al del otro : ¿Yo tengo el control o se lo doy a otros?

¿Dejo que las acciones de los demás afecten mi vida? ¿Dejo que una palabra de más o una de menos nuble mi día?

¿De verdad le estoy dando ese poder a los otros?

El tono de voz, el ánimo en la mirada, el sub texto de las palabras, la intención y el ritmo nos constituyen cuando inter actuámos con el otro. En todo eso yo tengo el poder como emisario. Yo pongo el color y melodía. El receptor pone lo suyo y sobre eso no puedo pretender tener el poder ni el control.

Es claro que puedo influenciar y afectar y es ahí donde debo poner el foco y mi energía. En lo que estoy dando y no en lo que estoy esperando recibir.

Yo soy la responsable de mis actos. Sólo sobre ese accionar tengo poder.

La idea es tener la perspectiva clara para no confundir los hechos que nos suceden con las expectativas que tenemos de ellos.

La realidad se estrella con esa fantasía que creamos en nuestra cabeza. El color no es exactamente como lo imaginé.

Sólo mi propia realidad puede ser pintada del tono que se me antoje y más me guste. El color del exterior ya está determinado, lo contagio, lo tiño y así me fundo en un mundo que me gusta más.

Me aparto, me corro y, así, también ejerzo mi derecho y mi poder.

“Todo empieza y termina en nuestra mente. A lo que le das poder, tiene poder sobre ti”

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