Darme a los demás

Puedo decir las cosas fuertes y claras, pero también puedo elegir decirlas a ritmo más suave aunque sea menos certera.

No necesariamente debo regalar dosis de sinceridad cruda. No todo el mundo la necesita.

Mis palabras pueden ser un arma letal de precisión milimétrica y, sin embargo, puedo disfrazarlas para no herir y evitar dar justo en el blanco.

Hacer lo que me da la gana, está bien, pero muchas veces puedo postergar mis propios deseos e ímpetu. Regalar mi tiempo. Ser compasiva. Frenar mis ganas. Gastar mi energía en eso que, tal vez, no me provoca tanto.

No siempre podemos hacer uso irrestricto de nuestra libertad, individualidad y vivir el momento.

YOLO no va a ser mi lema diario.

Además, creo que vivimos mil veces si nos damos a los demás con absoluta generosidad.

Si reservamos las ganas. Si administramos nuestra libertad. Si esperamos el momento. Si contamos hasta diez y después volvemos a contar.

Eso también está bien. Está mejor muchas veces.

Apaciguar el impulso. Medir los exabruptos. Ser un poquito egoístas con nosotros mismos para regalarle a los demás una versión mucho más empática.

Caminar en mis zapatos y en algunos que tal vez no me queden tan cómodos.

Hacer malabares. Agradar al resto. Sonreír sin tantas ganas para alegrarle el corazón al otro. Respirar tres veces y volver a contar despacio. Ser paciente para esperar mi turno. Ser paciente para esperar eso que todavía no me toca. No me llega aún.

Disfrutar eso que no necesariamente elegí.

Dejar que el otro elija y decidir que tal vez eligió mejor.

Como puse en otro post, no siempre soy yo la que escribe mejor el guión.

Si lo dejo en manos de Dios, estoy segura que una vez más me va a sorprender!

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Lo cursi gana a lo cool

En una esquina Miss Cursi con toda su zalamería, sus ganas y colores pasteles.

En frente Señorita Cool : inmutable, fresca e indiferente. Nada le afecta, nada le toca y todo le resbala. Ella mira de soslayo la cursilería, con un poquito de burla y aire de superioridad.

Dígámos que ser cursi puede ser sinónimo de empalagoso, mal gusto o hasta falta de clase.

Ser cursi nos puede rebajar a un nivel menos intelectual y sofisticado.

Nos bullean, fastidian o por lo menos nos hacen caritas y se nos matan de risa.

Pero, si naciste para ser cursi mejor sostenerlo y exhibirlo sin tapujos.

Sabemos que ser cursi no tiene buena prensa y no siempre se exhibe con orgullo o desenfreno. Solapamos las ganas, el ímpetu y el arrebato.

Ser cursi se guarda en un cajón, en un closet o en el armario.

Yo saco la llave colgada en mi pecho y abro las puertas para dar pase a todo eso que me provoca y no tengo porque reprimir. Abro las puertas para dejar aflorar mi lado romántico, infantil y un tanto chillón. Mi lado escandaloso y a veces disforzado.

Ese sentimiento vintage que tengo por ahí tatuado con florecitas, corazones y perfumes de jazmín me sale a borbotones y me gusta compartir.

Y como dijo Bécquer

 Podrá nublarse el sol eternamente;

Podrá secarse en un instante el mar; 

Podrá romperse el eje de la tierra
Como un débil cristal.
¡todo sucederá! Podrá la muerte
Cubrirme con su fúnebre crespón;
Pero jamás en mí podrá apagarse
La llama de tu amor.

Y así, sin mucho más que decir y con el poema más lindo y cursi que pude conseguir les deseo amor y que aflore sin pena todo eso rosado, suave, florido y que a algunos- sin duda- les parecerá rochoso porque prefieren estar parados en la esquina de en frente y así sentirse mucho más cool.