Mi Principito

Muchas veces no tengo paciencia.

No la suficiente como para recibir el ímpetu de su ser.

Siento que me falta tiempo y energía para estar a su disposición.

Eso me hace sentir mal y decepcionada con mi rol de madre.

Estoy fallando, no me lo puedo dejar de decir.

Algo no está bien cuando veo su frustración que se mezcla con la mía y en un círculo vicioso nos empezamos a enrollar.

Una amiga, experta en educación, me recomienda que me lo lleve a una cita a solas. Él y yo nos vamos a almorzar solos al lugar que él elige sin dudar : La 73.

León, mi hijo hermoso de 4 años, está emocionado porque nos vamos caminando a la 73, un restaurante que él sabe que a mi me encanta y por eso lo elige y se siente guapísimo cuando se pone una casaca de jean igual a la mía.

En nuestra cita todo va bien y entre nuestros refrescos y los churros de postre nos empezamos a entender.

“Sólo necesita tu atención, la dosis extra de amor nunca fallan”

Me debato entre darle amor a borbotones o ponerle límites claros y bien definidos a mi hijo que parece estar observando cómo la hago de mamá.

¿Me está evaluando él o, en realidad, lo hago yo?

Me imagino que no hay un examen que pasar, que no lo hacemos bien o mal, si no lo mejor que podemos.

Sin embargo, no es tan fácil cuando sientes que el tema se descontrola. Cuando tu hijo pasa rápidamente la frontera de ser encantador a ser caprichoso. Cuando patalea, hace berrinche y reclama a gritos; límites.

Después de darle varias vueltas y mientras comparto este post como catarsis, siento que ponerle límites y prestarle atención es exactamente lo mismo.

Eso es lo que quiere León y ahorita no sé bien como dárselo.

Claro que le presto atención. Eso creo.

Tal vez, lo que sucede, es que estoy prestando mucho más atención en cómo me siento yo, en cómo esto me hace sentir a mi… Mi atención está mucho más en la situación que en el propio León.

Mi energía está en la frustración, en el miedo a fallar. Si cambio mi energía todo fluye. Si vibro amor y sintonizo con él nos podemos encontrar y danzar en la misma frecuencia.

Tal vez, sólo por hoy, basta con abrazarlo más fuerte, cancelar cualquier cita y tirarme con él a la cama a leerle su cuento favorito.

 “Corazón de mi corazón que me haces palpitar. Cada momento de despertar y darme cuenta que no hay más que detenerme y respirar y dar un paso a la vez y nada más”

Hoy me sirve mucho la estrofa de esta bella canción de Mirabai Ceiba.

Como con todo en la vida, con León, también me sirve hacerlo poco a poco. Un paso a la vez y respirar y volver a respirar porque voy a ser madre toda la vida y él va a ser niño sólo muy poco tiempo más.

león

Mi Principito

Muchas veces no tengo paciencia.

No la suficiente como para recibir el ímpetu de su ser.

Siento que me falta tiempo y energía para estar a su disposición.

Eso me hace sentir mal y decepcionada con mi rol de madre.

Estoy fallando, no me lo puedo dejar de decir.

Algo no está bien cuando veo su frustración que se mezcla con la mía y en un círculo vicioso nos empezamos a enrollar.

Una amiga, experta en educación, me recomienda que me lo lleve a una cita a solas. Él y yo nos vamos a almorzar solos al lugar que él elige sin dudar : La 73.

León, mi hijo hermoso de 4 años, está emocionado porque nos vamos caminando a la 73, un restaurante que él sabe que a mi me encanta y por eso lo elige y se siente guapísimo cuando se pone una casaca de jean igual a la mía.

En nuestra cita todo va bien y entre nuestros refrescos y los churros de postre nos empezamos a entender.

“Sólo necesita tu atención, la dosis extra de amor nunca fallan”

Me debato entre darle amor a borbotones o ponerle límites claros y bien definidos a mi hijo que parece estar observando cómo la hago de mamá.

¿Me está evaluando él o, en realidad, lo hago yo?

Me imagino que no hay un examen que pasar, que no lo hacemos bien o mal, si no lo mejor que podemos.

Sin embargo, no es tan fácil cuando sientes que el tema se descontrola. Cuando tu hijo pasa rápidamente la frontera de ser encantador a ser caprichoso. Cuando patalea, hace berrinche y reclama a gritos; límites.

Después de darle varias vueltas y mientras comparto este post como catarsis, siento que ponerle límites y prestarle atención es exactamente lo mismo.

Eso es lo que quiere León y ahorita no sé bien como dárselo.

Claro que le presto atención. Eso creo.

Tal vez, lo que sucede, es que estoy prestando mucho más atención en cómo me siento yo, en cómo esto me hace sentir a mi… Mi atención está mucho más en la situación que en el propio León.

Mi energía está en la frustración, en el miedo a fallar. Si cambio mi energía todo fluye. Si vibro amor y sintonizo con él nos podemos encontrar y danzar en la misma frecuencia.

Tal vez, sólo por hoy, basta con abrazarlo más fuerte, cancelar cualquier cita y tirarme con él a la cama a leerle su cuento favorito.

 “Corazón de mi corazón que me haces palpitar. Cada momento de despertar y darme cuenta que no hay más que detenerme y respirar y dar un paso a la vez y nada más”

Hoy me sirve mucho la estrofa de esta bella canción de Mirabai Ceiba.

Como con todo en la vida, con León, también me sirve hacerlo poco a poco. Un paso a la vez y respirar y volver a respirar porque voy a ser madre toda la vida y él va a ser niño sólo muy poco tiempo más.

león

Alimentación Consciente

A mi me gustan las curvas. Será porque de adolescente era bastante flaca y más de una vez me gritaron por ahí : oye flaca, ponle una papa más al caldo.

La flacura extrema no me parece saludable, atractiva y mucho menos sexy.

Sin embargo, entre gustos y colores…

La clave, más allá de gustos o modas, está en sentirnos cómodas con nuestro cuerpo. Quererlo y aceptarlo. Eso se siente y se trasmite. Nos planta en el mundo como mujeres más seguras y atractivas.

Amar nuestro cuerpo. Aprender a conocerlo para tratarlo adecuadamente. Para darle lo que necesita y le hace bien.

Las dietas, ese régimen alimenticio al que casi todas nos hemos sometido alguna vez, nos llenan de stress y no son sostenibles en ningún caso.

Someter a nuestro cuerpo a una alimentación en la que no necesariamente creemos sólo nos llenará de frustración y angustia. Seguir instrucciones dictadas por algún buen nutricionista, por internet o por alguna amiga nos puede hacer perder kilos, pero el chip en nuestra cabeza seguirá siendo el mismo.

“Para cambiar tu cuerpo primero debes cambiar tu mente”

La diferencia puede ser abismal y sostenible cuando empezamos a escuchar a nuestro cuerpo.

Hábitos alimenticios saludables versus dieta estricta.

Los hábitos se crean poco a poco en base a tener consciencia e interés.

Prestar atención a esas pequeñas señales que nos manda nuestro cuerpo.

¿qué me pide mi cuerpo hoy?

En mi caso descubrí que mucho dulce ya no me cae bien. Ingerir carbohidratos en la noche, tampoco.

Grasas buenas como la palta, aceite de oliva y frutos secos operan de maravilla en mi cuerpo y sé con sustento científico que las mujeres necesitamos más de esta grasa. Nos aportan agilidad mental, nos hacen lucir más saludables, mantener un cutis más lozano y un cabello más fuerte y brillante.

¿Qué te hace a ti sentir bien y con energía?

Existen, además, hábitos saludables (mindfulness eating) que pueden acompañar nuestra rutina alimenticia :

-Tomar consciencia –prestar atención- de los nutrientes y vitaminas que vamos a ingerir hacen que nuestro cuerpo los asimile mucho mejor.

– Comer a un ritmo moderado nos permite el disfrute y crear la sensación de saciedad más eficientemente.

– Saborear cada bocado nos permite estar conectados con todos nuestros sentidos (olor, color, sabor y textura de todo lo que ingerimos) y hacer de ese momento algo mucho más rico y especial.

La idea, más allá de modas o kilos, es sentirnos cómodas con nuestro cuerpo y hacer de la alimentación nuestra aliada para lograr ese maravilloso balance entre cuerpo y mente.

ayyy madre… otra vez esperando mucho de los demás!

No sé si ya lo toqué en otro post, pero a este tema le encuentro harto sabor familiar.

Se me repite a menudo, me causa sin sabores, me predispone, indispone y me enfrenta con la vida. De manera frontal y abrupta. Me doy cuenta, ahora que lo empiezo a anotar, que ese exceso de expectativa sólo me llevará de decepción en decepción y no me permitirá disfrutar de ese devenir caótico que a veces trae la vida. Las cosas no van a hacer como yo quiero que sean. Las personas no necesariamente se van a comportar como yo quiero que se comporten.

Lo converso con Isa, le cuento de mis tribulaciones, de mi última desazón… esa que en real perspectiva no tiene importancia alguna, pero que a mi me deja descorazonada. Así, como un patito mojado, al que hay que abrazar y secarle la pena. Isa me escucha, pero no es condescendiente conmigo. Se lo agradezco mientras leo su whatsapp : ayyy madre… otra vez esperando mucho de los demás!

Le tomo una foto a la pantalla, ya sé que va a ser el siguiente tema para mi post. Espera menos, sorpréndete más! – me aconseja Isa durante un break en su cole. Isabella siempre es precisa, certera en sus comentarios y en la vida misma. No se hace demasiadas paltas. No se hace rollos, no le da tantas vueltas a las cosas y entonces, así, no termina enredada.

“La expectativa es la raíz de todos los dolores de corazón” – leo en uno de los tantos mensajes que navegan en FB. Abrir el paraguas, blindarme un poco o simplemente esperar menos. Eso señala el mensaje, a eso apunta este post, eso trato de hacer sin mucho éxito ante la mirada de advertencia de mi familia. Me miran, inclinan la cabeza con incredulidad cuando regreso a ellos con el corazón adolorido. Lo peor de todo es que soy buenísima para pregonarlo, regalarlo y hasta exponerlo ante los demás.

En todas nuestras relaciones, desde la más superficial a la más cercana, cada uno de los involucrados espera que el otro se comporte de “esa” determinada manera. Que no suceda nos duele y nos predispone a no estar bien… a no estar bien con la otra persona, pero sobre todo a no estar bien con nosotros mismos. Esa forma de vivir la relación por anticipado, con todos nuestros deseos y suposiciones de lo que “debería” ser… hace que nos relacionemos con los demás de manera irreal y condicionada con lo que queremos y no con lo que es.

Frustración, resentimiento, decepción son algunas de las palabras que nos regala el exceso de expectativa. Algo así como querer tener el control de lo que va a suceder. El control del accionar y reaccionar de X individuo. No, así no funciona (y además sería muy aburrido). Todo lo contrario de soltar y esperar desde la esperanza y el fluir natural de los acontecimientos. Converso con una amiga que nosotros, los simples mortales, no somos los mejores guionistas de la vida. Eso que quiero que me pase no es necesariamente lo mejor para mi. Eso que quiero que me digan no es necesariamente lo que necesito escuchar… Mejor suelto, lo dejo al libre albedrío. Me mantengo con fe en esas cosas caprichosas que nos suceden y que nos llevan y nos ponen exactamente en ese lugar maravilloso donde tenemos que estar. feature_image_template42-620x400