¿Qué me hace sentir incómoda?

Una mirada de más o una de menos.

Explayarme o quedarme corta de palabras.

Mis gestos inadecuados. En el momento que no es preciso.

Sentir que no encajo. Que trato y vuelvo a tratar.

Hay días así… que simplemente, no me hallo.

Que estoy incómoda, que piso raro, que mi voz suena más chillona o más bajita de lo que quisiera.

Que ciertas miradas no acompañan. Que no sé que decir.

Que lo que dije no decía lo que quería. No sonó tan bonito.

Que sigo tratando.

Por el contrario, qué me hace sentir cómoda, ser yo misma sin pedir disculpas?

Es verdad que últimamente no ando pidiendo excusas, pero quiero sentirme como cuando estás en zapatillas y con tu jean más cómodo.

Cuando estoy por el aeropuerto y veo a alguien a punto de viajar en tacos, amo mis zapatillas. Entiendo que nada en el mundo es más rico que sentirse cómoda.

Con esta analogía, que puede parecer algo light, es cómo quiero sentirme siempre : liviana, precisa.

Rebotar en mi sitio. Hacer sin pensar tanto. Libre. Cómoda.

Amar porque me da la gana y a quien me da la gana. Preguntar si no entiendo. Volver a preguntar si sigo sin entender. Cantar desafinado. Bailar sin tanto ritmo. Ser la más confiada. La más cursi y entregada. Seguir confiando. Incluir a todo el mundo. Esperar que me incluyan. Leer lo que me gusta varias veces. Ser repetitiva. Improvisar algún chiste. Arreglarme sin prisa. Sentirme linda y al rato no tanto. Buscar atención. Llamar la atención.

Y así, en el camino… mientras ando y des ando mis pasos sentirme a mis anchas.

FullSizeRender (5)

Anuncios

Yo creo en la magia

No de varitas mágicas, unicornios de sangre plata o hechizos de libro.

Creo en las recetas de amor, en los consejos de oro y en pensar tanto en una persona y con todo el corazón que aparece sin remedio. Si cierro los ojos y le mando toda mi luz, recibiré de ella una evidencia certera.

Creo en poner tu mano en eso que duele mucho y lograr que el dolor se atenúe hasta casi desaparecer.

Creo, sobre todo, en las buenas intenciones; esas que de tan cargadas de vibra excepcional hacen que las cosas sucedan. Que las cosas se acomoden. Encuentren su rumbo y lleguen a su exacto destino.

En querer tanto algo que se materializa de alguna forma y sin razones precisas.

Creo en esperar con paciencia indicada a que eso llegue y cuando llega en el instante justo, tengo la maravillosa certidumbre que era cuando tenía que llegar. Ni un minuto antes, ni uno después.

“En un ser humano existe una anatomía real y otra poética. Una se ve, la otra no. Una está hecha de dientes, huesos y carne. La otra está hecha de energía, memoria y fe”

Ayer cuando escribía este post me encontré con este bello texto en el muro de una amiga.

Cuando uno busca una señal, la encuentra.

Cuando estás en apertura, recibes.

Cuando estás en tu centro, confiada, sabiendo que el universo conspira a tu favor, ya nada puede ir mal.

Eso que no te gusta tanto se convierte en aprendizaje.

Ese NO en Nuevas Oportunidades.

Tus detractores en maestros.

Las decepciones en dosis extra de fortaleza para nuestro ser.

Estoy todos los días con mi hija mayor aunque ella vive hace 5 años fuera del país. Mi conexión con ella pasa más allá del Skype, whatsapp o snap chat.

Nos damos la mano antes de dormir. Presiento sus miedos, celebro su coraje y la acompaño cuando hace mucho frío.

Ninguna distancia jamás nos separa por eso siempre le digo que no la puedo extrañar.

Para mí eso es magia pura.

Un beso a tiempo.

La palabra precisa que llega a través de la lectura del tarot o de un amigo lejano que nos dice algo que da en el blanco. Justo cuando lo necesitamos escuchar.

La magia sucede cuando estamos completamente conectados con nosotros mismos y a la vez un poco desenchufados de nuestra cabecita.

Cuando soltamos. Creemos. Confiamos y nos dejamos llevar.

Cuando somos un sí a la vida.

Cuando nos atrevemos a dejar ese problema que no podemos resolver para el día siguiente. Lo envolvemos con algún papel de color, lo metemos en nuestra mesita de noche, prometemos no tocarlo hasta el día siguiente.

Y sí, les aseguro que sucede, al día siguiente (a veces puede tomar más de 12 horas hay que ser paciente y tener mucha fe) el problema ya no es problema porque halló alguna solución que a nosotros no se nos ocurrió.

Y así podemos andar más livianos por el mundo, sabiendo que no tenemos que resolver todo ni controlar mucho.

Hay magia alrededor, hay duendes hermosos que vienen a ayudarnos y aliviarnos de tanto trajín. Hay manos amorosas. Corazones compasivos. Sonrisas sanadoras. Miradas que transportan. Misterio y magia pura en esta vida si nos atrevemos a saltar y a cerrar los ojos más a menudo.

b4d16af3e9b6616901afd7e28e5c7ab9

 

Gallo de Fuego

El 28 de enero cambiamos de año en el zodiaco chino.

Le damos la despedida al mono para recibir al gallo de fuego.

Rituales. Cambio de ciclo. Predicciones y muchas ganas de un nuevo amanecer.

El gallo es el signo de la madrugada y el despertar.

Imagino que este año el lema : a quien madruga Dios lo ayuda, será más que valido y acertado.

Leo con atención que en el 2017 el triunfo y el éxito sólo se podrá lograr a costa de mucho trabajo y paciencia.

Este comienzo del año lunar cae sábado y yo decido recibirlo con  los mejores rituales.

Me puse mi vestido rojo, regalé flores amarillas y celebré brindando con amigos y comiendo mandarinas luego de una deliciosa cena.

El color rojo es el color de suerte para los chinos y me parecía el indicado para darle la bienvenida al gallo de fuego. Las flores amarillas abren caminos y comer cítricos nos limpian y representan la buena cosecha.

Otra cosa que leo sobre este décimo animal del zodiaco, es que tiene las virtudes de la justicia, rectitud y transparencia.

Será buen momento de poner en marcha proyectos, porque tendrán éxito seguro si tenemos a la perseverancia como bandera.

Me siento más que lista y entusiasmada de empezar un nuevo amanecer. Recomiendo algo de osadía y excentricidad que son atributos de este gallo de fuego.

“Las personas tenderán a cuestionarse mucho su existencia, en busca de ir superándose.”

Como siempre, un tiempo de introspección y visión interior nos viene más que bien para seguir caminando por nuestros sueños.

Te doy la bienvenida Gallo de Fuego!

cdn1-uvnimg

Darme a los demás

Puedo decir las cosas fuertes y claras, pero también puedo elegir decirlas a ritmo más suave aunque sea menos certera.

No necesariamente debo regalar dosis de sinceridad cruda. No todo el mundo la necesita.

Mis palabras pueden ser un arma letal de precisión milimétrica y, sin embargo, puedo disfrazarlas para no herir y evitar dar justo en el blanco.

Hacer lo que me da la gana, está bien, pero muchas veces puedo postergar mis propios deseos e ímpetu. Regalar mi tiempo. Ser compasiva. Frenar mis ganas. Gastar mi energía en eso que, tal vez, no me provoca tanto.

No siempre podemos hacer uso irrestricto de nuestra libertad, individualidad y vivir el momento.

YOLO no va a ser mi lema diario.

Además, creo que vivimos mil veces si nos damos a los demás con absoluta generosidad.

Si reservamos las ganas. Si administramos nuestra libertad. Si esperamos el momento. Si contamos hasta diez y después volvemos a contar.

Eso también está bien. Está mejor muchas veces.

Apaciguar el impulso. Medir los exabruptos. Ser un poquito egoístas con nosotros mismos para regalarle a los demás una versión mucho más empática.

Caminar en mis zapatos y en algunos que tal vez no me queden tan cómodos.

Hacer malabares. Agradar al resto. Sonreír sin tantas ganas para alegrarle el corazón al otro. Respirar tres veces y volver a contar despacio. Ser paciente para esperar mi turno. Ser paciente para esperar eso que todavía no me toca. No me llega aún.

Disfrutar eso que no necesariamente elegí.

Dejar que el otro elija y decidir que tal vez eligió mejor.

Como puse en otro post, no siempre soy yo la que escribe mejor el guión.

Si lo dejo en manos de Dios, estoy segura que una vez más me va a sorprender!

2dd9199e3ef0aa43e6678f27f66191f2

Amar todo aquello que me pasa

Empiezo el año inspirada por tantos post que leo por ahí.

Menos esperar y mucho de soltar.

Aceptar lo que pasa, amar lo que me está pasando.

Esperar nada. Apreciar todo.

¿Podría ser este mi mantra para el 2017?

No sé. Puede ser. Al menos ahorita me hace todo el sentido del mundo.

Poner todo eso que leo y escucho por ahí en mí.

Practicarlo y así seguir vaciando la mochila de las expectativas.

Es un trabajo que vengo practicando a lo largo del año que se fue y quisiera seguirlo incorporando con más fuerza este año.

Las personas que me conocen saben que de las cosas que más me molestan en la vida es que no me contesten un mensaje. En cualquier forma que este vaya y no regrese : whatsapp, mail, llamada telefónica.

A botar esa costumbre mía de esperar exacta reciprocidad.

No todos tenemos el mismo ritmo, agenda o ganas para hacer o responder las cosas.

León hace un rato me dice que quiere ir a la casa de un amiguito y yo le digo, OK esperemos a que nos invite.

“No, mami. Escríbele tú a su mamá. Coordina para que eso pase”

Así de literal y simple.

Si quieres llamar, llama.

Si extrañas, dilo.

Si amas, demuéstralo.

Si quieres eso, has algo para que pase.

León se salta las “reglas” de protocolo y respira feliz ya dormidito a mi lado.

No entiende que las cosas deben hacerse en un orden. Felizmente que no lo entiende.

Me enseña a tomar la iniciativa. A no hacerme tantas paltas por las cosas.

A agarrar al toro por las astas sin preocuparme a que nos resulte o no.

Así empiezo mi 2017. Con ganas de caminar más sin zapatos, saltarme muchas reglas, juzgar poquito o casi nada. Apretar para abrazar. Mirar a los ojos aunque me pueda sonrojar. Prestar mucho más atención a los detalles pequeños y a las charlas simples.

Seguir haciendo las cosas con el mismo entusiasmo aunque no me salgan exactamente como espero.

captura-de-pantalla-2017-01-04-a-las-0-12-59

 

Y sí nos mimáramos más…

Alessa, mi hija de 22 años, me contó de un hermoso encuentro que tuvo con una chica australiana en el baño de una discoteca en Dubrovnik.

Ale se quedó admirando su hermoso cabello lleno de rizos color miel y se lo dijo.

La chica australiana también le alabó su cabello. El de Alessa es lacio y de color caoba.

Luego la chica le pidió un abrazo y por unos segundos estuvieron fundidas en el calor de su piel, la mezcla agri dulce del sudor de la noche cálida y los latidos de dos corazones que latían un poco más quietos.

La ternura es la única emoción que permite que nuestro corazón palpite más lento que de costumbre.

Alessa de Perú y la chica de Australia seguro no se volverán a ver, pero eso no importa. Por unos segundos conectaron y se encontraron en un momento de máxima apertura y sensibilidad.

¿Cuántas veces nos decimos cosas amables entre nosotras?

¿Cuánto nos levantamos la moral, nos abrazamos, nos mimamos y nos miramos con amor?

En realidad, no siempre somos compasivas y amables entre nosotras.

Más bien, muchas veces, nos tratamos con poca delicadeza o bastante rudeza. Somos competitivas. Nos criticamos y juzgamos.

Un ejemplo banal y cotidiano –bastante recurrente- es cuando admiramos la vestimenta de otra mujer y sólo la miramos de un modo que puede ser para la otra difícil de interpretar.

¿Por qué no nos mimamos un poquito más?

¿Por qué nos cuesta tanto decirnos cosas lindas?

¿No estamos acaso en el mismo bando? ¿No pertenecemos a una misma tribu, a una sola especie?

Las mujeres tenemos la capacidad de curarnos entre nosotras. Elevarnos. Abrazarnos. Empoderarnos las unas a las otras.

En una conferencia de la universidad de Stanford se recalcó la importancia de que las mujeres nos proporcionemos sistemas de apoyo para lidiar con el stress y las experiencias difíciles de la vida. Esa cualidad “tiempo entre nosotras” nos ayuda a fabricar más serotonina que combate la depresión y produce una sensación general de bienestar.

Y es que la amistad y hermandad entre mujeres puede ser esa fuerza poderosa que tanto necesita el mundo para volverse un lugar mucho más fácil donde transitar y habitar. Un lugar más amigable que nos ayude a curar nuestras heridas.

Nosotras tenemos la capacidad de impregnar a este mundo con esa ternura que tanto nos hace falta.

Empecemos por regalárnolas entre nosotras.

Alguna vez las mujeres nos importamos.

Alguna vez las mujeres nos respetamos

Alguna vez las mujeres caminamos juntas
Alguna vez las mujeres nos encontramos y nos escuchamos
Y fuimos brujas y fuimos magas…
Nos tomamos de la mano y mezclamos luz de luna
Corrimos desnudas y nos vestimos de viento sur
Bebimos del mismo néctar y nuestros cabellos danzaron juntos…

(De Mujeres que Corren con Los Lobos)

Érase una vez que las mujeres recolectábamos alimentos, cocinábamos y criábamos a los niños todas juntas. Nuestras vidas estaban más unidas e inter conectadas, y éramos fuente de fortaleza y consuelo entre nosotras.

¿Cuándo se perdió eso?

Es verdad, y lo veo en FB, que ahora otra vez las mujeres se reúnen, viajan en grupo, tienen panderos, marchan solidarias por una causa.

Sin embargo, no sé que tan conectadas estamos realmente. Cuánto vibramos el sueño de la otra. Cuánto comprendemos que una flor florece más si tiene a una igual o más hermosa a su lado.

No necesitamos apagar el brillo de la otra para seguir brillando.

Unirnos por un fin común, como antes, cuando las mujeres danzaban en tribu alrededor del fuego y se trasmitían energía de sabiduría cuando alguna paria.

Tradiciones como la tienda roja, donde se reunían durante la menstruación para estar juntas, mientras los ciclos menstruales se sincronizaban, son cosas del pasado. Sin embargo, soñar con nuestra re conexión y recuperación de nuestra hermandad no es una utopía.

No es una utopía. Yo siento esperanza cuando mi hija me habla de la necesidad de conectarse y encontrarse de verdad con otras mujeres. Cuando se conmueve hasta las lágrimas por un abrazo con una chica desconocida, pero que pertenece a su misma especie.

mujeres-bailando

 

 

 

 

Mi Principito

Muchas veces no tengo paciencia.

No la suficiente como para recibir el ímpetu de su ser.

Siento que me falta tiempo y energía para estar a su disposición.

Eso me hace sentir mal y decepcionada con mi rol de madre.

Estoy fallando, no me lo puedo dejar de decir.

Algo no está bien cuando veo su frustración que se mezcla con la mía y en un círculo vicioso nos empezamos a enrollar.

Una amiga, experta en educación, me recomienda que me lo lleve a una cita a solas. Él y yo nos vamos a almorzar solos al lugar que él elige sin dudar : La 73.

León, mi hijo hermoso de 4 años, está emocionado porque nos vamos caminando a la 73, un restaurante que él sabe que a mi me encanta y por eso lo elige y se siente guapísimo cuando se pone una casaca de jean igual a la mía.

En nuestra cita todo va bien y entre nuestros refrescos y los churros de postre nos empezamos a entender.

“Sólo necesita tu atención, la dosis extra de amor nunca fallan”

Me debato entre darle amor a borbotones o ponerle límites claros y bien definidos a mi hijo que parece estar observando cómo la hago de mamá.

¿Me está evaluando él o, en realidad, lo hago yo?

Me imagino que no hay un examen que pasar, que no lo hacemos bien o mal, si no lo mejor que podemos.

Sin embargo, no es tan fácil cuando sientes que el tema se descontrola. Cuando tu hijo pasa rápidamente la frontera de ser encantador a ser caprichoso. Cuando patalea, hace berrinche y reclama a gritos; límites.

Después de darle varias vueltas y mientras comparto este post como catarsis, siento que ponerle límites y prestarle atención es exactamente lo mismo.

Eso es lo que quiere León y ahorita no sé bien como dárselo.

Claro que le presto atención. Eso creo.

Tal vez, lo que sucede, es que estoy prestando mucho más atención en cómo me siento yo, en cómo esto me hace sentir a mi… Mi atención está mucho más en la situación que en el propio León.

Mi energía está en la frustración, en el miedo a fallar. Si cambio mi energía todo fluye. Si vibro amor y sintonizo con él nos podemos encontrar y danzar en la misma frecuencia.

Tal vez, sólo por hoy, basta con abrazarlo más fuerte, cancelar cualquier cita y tirarme con él a la cama a leerle su cuento favorito.

 “Corazón de mi corazón que me haces palpitar. Cada momento de despertar y darme cuenta que no hay más que detenerme y respirar y dar un paso a la vez y nada más”

Hoy me sirve mucho la estrofa de esta bella canción de Mirabai Ceiba.

Como con todo en la vida, con León, también me sirve hacerlo poco a poco. Un paso a la vez y respirar y volver a respirar porque voy a ser madre toda la vida y él va a ser niño sólo muy poco tiempo más.

león